El lugar vacilante de la escritura

EL MUELLE Por Paulina Vinderman-(Alción)-71 páginas-($ 13)
(0)
5 de octubre de 2003  

Lugar de partida y arribo, el muelle advierte el destino doble del viajero. Figura real o metafórica, anuda uno de sus extremos a tierra firme y el otro, a la posibilidad de un más allá, promesa o vaticinio de cumplimiento incierto. En El muelle la poeta Paulina Vinderman reclama para la escritura ese lugar ambiguo, vacilante, donde el punto de partida y el viaje son uno y el mismo. Dotado de una palpable unidad de sentido, el libro es un largo poema cuyo rastro es mucho más que la suma de sus partes.

"Cuando el otoño llegue va a empezar la novela", se anuncia, como augurio o deseo, al comienzo del texto. Ese verso va a repetirse idéntico o con alguna leve variación en otras partes del poema, a la manera de un testigo que está allí con su carga de verdad. Pero a poco de andar -como si un escepticismo esencial determinara la mano que escribe- Vinderman dice: "Habrá pequeñas anotaciones en los bordes de las hojas/ como si la vida interfiriera/ [...]/ como si la memoria recortara en papel glacé/ las indecisiones, la epopeya privada". En una época sin épica, la "epopeya privada" parece ser la única posible, aun a riesgo de desintegrarse en la paradoja de su propio enunciado: "privada" subraya no sólo lo más íntimo, también señala una elipsis, una carencia, la desposesión. Las metáforas del viaje, las descripciones de puertos, personas, hoteles, de ciudades sometidas a la corrosión, no tanto del tiempo como del desgaste que la memoria hace de los lugares y seres que conoció, urden la trama de una narración interrumpida, que se despliega a saltos, en el tiempo y el espacio, sin solución de continuidad.

Vinderman parece decirle al lector que ya no hay versos sencillos. Lo que queda es una fe en el lenguaje, suspendida. ¿Será esa desconfianza la que lleva a la poeta a insertar la excusa de la novela como tema del poema, como si el poema no se bastara a sí mismo para dar cuenta de ese algo que deber ser dicho? "Ah! Abandonarlo todo por una palabra insistente", dice sin embargo, como devolviendo la fe en la lengua. "Hemos perdido,/ y lo perdido tiene forma de viaje empecinado", afirma para confirmar una vez más con la metáfora del viaje que la materia frágil de que está hecho el poema es todo cuanto se tiene.

En el imaginario del texto no faltan las evocaciones del tiempo de la niñez: "el tintero involcable", "las tacitas de plata en la vajilla de infancia", "esa chica flaca con el palito en la tierra"o, como en el final conmovido del poema, "mis pies que intentan la belleza, con las/ zapatillas de danza, sobre una madera cansada". Pero evocar, para Vinderman, no es un mero ejercicio de melancolía, antes bien, es la sabia selección de materiales para la composición, o dicho con sus palabras, algo "que pueda dar una escenografía/ a la emoción crónica de la realidad distorsionada por el arte". Paulina Vinderman nació en Buenos Aires en 1944. Sus últimos libros son Escalera de incendio (1994) y Bulgaria (1998). El muelle obtuvo el Premio Régimen de Fomento a la Producción Literaria (2002), otorgado por el Fondo Nacional de las Artes.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios