La Aurora amanece como el paradigma del país olvidado

La crisis social en Santiago del Estero
Gustavo Carabajal
(0)
7 de octubre de 2003  

LA AURORA, Santiago del Estero.- Sin médico permanente, con el 90 por ciento de los hogares sin agua y donde la escuela constituye el único lugar que no tiene piso de tierra, con la planta potabilizadora inutilizada y la mayoría de sus habitantes sin documentos, este pueblo, de 1000 habitantes, situado a 45 kilómetros de la capital, parece un hito de la Argentina olvidada.

La única presencia del gobierno provincial la denuncian unos carteles que expresan loas a la gobernadora, Mercedes Aragonés de Juárez, y el escudo de la escuela.

"Hace veinte días vino el chofer del camión del agua y me dijo: "No te voy a dejar agua hasta que te pongas en la espalda y en el pecho dos escarapelas que digan Viva Nina o Nina y Juárez, un solo corazón ". Como nuestros votos no cuentan para los funcionarios, porque no tenemos los documentos, no nos traen agua. Tenemos que tomar agua de una acequia", relata, indignada, Yolanda Salto.

En pleno siglo XXI, los mil habitantes carecen de un elemento fundamental para vivir: agua potable. No se trata de un caso aislado en esta provincia. Según un relevamiento realizado por el Indec en 2001, el 83 por ciento de los 178.201 hogares santiagueños carecía de provisión de agua corriente en la vivienda.

"Acá el problema no es sólo que no tenemos agua corriente; tampoco tenemos agua de pozo. Sólo funciona una bomba en todo el pueblo y el agua tiene una gran cantidad de arsénico", agrega Norma Gómez.

A su lado, Milagros, de 11 años, balbucea, retuerce su cuerpo y sacude la cabeza. Cuando se detiene, las moscas se posan en sus labios. No las siente, debido a que la epilepsia le hizo perder sensibilidad en algunas partes del cuerpo. Su madre explicó que hace un mes y medio que no le suministran las pastillas para evitar las convulsiones. Según los vecinos, el médico visita La Aurora una vez por semana y atiende sólo a 13 pacientes. LA NACION intentó sin éxito comunicarse con funcionarios para hablar sobre este tema.

"Sólo tomo mate cocido"

"Tengo seis hijos, a los que no dejan entrar en el comedor escolar porque no gritamos Viva Nina Juárez . En julio funcionó un comedor, pero lo cerraron después de dos días. No tengo plata para comprar comida. Sólo tomo mate cocido. Como no tengo documentos, no me dan el subsidio por incapacidad. Para sacar el DNI me quieren cobrar 39 pesos de multa porque no hice la renovación de los 8 años. ¿Con qué plata voy a pagar si no tengo trabajo?", se pregunta Beatriz, mientras muestra el pozo vacío de su casa, donde deberían haberle dejado agua.

Nelson Coronel tiene nueve años y le hicieron un ano contra natura, pero su madre dice que no tiene plata para comprarle las bolsas de colostomía; entonces, las moscas y la tierra se juntan en la herida.

"Tengo una hija con fiebre y nunca me dieron ni un Geniol. En la sala de primeros auxilios no me ayudan porque siempre levanté la voz contra Nina Juárez", afirma Rosa Felisa Salto. Analía nació el 13 de junio último y murió un mes después. Los vecinos aseguran que la pequeña falleció porque su madre le dio de beber leche con agua de la acequia. Murió de bronconeumonía. Aunque no tenía certificado de nacimiento, le hicieron acta de defunción.

Sin documentos

"Acá hay muchos chicos que no tienen documento porque nacen en sus casas. Para obtener el certificado de nacimiento hay que ir hasta Clodomira, pero allí nos piden el acta de nacida viva que hacen los médicos. El único policía que tenemos en el pueblo se niega a hacer esos certificados y el médico viene una vez por semana", coincidieron Norma Gómez y María del Valle Cáceres.

Hasta 1993, los habitantes de La Aurora vivieron merced al ferrocarril. Era una de las estaciones del ramal C-40 de la ex línea Belgrano, que comunicaba San Miguel de Tucumán con el puerto de Barranqueras, en el Chaco. En la actualidad, del tren sólo quedaron el esqueleto de la estación y algunas vías. Casi todos los durmientes de quebracho fueron saqueados. Además, la mayoría de los 1000 habitantes no tiene trabajo.

La carencia de ingresos para comprar comida y la falta de agua se advierten en la mayoría de los chicos del pueblo. Tienen los huesos bien marcados, los rostros enjutos y erupciones en la piel. Darío, de 11 años, vive con su madre y sus hermanos en una casa con paredes de cartón, a dos kilómetros del pueblo. Nació inválido y como no camina no puede llegar hasta el comedor escolar.

"Nadie se acuerda de nosotros. No podemos llegar a la capital porque no tenemos transporte. No nos dan planes sociales porque no tenemos documentos y no tenemos documentos porque nos cobran para sacarlos, pero no podemos pagar porque no tenemos trabajo. El gobierno provincial parece habernos olvidado y condenado a muerte. Somos gente honesta y trabajadora, pero no tenemos dónde trabajar. Parece que nuestro único pecado es haber nacido acá", concluye Rosa Salto.

Indicadores

  • SANTIAGO DEL ESTERO (De un enviado especial).- Estudios de investigadores de la Universidad Nacional de Santiago del Estero revelan que el deterioro no es casualidad y que esta realidad está reflejada en diversos indicadores económicos. Según el Indec, el 86 por ciento de la población económicamente activa de la provincia trabaja para el Estado. El índice de participación en la producción agregada de bienes y servicios del país no alcanza el 0,8 por ciento. Además, más del 60% de los 810.000 habitantes tienen serios problemas para acceder a la educación pública y a lo sumo terminan el nivel primario.
  • Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?