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De Galicia, al mítico mundo de los celtas

Mauro Apicella
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8 de octubre de 2003  

Recital del flautista y gaitero Carlos Núñez. Presentación del disco "Almas de Fisterra". Con Xurxo Núñez (batería, percusión y piano), Pancho Alvarez (bouzouki y coros), Begoña Riobó (violín, voz y pandereta). El sábado, en el Auditorio de Belgrano.

Nuestra opinión: muy bueno

Puede convertirse en una especie de flautista de Hamelin que fascina a quienes escuchan sus melodías repetitivas e hipnóticas. También parece el mago Merlín que dará consejos a jóvenes músicos argentinos, potenciales "Arturos" de la gaita. Por momentos, tomará el papel de apasionado narrador de historias y demagogo orador. "Tocar la polca de Saint Patrick aquí es mejor que en París", dijo durante su segundo concierto en Buenos Aires. (¿A cuántos les dirá lo mismo?)

Carlos Núñez tiene un poco de todo eso detrás del virtuosismo como instrumentista y de su temperamento extravertido. Es de los que completan la lista de temas para cada concierto cinco minutos antes de subir al escenario, pero sabe muy bien qué quiere lograr con su espectáculo, más allá de que alguna pieza que elija para una función pueda ser reemplazada por otra en la del día siguiente.

A cuatro años de su última presentación en Buenos Aires, el músico de Vigo llegó acompañado por un trío que ofrece una buena síntesis del universo sonoro integrado en su propuesta. Su hermano Xurxo aporta el potente combustible rítmico de los tambores. Pancho Alvarez -su viejo compañero de rutas musicales- rasguea y arpegia las cuerdas que provocan en la imaginación del oyente fantasías medievales. Begoña Riobó pasea por las escalas imperativas del violín con movimientos cortos del arco. Habrá quienes los relacionen con paisajes de territorios celtas; habrá otros, recién llegados a la música de estos artistas, que reconozcan parentescos con el bluegrass de Kentucky.

Convidar al público de Buenos Aires con algunas piezas de su último CD es para Núñez el motivo principal que lo trajo una vez más a la Argentina (exponer melodías recogidas en Bretaña o inspiradas por la música de los bretones). Pero no el único.

Sobre el escenario cumple la labor de entretener con su virtuosismo extravertido de melodías de otros tiempos y toques pop. Sus cualidades de showman se ponen a la par de la musicalidad y a veces la superan. Porque la puesta en escena juega aquí un papel importante. Que su hermano se pare al frente del escenario para percutir un banquito de madera no es más que un recurso efectista.

Luego Carlos impone el clima festivo con el taconeo que marca el pulso de las "Danzas macabras", muiñeiras, pasodobles y marchas irlandesas. Y en otro bloque de su concierto deja de lado esa estridencia para concentrarse en la variedad de matices.

Voces, panderetas y gaitas

El Merlín consejero tiene un nutrido grupo de seguidores que son invitados a compartir el repertorio. Argentinas con voces y panderetas que defienden las tradiciones gallegas traídas por padres y abuelos. O un seleccionado intercéltico de 12 gaitas (de los grupos SAPA, Sete Netos, Vedra y Os Furafoles) que desfilan con una marcha majestuosa por los pasillos del auditorio hasta copar el escenario. Allí se encuentran con el protagonista de la noche para sumar un vendaval épico a los compases pop de "El otro Finisterre".

El Núñez que se convierte en flautista de Hamelin es el que invita al público con una alegre danza. Muy pronto se ve a 50 personas que recorren el escenario en un trencito zigzagueante. Y a otras mil en la platea para las que las butacas de la sala son un verdadero estorbo.

Núñez pone su talento al servicio de una magnífica fiesta popular. Quizás lo mejor de esto es la facilidad con la que se puede acceder. Es para todo público. No hay ningún portero que solicite fotocopias de las partidas de nacimiento de abuelos gallegos, irlandeses, escoceses o bretones.

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