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Demasiado poco

En su debut en el Mundial, los Pumas cayeron ante Australia 24 a 8; para soñar con un triunfo ante los locales y campeones del mundo necesitaban dar lo mejor de sí mismos y algo más, pero los hombres de Loffreda fallaron en casi todos los aspectos del juego
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11 de octubre de 2003  

SYDNEY.- No es difícil reconocer el porqué a los Pumas no les fue bien. Existía una condición insalvable para tan siquiera tener algún porcentaje de posibilidades en el debut mundialista frente a los defensores del título: exhibir en el campo toda la artillería de atributos y no dejar resquicios para que el rival tome vuelo. No hacía falta dominar, porque se sabe que los Wallabies son superiores, pero los objetivos primarios tenían que ser alcanzados, porque sin calidad de posesión de pelota, sin fuentes de obtención seguras, se hace imposible intentar progresar, hacer algo. No funcionó el scrum (Australia robó uno), el line sigue siendo un drama (se perdieron 5 lanzamientos y hubo cuatro torcidos) y en los rucks no se prevaleció como para hacer retroceder a la oposición.

Sin consistencia en la etapa de gestación, cualquier pretensión de crear queda reducida a la mínima expresión. Para colmo, la defensa australiana se plantó como una muralla, entonces el desgaste de ir al choque constantemente no aportó nada. Incluso, en la confrontación física, la diferencia es significativa. En algunos avances, por ejemplo, con frecuencia de fases, los jugadores terminaban amontonados y forcejeando en un reagrupamiento.

La selección argentina nunca se encontró con su juego, no tuvo a mano un elemento confiable al cual afirmarse y explotarlo. Puro coraje, tackle y guapeza para ir al frente, pero esos argumentos -si bien son valiosos- no resultan suficientes para comprometer a un adversario de la calidad de los aussies. Encima, Felipe Contepomi no anduvo certero con sus envíos a los palos. Otro tema en contra.

¿Resultado? Inapelable derrota por 24-8, cuando en realidad, en ciertos pasajes del primer tiempo parecía que se venía un vendaval.

No habían pasado muchos minutos del kick-off de Elton Flatley (Nº12) que ya se notaron las primeras insinuaciones. Australia imponía su potencia con el incontenible octavo David Lyons (su cambio de paso antes del contacto dejó clavado a más de un Puma), la admirable destreza para mover la pelota y la electrizante velocidad de sus corredores: el moreno Wendell Sailor (¿el Nº 14 es el sucesor del neozelandés Jonah Lomu?) y Joe Roff.

Durante gran parte del período inicial, los locales se movieron a piacere de un extremo a otro, cambiando el ritmo de las acciones, pero con un sello distintivo: siempre acelerando en cada metro. La fórmula era perfecta: rompían los forwards, liberación veloz hacia afuera y Larkham le inyectaba dinamismo a la ofensiva. Pases largos sobre la línea de tackle, con un traslado certero -similar a disparos- y volando sobre el césped. Ese despliegue era imposible contener para los argentinos semejante despliegue. La otra característica fue la rotación de posiciones de los backs, con Flatley ubicado como un apertura pasador y Larkham, el verdadero N° 10, flotando para distribuir el balón e intentar provocar espacios para las intervenciones de Rogers, Burke o los wines.

Los Pumas, limitados en sus alternativas, lo único que les permitía ganar terreno eran los kicks, pero ceder la posesión es peligrosísimo. Otra de las adversidades fue haber perdido a un hombre, por la amonestación a Manuel Contepomi -tackleó en el aire a Rogers- y en esos diez minutos hubo que apretar los dientes para que la diferencia numérica no se note. Por suerte, los aussies no marcaron puntos en ese lapso por el buen despliegue defensivo de los argentinos. Pero una vez más, había que remontar una situación. Y eso consume mucha energía, que después se notó en la falta de lucidez.

Las complicaciones no se solucionaron del todo, a pesar de que durante casi una veintena de minutos los Pumas redujeron la diferencia (8-17) con el muy buen try de Corleto (avance en frecuencias agrupadas y definición por el sector izquierdo), pero inmediatamente respondieron los vencedores con una electrizante corrida en diagonal de Roff -habilitación de Giteau por la espalda de Burke-, para pulverizar la idea-consuelo del punto bonus. La Argentina se fue del Telstra Stadium sin nada. Queda la obligación de resurgir para mantener viva la esperanza.

  • Récord de asistencia

    El Telstra Stadium estuvo ocupado por 81.350 personas, cifra que se convirtió enel récord de asistencia a un cotejo de la historia de la Copa del Mundo. Para tener una referencia, en 1987, en el Concorde Oval, de esta ciudad, se realizó la semifinal entre Francia y Australia ante 17.000 espectadores.
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