Tras los disensos, Buenos Aires marcará la era de los consensos

Joaquín Morales Solá
Kirchner y Lula profundizarán la relación bilateral y avanzarán en el Mercosur
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16 de octubre de 2003  

Las discordias -que no son muchas, pero podrían ser permanentes- serán apartadas durante un día. Los presidentes Lula Inacio da Silva y Néstor Kirchner profundizarán hoy, durante la primera visita de Estado de un mandatario de Brasil desde 1996, la relación bilateral, estrecharán los lazos del Mercosur y darán un mensaje al mundo de dos de los nuevos líderes progresistas de América latina.

Firmarán el Consenso de Buenos Aires. ¿Será, como se dijo, una refutación al Consenso de Washington, que a principios de la década del 90 marcó desde Estados Unidos las políticas de la América hispana?

Ellos mismos reconocen que, a veces, hay sólo un paso entre lo sublime y lo ridículo. El Consenso de Washington ha perdido vigencia hace mucho tiempo y su propio autor, un académico norteamericano, acaba de aceptar públicamente que sólo una sustancial modificación de su texto original podría resucitarlo. Mucho antes, el propio presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, lo sepultó en una visita a Brasil: "El Consenso de Washington ha muerto", dijo.

La refutación, si fuera así, no sólo sería tardía, sino inútil. El acuerdo de Buenos Aires se cifrará entonces en la descripción de lo que sería bueno agregarle a una nueva era: la revalorización del rol del Estado como árbitro de las contradicciones sociales, la importancia de las políticas públicas para llevar equidad allí donde no llegó, la necesidad de que las enormes deudas externas no terminen asfixiando a los países deudores, la democracia como una conquista ya inalterable de América latina y la reivindicación del multilateralismo para recobrar la paz y el equilibrio en el mundo.

Es posible que en muchos trazos del documento sólo se deslicen expresiones de anhelos más que caminos concretos para alcanzar nuevas metas de progreso. Pero, ¿cómo concretar políticas precisas cuando sus autores aspiran que el pergamino sea firmado por otros países?

* * *

Ya Brasilia y Buenos Aires disintieron hace poco en la conducción de los asuntos económicos. Puede ser que Kirchner haya sentido el cosquilleo de la competencia cuando Lula no lo llamó en las oscilantes horas previas al acuerdo firmado entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional. Pero Lula no estaba compitiendo; simplemente creía que su colega argentino no estaba haciendo las cosas como debía hacerlas cuando decidió entrar en default con el FMI durante 48 horas.

Para Lula, el default no es un asunto desdeñable. Arriesgó hasta su capital político personal, en un esfuerzo fiscal sin precedentes, para alejar a su país del temor de los acreedores de cualquier repudio de la deuda brasileña. Congraciarse con el default de un amigo podría haber extendido la sospecha del contagio. Kirchner no lo ha entendido hasta ahora, aun después de la cálida reunión entre ellos en Nueva York.

Los asuntos políticos del Mercosur serán, tal vez, los acuerdos más importantes de hoy. Lula llegará con una noticia bajo el brazo: el Senado de su país aprobó el pacto de la coalición que creó una instancia supranacional para la resolución de los diferendos en el Mercosur. Esa es una vieja propuesta argentina que Brasil rechazó durante muchos años. Si bien falta aún la aprobación de la Cámara baja de Brasil, la vigencia de ese acuerdo crucial está ahora muy cerca.

Otros dos pactos serán importantes. Uno referirá a la instrumentación urgente de los acuerdos que no necesitan aprobación parlamentaria en los dos países, una especie de "vía rápida" del Mercosur. El segundo aludirá a la complementación macroeconómica entre los dos países para atemperar los efectos negativos que una crisis produce en el otro.

Esta última parte de los acuerdos de hoy, la complementación de las economías de largo plazo, es también un puente tendido hacia otro proyecto largamente anhelado: la moneda común del Mercosur. Toda esperanza tiene sus límites: la moneda común le llevó 50 años a Europa, aunque esta experiencia, la primera en la historia de la humanidad, podría servirle para apurar los tiempos a la coalición del sur de América.

El acuerdo político más iridiscente será, sin duda, el que se vinculará con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Argentina no suscribirá la ambición de Brasil de poseer un sillón permanente en el organismo y tal vez no lo haga nunca. Brasil descuenta que no contará con ese apoyo.

Pero ambos países anunciarán que han coincidido en instrumentar políticas comunes cuando a ambos les toque, si es que consiguen los votos necesarios, integrar por separado el Consejo de Seguridad como miembros no permanentes durante los períodos 2004-2006. Es decir, tanto Brasil como la Argentina expresarán una política común de ambos países cuando uno esté -y el otro no- en el Consejo (sobre lo que se informa por separado).

Esta fue una idea del subsecretario de Política Latinoamericana, Eduardo Sguiglia, valorizada en el acto por el canciller Rafael Bielsa. Brasil no podía rechazar esa iniciativa si aspira a ocupar un sillón permanente en el organismo en representación de América latina.

* * *

Mañana, Lula y Kirchner irán a El Calafate en un viaje en avión que durará tres horas. Los diplomáticos suelen decir que en esa clase de encuentros se cocinan más cosas que en años de diplomacia. Algo le faltaría a la cumbre de Buenos Aires y El Calafate si no hubiera una iniciativa concreta para destrabar la crisis encarnizada y agónica de Bolivia.

Brasil y la Argentina son los países que más han influido, a lo largo de la historia, en el pobre país del altiplano. La peor noticia sería que ambos volvieran a competir para llegar primero, y con la más llamativa solución, mientras Bolivia se desangra.

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