Eduardo Marty: "Los chicos no alimentan el cerebro"

El director general de Junior Achievement Argentina, una fundación que se dedica a inculcar a los jóvenes el valor de emprender, afirma que en el país se enseña con métodos del siglo XIX y sin potenciar individualidades
Lorena Oliva
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9 de noviembre de 2003  

Uno percibe que está en el despacho de Eduardo Marty por las fotografías, los diplomas y la colección de premios que Junior Achievement ha ido recibiendo en el transcurso de su actividad en el país. Fuera de eso, la oficina del director general de la fundación no se distingue demasiado del resto. Curiosamente, Marty parece avergonzarse de ese detalle, que bien podría interpretarse como el estilo de una organización en la que la distinción de jerarquías no es, precisamente, lo más importante. La labor educativa de la fundación que dirige está orientada hacia la transmisión de valores en niños y jóvenes pues, a su entender, la poca visión de futuro que parece imperar entre las nuevas generaciones es producto, más que de la grave crisis social, del colapso del sistema educativo.

-La fundación lleva poco más de diez años trabajando en escuelas. A la luz de esa experiencia, ¿cuánto se ha acentuado la crisis del sistema educativo en ese período?

-Mi impresión es que hace diez años la cosa ya no andaba muy bien. Y me parece que es un problema que viene desde hace muchos años. Lo que pasa es que los síntomas de agotamiento del sistema se van acentuando. Eso produce mayor desgaste que, indudablemente, se vuelca en los chicos.

-¿En qué medida?

Hoy los chicos están desmotivados porque tienen muy poco estímulo del sistema educativo. No les divierte ir a clase: aprenden poco, con profesores mal pagos, en un sistema en el que, en general, la parte edilicia está completamente descuidada... No hay innovación, no hay motivación. Los programas del Ministerio de Educación han tenido muy pocas modificaciones en los últimos cien años. En general, los métodos siguen siendo los mismos: es un pizarrón y una tiza.

-¿Usted piensa que la aplicación de la Ley Federal de Educación no contribuyó al mejoramiento del sistema?

-En alguna medida sí, pero fue mínimo. La estructura sigue siendo la misma. Lo que requiere el sistema educativo, más que cualquier otra cosa, es adaptación a la diversidad. Todos somos diferentes. Todo lo que implica el sistema de aprendizaje tiene que ajustarse a las diferentes individualidades. Pretender trabajar con métodos taylorianos del siglo XIX es nefasto. Lo que estamos haciendo es aplicar el viejo método industrial de producción masiva, de producción de mentes masivas y en masa.

-Pero este sistema parece haber funcionado durante mucho tiempo. ¿Cuándo empieza a cobrar peso la necesidad de valorar la individualidad?

-Yo creo que fue parte del mismo proceso argentino. Eso no quiere decir que la Argentina no haya hecho un esfuerzo fenomenal para, de alguna manera, homogeneizar a la sociedad argentina, a las distintas culturas que se incorporaron a principios de siglo. Pero ese proceso ya pasó. Dentro de un esquema como el que tenemos es necesario descentralizar, darle más poder a los directores de los colegios para que tomen decisiones, para que puedan elegir a los docentes aptos y descartar a aquellos que no cumplen sus funciones, para que puedan innovar en contenido. De lo contrario es muy, pero muy difícil.

-¿Cree que esto también ocurre en los colegios privados?

-Hoy los colegios privados no son tales porque tienen que cumplir con las normas emanadas por el Ministerio de Educación, lo que implica la obligatoriedad de ciertos contenidos y programas. Les quedan pocas horas para innovar en otras áreas. De manera que son una extensión, un apéndice de la educación del Estado. Hay muchas innovaciones en el mundo que se están probando de manera masiva y que aquí no han llegado.

-Pero, teniendo en cuenta el estado actual del sistema educativo, ¿usted cree que dichas innovaciones podrían aplicarse aquí de manera masiva? ¿No correríamos el riesgo de que acabaran convirtiéndose en un privilegio para pocos?

-Yo creo que hoy la educación es privilegio de pocos. Hoy tenemos procesos de deserción escolar masivos. Fíjese quiénes entran en las universidades y quiénes terminan. Quiénes terminan el colegio secundario. En general quienes terminan la carrera universitaria tienen los medios para hacerlo. Es muy difícil que accedan personas de muy pocos recursos.

-¿Por qué ocurre eso?

-Hay varios motivos. Está tan poco integrado el sistema educativo con la marcha del sistema productivo del país que, en general, no se ve una clara relación entre una mayor educación y un mayor progreso económico o en tu vida en general. Entonces aparece la desmotivación. Es evidente que quienes logran terminar la carrera universitaria tienen probablemente mayores chances de tener un mejor futuro. Pero el esfuerzo es muy grande y el costo también.

-¿En qué medida la crisis o el problema del desempleo contribuyen a ello?

-Hay mucha relación entre la crisis y el desempleo y el problema educativo. Pero si se posibilitara una mayor oferta educativa y se pasara la libertad de elegir al padre, y no al sistema, entonces eso podría provocar un cambio general de actitud. Que el sistema se interese por lo que es importante para mi vida como padre o como alumno y no que lo decida un señor sentado en un escritorio.

-Pero en un momento como éste, en el que se dice que la sociedad está vacía de valores, ¿cree que sería posible que el grueso de los padres se involucrase de una manera tan activa en la educación de sus hijos?

-La sociedad está vacía de valores. Pero el sistema educativo tiene un rol importantísimo en eso. Es lo que emana de los sistemas educativos no sólo en la Argentina. En América latina, por ejemplo, existe la idea de la riqueza fija, que existen cantidades fijas de riqueza y que uno gana dinero a expensas de quien lo pierde. Entonces, de cualquier persona que tiene éxito en las sociedades actuales, se sospecha que hizo algo incorrecto. O incluso, desde el punto de vista moral, está condenada, porque se supone que lo está haciendo a expensas de otros. Si se le da confianza a un chico, si se le muestra el universo como un lugar digno en el cual pueda vivir, automáticamente nace el respeto. Nace el respeto por la vida y por los demás. Muchos economistas lo llaman el proceso de seducción: vos me hacés sentir bien, yo te hago sentir bien. Pero eso no se inculca en la escuela. Si usted no afirma estos valores, en general el chico se queda con la idea de que vive en una selva y de que la manera de progresar es a expensas de los demás. De allí el auge del delito, de allí la persona con el sombrerito pidiendo. El desvergonzado criterio de decir: "dame".

-Usted dice que la sociedad está vacía de valores. ¿Qué pasa con los jóvenes, puntualmente?

-Los chicos dicen: "vivimos en un mundo incognoscible, demasiado complejo". Relativizan la ética de acuerdo con las circunstancias. Como no confían en su mente, no les interesa la lectura, no encuentran el sentido de alimentar el cerebro. En un alto porcentaje, creen en la impotencia de la mente. Obviamente, cuanto más desfavorable es el contexto, más difícil es la lucha; se necesita más fortaleza interna, mayor autoestima. Ahí es donde los problemas se agravan.

-Debe de ser complicado, entonces, inculcarles actitudes como el emprendimiento...

-En un contexto en el que nos están diciendo que los logros no son posibles y en el que incluso el éxito está mal visto es poco el entusiasmo general. Los chicos se apabullan, no tienen ganas de salir adelante, ¿para exponerse, para ser perseguidos, para ser mal vistos? Uno ve cómo responden ante la menor oportunidad o puerta que se abre. No es que nuestros chicos no sean emprendedores, nuestros chicos son inteligentísimos, tienen toda la capacidad, pero no se van a meter si no ven alguna hendija, alguna luz que los estimule.

-La fundación destaca muchos términos habitualmente vinculados a la economía o a la administración de empresas y los aplica a la vida o a la construcción del futuro de niños y jóvenes. ¿Existen analogías entre un campo y otro?

-Básicamente, la actividad empresarial es actividad contractual. Nos relacionamos contractualmente, valor por valor. Cuando yo busco ser productivo para alimentarme y para alcanzar los bienes materiales y espirituales y desarrollar la vida que quiero, debo hacerlo de manera contractual. En el contexto educativo todo esto es aplicable. Están ambos mundos integrados. Por un lado, el mundo de la producción y de los servicios, el mundo económico. Cuando los chicos están accediendo a una educación, están accediendo a ella para desarrollar todas sus habilidades futuras y, obviamente, eso se desarrolla en el mundo laboral, directa o indirectamente.

-Los programas de la fundación se aplican en las escuelas y colegios, pero la deserción escolar es un tema más que preocupante. ¿Qué visión tienen al respecto?

-Tenemos un curso especialmente dedicado al tema de la deserción en el que desarrollamos las ventajas de permanecer en la escuela. Es un curso corto que tratamos de insertar en la currícula. El tema que se plantea es cómo convencer a los chicos de que manejar las neuritas más chiquitas del cerebro les va a reportar beneficio. En un contexto en el que los chicos no tienen muy en claro los beneficios de la educación por el anquilosamiento del sistema, es complejo. Obviamente, sigue siendo positivo que los chicos terminen la secundaria y realicen una carrera universitaria.

-¿Qué papel juega el contexto familiar, sobre todo cuando es adverso, en todo esto?

-Cuando a un chico se le dice "vos podés", hay que darle razones. En la casa tal vez el contexto sea difícil, pero si se le dice eso se abre la posibilidad de la discusión de muchos de estos temas y empiezan a ver alternativas. Hay gente que ha obtenido logros, aun dentro de este contexto. ¿Cómo ha hecho? Intentamos que los chicos aprendan a identificarse con gente de éxito, sana. Cambiar el sistema está en el propio interés de los chicos y se lo repetimos. Dentro de nuestro modesto aporte, lo que intentamos explicar es la importancia de la participación. En ese sentido, incluso para un mejor desarrollo de sus propios proyectos, intentamos explicarles la importancia de que cambie un poco el contexto y se esfuercen también por ello. Algunos lo hacen con mayor vocación. En general, la gente está muy metida en sí misma, pero el mensaje se lo transmitimos. También se lo decimos a las empresas que colaboran con nosotros. Trabajar en contextos en los que la gente no comprende el funcionamiento del sistema puede implicar la destrucción del mismo sistema en el que invierten.

El perfil

Contador público

Eduardo Marty es contador público egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Aunque su trayectoria está íntimamente vinculada con la labor empresaria, también se ha desempeñado como profesor en diferentes instituciones locales y extranjeras.

Experiencia internacional

Es el fundador y actual director general de Junior Achievement Argentina, integrante de la fundación educativa nacida en Estados Unidos en 1919, con sedes en más de cien países. Marty ha participado en la planificación, organización y puesta en marcha de las filiales en Paraguay, Chile, Brasil, Colombia y Bolivia.

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