Soledad, en continua búsqueda

Pasado mañana, la intérprete de Arequito lanzará su álbum "Adonde vayas"
Mauro Apicella
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16 de noviembre de 2003  

Pasado mañana, Soledad Pastorutti estrenará un disco que, si no es el mejor de su carrera, al menos tiene varios temas que la muestran como una cantante diferente de lo que hasta ahora se conoce de ella.

Aquí hay unas cuantas canciones para destacar y otras que mantienen ritmos híbridos (como los que plasmó a partir de "Yo sí quiero a mi país", aquella placa grabada en Miami a las órdenes de Emilio Estefan).

Se podría decir que este CD fue hecho "en casa", a pesar de que tiene poco que ver con aquella grabación artesanal en cassette que recorrió peñas coscoínas hace casi diez años, en la época en que César Isella apostó a su carisma y la apadrinó.

"Adonde vayas" es, por supuesto, una grabación profesional. Pero se diferencia de las anteriores en que muchos de los temas fueron compuestos por Soledad. Incluso, uno fue escrito en coautoría con su novio, Jeremías.

La intérprete de Arequito también se encargó por primera vez de la producción artística. Grabó en Buenos Aires y mezcló en Los Angeles junto a Pablo Santos, un músico que forma parte de su banda desde hace varios años. Con esta sociedad, en la que asume cuanto menos el cincuenta por ciento de la responsabilidad del producto terminado, vuelve a repetir fórmulas, pero también obtiene beneficios, especialmente artísticos.

Es un disco ecléctico. Parece contener lo que Soledad necesita para su carrera (esta canción para sonar "gauchita" y chauvinista, aquella para su público fiel, la siguiente para cualquier audiencia hispanohablante). Y probablemente haya algunas canciones que incluyó sólo por el gusto de cantarlas, que son, sin duda, las que mejor suenan. Una de éstas debe ser la que da título y abre la placa.

Por tantos caminos

En el segundo track llega "Tambores del Sur", que tiene la firma de Marcela Morelo y suena a otras obras de esta autora. Recién con las primeras estrofas del tercero, "Mal de amores", se escuchan fraseos de discos anteriores y el leve color disfónico del timbre de su voz.

"Luz de amor" tiene vueltas melódicas a lo Carabajal y arreglos que parecen hechos para lucir a la cantante. Pero como si esto fuera un disco compilado de artistas varios, del criollito "Luz de amor" pasa a la pista siguiente con un tema propio, "Mi verdad", decorado con una guitarra flamenca.

"Luces para mí", en coautoría con su hermana Natalia, es un carnaval-pop: "Ese delirio tuyo que me conmueve/ cómplices las miradas para hablarnos sin decir (...) estar siempre aquí a mi lado/ cuando canto para ti", entonarán en español neutro como agradecimiento a quienes las siguen .

"El tiempo pasa" titula una balada; "Mi sueño mejor", una declaración en pulso sayero-cuartetero, y "Por donde va el amor" vuelve al ritmo machacado por un charango, en compañía de coros y un acordeón que alguna vez pudo haber sonado en un vallenato. Más tarde llegarán el abolerado "Si tú no estás" y el candombero-salsero "Todo el mundo tiene algo que decir", aggiornado con sección de vientos. Y para no traicionar a este repertorio variopinto la despedida es con una zamba.

"Adonde vayas" confirma algo que comenzó a tomar fuerza en las placas anteriores: excepto cuando se mete con amores y desengaños del corazón, Soledad busca (y ahora escribe) letras con un ánimo entusiasta. Las palabras sencillas y la candidez del mensaje son lo más homogéneo que sale de su voz, aun cuando en un tema hable "en argentino" y en el siguiente en español neutro.

En cambio, las músicas tantas veces transmiten la estética híbrida por la que han pasado muchos artistas que comenzaron cantando zambas y chacareras (o tantos otros estilos del folklore argentino) y luego tomaron otros rumbos. Ese tránsito delata lo que se quiere abarcar, lo que se toma, lo poco que se quiere dejar atrás, lo que se intenta conciliar. Lo que resulta de la mezcla de un poco de esto y otro poco de aquello.

"No se puede correr en dos direcciones/ mezclando sin saberlo varias razones/ (...) camina lento que aquí nadie te apura/ esto es una cornisa y hay mucha altura", canta Soledad para hablar de amores. Pero si esas frases se toman prestadas para estas líneas pueden servir para referirse a todo el disco.

Hay direcciones (muchas más que dos) porque quizá debe haber razones que lo demanden. "Luces para mí" habla de quien siempre la escucha. "Para mi pueblo argentino" puede ser una expresión (¿necesaria?) de argentinidad.

La otra cara de esto es ese puñado de canciones que se destacan como lo mejor del disco y de lo que Soledad ha grabado hasta ahora. Porque con éstas no se queda a mitad de camino. Lo primero que busca, encuentra, y finalmente privilegia es el lenguaje musical y la postura vocal.

Canta una chacarera porque es un idioma que conoce, pasea por la sensualidad del bolero, siente que el charango no es necesario si se deja llevar (en la balada "El tiempo pasa") por la sonoridad de una guitarra con cuerdas de acero y teclados estilo Hammond. Se entusiasma con un tema que escuchó en un disco del grupo mexicano Elefante porque está convencida de que puede tener en su voz una buena versión. Y la tiene.

Adonde vayas

Soledad

Adonde vayas, Tambores del Sur, Mal de amores, Luz de amor, Mi verdad, Para mi pueblo argentino, Luces para mí, El tiempo pasa, Por donde va el amor, Mi sueño mejor, Si tú no estás, Todo el mundo tiene algo que decir, Zamba de usted (Sony).

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