Suscriptor digital

"Campeones": final abierto

La tira terminó dejando todo servido para una posible secuela
Marcelo Stiletano
(0)
4 de marzo de 2001  

La palabra fin apareció en la pantalla de Canal 13 colocada en grandes letras blancas sobre un fondo negro. Tras ella llegó una placa con el agradecimiento para el plantel que logró sostener, a lo largo de un buen tiempo, el éxito del programa. Pero a la postre todo resultó tan aparente como la vestimenta y los modos de algunos de los personajes de la tira. Anteanoche, "Campeones" concluyó abriendo la puerta para una posible secuela, después de conservar un rating promedio de 20 puntos, cifra extraordinaria para un programa diario en estos tiempos de bajísimo encendido.

En consecuencia, conforme la historia se cerraba se iban abriendo una serie de especulaciones. Guido Guevara (Osvaldo Laport), tras derrotar en "la pelea final" a su hermano Ray (Federico D´Elía), rompe su promesa de colgar los guantes y sueña con un regreso al ring. El pugilista disfruta de su amor declarado hacia Clarita (Soledad Silveyra), pero está pendiente el nacimiento del hijo que espera con Azucena (Virginia Innocenti), quien dejó en claro antes de irse a Córdoba que también está dispuesta a dar pelea, en este caso, por sus afectos.

Paralelamente, Valentín (Mariano Martínez) y Camila (Laura Azcurra), también embarazada, resuelven el casamiento, pero pende sobre ellos la amenaza de Griselda (Celina Font), una psicópata obsesionada con aquél, que en el cierre aparece internada en un instituto psiquiátrico, pero a quien no le costará escaparse y volver a las andadas, como se insinuó varias veces en los últimos días. El resto de los protagonistas se asoció en un brindis, pero para cada uno de ellos los guionistas Gustavo Barrios y Diana Segovia pensaron la apertura de caminos nuevos, que podrían consolidarse en una eventual continuación. Tampoco puede desecharse que estas especulaciones, debido a que Laport y Silveyra ya están considerando nuevos horizontes laborales, queden sólo en la figura de final abierto para la culminación de "Campeones", pero lo definitivo es que, después de mucho tiempo, una tira televisiva no se clausura de modo concluyente. Por eso, es posible que por algún tiempo más todavía se sigan comentando posibles derivaciones entre el público que siguió con atención esta historia de perdedores que encontraron revancha sobre un cuadrilátero.

La explicación de la fidelidad de los televidentes hacia "Campeones" hay que buscarla en el hecho de que el programa logró llegar más lejos que ningún otro producto de Pol-Ka en la elección del barrio como escenario formal y simbólico para sus proyectos de ficción más ambiciosos. De las historias costumbristas con que la productora de Adrián Suar logró renovar el perfil de la ficción televisiva en el horario central, ésta fue la más consecuente con su origen, después de haber dado algunos tumbos en el comienzo.

Y, en vez de transformar ese punto de partida en otra cosa bien distinta y confusa (como ocurrió con "Gasoleros"), eligió profundizarlo en más de una dirección, alternando el toque de sincera autenticidad que aportaron Silveyra, Catalina Speroni o Juan Carlos Calabró (sin duda, uno de los pilares del relato) con la calculada exageración en la pintura de los personajes encarnados por Betiana Blum, Osvaldo Santoro y Celina Font, cuya villana de trazos gruesos y mirada perversa logró con holgura el efecto dramático buscado.

No menos acentuados fueron los rasgos del Guido Guevara que Laport interpretó a partir de gestos primitivos machaconamente repetidos y cierta reiteración de movimientos. Pero, por encima de todo esto, lo que apareció en él fue una imponente presencia física, una dignidad a toda prueba y el uso de una serie de modismos (como hablar todo el tiempo en tercera persona) que enseguida prendieron en el público y sacaron a Guevara de los límites televisivos, convirtiéndolo en un personaje de la calle, que se instala en el imaginario colectivo, en las charlas de café y en las bromas circunstanciales. No es un logro menor.

A pesar de las deficiencias

Pareció que la rigidez de algunos personajes secundarios, el escaso espesor del costado humorístico del relato (a cargo del entusiasta "Vasquito" Carlos Belloso) y algunos estiramientos narrativos provocados por la necesidad podían llegar a descompensar los ejes centrales del relato. Hubo momentos en que estas deficiencias se notaron, pero también saltaba a la vista que las cosas volvían a equilibrarse gracias al vigor de algunas escenas rodadas en el gimnasio, al oficio de los intérpretes más consumados y a la buena química que Laport lograba con sus partenaires.

La sangrienta pelea final fue coherente con el rumbo elegido en el retrato de varios personajes. Más que buscar coherencia con los códigos boxísticos, fue el camino deliberadamente utilizado para el desenlace que la mayoría de los espectadores deseaban. Y, sobre todo, para terminar de consolidar como héroes de ficción a algunos de los protagonistas de esta historia, verdaderos campeones del rating en estos tiempos televisivos de tantas vacas flacas.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?