El bajo de Willy González

Mauro Apicella
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22 de noviembre de 2003  

Recital de Willy González Trío. Presentación del disco "Verse negro". Con Willy González (bajo), Pepe Luna (guitarra) y Mario Gusso (batería y percusión). El martes último, en el Teatro Presidente Alvear.

Nuestra opinión: bueno

Desde que el bajista Willy González comenzó a trabajar sobre las músicas del folklore latinoamericano no ha vuelto sobre sus pasos. Siempre fue hacia adelante, y con firmeza. Quizá porque "Verse negro" parece el mejor disco de su producción solista en estos terrenos.

El último martes presentó oficialmente el material en trío durante un concierto que tuvo, como toda presentación en vivo, ciertas diferencias con lo registrado en estudio. Porque para escuchar exactamente lo que suena en el CD, encima en un día tan lluvioso como aquél, habría sido mejor sentarse frente al equipo de música de casa.

Además de la polenta que tienen las actuaciones en vivo y la soltura de los músicos sobre el escenario, hubo otras diferencias más sutiles. Si en el CD plasma una labor grupal predominante con algunos momentos solistas para todos los intérpretes, el show reflejó lo que allí se registró, pero también muchos pasajes en los que el bajista hizo valer su condición de líder del modo más extravertido. Así fue como González tomó varias veces la iniciativa para hacer sonar su bajo en primer plano y destacar melodías y solos que no siempre generaron el mismo efecto.

En algo se parece la música al fútbol: no es necesario imponerse como goleador para ser el capitán del equipo. Y para una posición como la que eligió este músico, es mucho más conveniente, aunque no menos complejo, armar un buen juego que recibir el pase para conectar la pelota con el arco. En algunos intentos de lucimiento solista no pudo evitar las cataratas de notas ni el apabullamiento sonoro del registro grave. Porque un concierto no es un disco, y porque el instrumento de este músico, por más que tenga seis cuerdas, no deja de ser un bajo. Aunque muchos se resistan a la idea, de su función armónico-rítmica es de donde se puede sacar más provecho.

Es por esto que todas esas veces (la mayoría) en que González asumió el rol de capitán sin pretender el vedetismo de un goleador consiguió que el trío funcionara en su mayor nivel. También encontró en su bajo timbres, colores, frases precisas y elegantes y la gracia para interpretar sobre ritmos ternarios y binarios.

A Mario Gusso, en su batería con accesorios, no le faltaron golpes y, algo quizá tan importante como eso, no le sobraron. González cuidó los pequeños detalles de un malambo, una chacarera, un landó trabado y ese puñado necesario de notas para apoyar coplas de Chacho Echenique (las de "Doña Ubenza") que sirvió para la despedida. Y Pepe Luna, con la guitarra, se lució en piezas como "Piedra y camino", seguramente porque sus compañeros supieron alumbrarle el sendero.

No hay que olvidarse de que esto se llama Willy González Trío, y que cuando hace honor a su segundo apellido desde la funcionalidad de cada instrumento el público se queda con ganas de escuchar unos cuantos bises, de volver a escucharlo en el próximo show.

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