Señalética porteña, del caos a la innovación

Tres proyectos de señalización se prueban en la Ciudad, donde conviven con indicaciones de otras décadas
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3 de diciembre de 2003  

El pasado y el presente en señales urbanas conviven en Buenos Aires amable, pero caóticamente: en las calles se codean tres sistemas de señalización, instalados a lo largo de más de treinta años por diferentes administraciones. El más reciente incluye tres proyectos piloto de señalización vial (uno, financiado por el Gobierno de la Ciudad; los restantes, producto de donaciones) que durante 180 días están a prueba en Belgrano, el macrocentro y Puerto Madero sur. Incluyen cerca de 1300 señales (velocidades máximas y mínimas, arterias de prioridad de paso, estacionamiento y carga y descarga de mercadería) y la demarcación horizontal de cordón de 170 cuadras. También incorporan nuevos materiales, como plástico reciclado o iluminación interior para mejorar la visibilidad nocturna.

Novedades que se alternan con viejas indicaciones. De hecho, muchas esquinas todavía conservan su nombre en el inmemorial cartel de loza azul adosado a la pared, mientras en las ochavas aparecen segundas señales volumétricas (negras con letras blancas), que incorporan más datos: altura y dirección de la calle, además de su intersección. Estas últimas fueron diseñadas en 1973 por Guillermo González Ruiz y Ronald Shakespear como parte del Plan Visual de Buenos Aires y no fueron las últimas. En las avenidas más importantes de la ciudad (como Santa Fe, Callao o Cabildo) aparece un tercer tipo de señal que, además, incorpora publicidad en la parte superior, diseñadas nuevamente por González Ruiz en 1993.

A la superposición de códigos gráficos se suma la multiplicidad de opciones de emplazamiento (columnas de alumbrado, semáforos, fachadas e incluso árboles) que no están correctamente reguladas en la actual ley de tránsito, de 1996, ni en el Código Uniforme de Señalización, las dos normas que regulan este tema.

Acciones estratégicas

El Plan Urbano Ambiental (creado en 1998) es un organismo dependiente de la Secretaría de Planificación Urbana que plantea acciones estratégicas y analiza escenarios a futuro de carácter urbanístico. El documento final emitido por el organismo ahora espera en la Legislatura porteña para ser convertido en ley, pero en él no se contempla la regulación de señales urbanísticas.

Según explica uno de sus consejeros, el arquitecto Rubén Gazzoli, los tres proyectos piloto de señalización en marcha son llevados adelante por la Dirección de Tránsito y Transporte, y buscan soluciones a viejas problemáticas viales de la ciudad, como el caos que produce el mal estacionamiento de autos y camiones de abastecimiento. Además, trata nuevos problemas, como el incremento de accidentes en avenidas rápidas y el robo sistemático de señales de la vía pública. Para Gazzoli, estas experiencias llevarán un tiempo de evaluación antes de poder ser incorporadas, según sus resultados, a los proyectos de planificación urbana.

El actual director de Tránsito y Transporte ciudadano, ingeniero Osvaldo Storani, es el responsable de coordinar estas iniciativas. "Son proyectos piloto --aclara--, que no se extenderán hasta no evaluar el comportamiento y las dificultades de los primeros meses." Sobre el proyecto de diseño gráfico e industrial de las piezas y sistemas, no están trabajando en este momento con apoyo en diseño pero, señalan, esa dirección cuenta con el asesoramiento de arquitectos y urbanistas.

Problemas, soluciones

La carátula del proyecto instrumentado en Belgrano y Saavedra se denomina Jerarquización de la Red Vial. Financiado por el Gobierno de la Ciudad, hasta ahora tuvo un costo de 98.000 pesos: propone dar prioridad a vías de circulación vehicular, organizar el estacionamiento en la calle y ampliar la demarcación y señalización de las zonas de abastecimiento comercial y público.

La nueva señal de Arteria con prioridad de paso (un rombo amarillo vacío) se instaló en las principales avenidas y en calles como Blanco Encalada, Sucre o Echeverría. Ahora las vías rápidas tendrán la nueva señal cada tres cuadras y, en algunos tramos, la demarcación horizontal del cordón izquierdo en amarillo para reforzar la prohibición de estacionamiento.

El trazado de señales en el pavimento se usa, por su parte, para demarcar edificios públicos, bicisendas y velocidades máximas en las avenidas. Si bien, como indican en el Centro de Gestión y Participación de Belgrano, la señal amarilla de cordón tuvo acatamiento, los vecinos se quejan por la falta de alternativas para el estacionamiento eventual.

Otro tema que afecta los proyectos de Belgrano y macrocentro es el nuevo horario y el lugar destinado al abastecimiento (desde septiembre, de 21 a 11), porque la señal respectiva (una E, con una flecha debajo) tiene bajo reconocimiento. En Belgrano se la asistirá con una demarcación de cordón en azul (igual al de la señal).

En el macrocentro (de Corrientes y Pueyrredón a Azopardo y Venezuela), las nuevas señales verticales indicativas de zonas y horarios de carga y descarga son de una tipología (morfología, materiales, escala, croma, texto, etcétera) distinta. Aquí existe otro proyecto piloto donado a la Ciudad por la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal). Las señales son de un novedoso material plástico producto del reciclado de PET (recuadro).

Y hablando de donaciones, el proyecto Puerto Madero fue financiado por la Universidad Católica Argentina: entre Belgrano y San Juan se instalaron señales de reciclado de PET, con luz interior y bandas ópticas y sonoras, bajó el número de alumnos lesionados por accidentes en Alicia Moreau de Justo. Durante los próximos 180 días, las tres experiencias serán analizadas por los organismos respectivos y los consejos vecinales.

Ortografía

  • Nazca con ese, Pueyrredón sin acento y Antenaza en vez de Antezana. Los errores de ortografía en las señales de Buenos Aires, numerosos, no parecen ser causa suficiente para solicitar su reemplazo. "Ahora hay problemas más graves --explican las autoridades de la Dirección de Tránsito--, como el robo y daño de señales, que se llevan gran parte del presupuesto de reposición y reemplazo. Pero lo tenemos en cuenta."
  • Utiles botellas descartables

    La incorporación de señales plásticas de PET (botellas descartables) recuperado tiene que ver con un problema urbano bastante reciente, el robo sistemático de señales metálicas (aleación de aluminio y hierro).

    El PET recuperado no tiene valor comercial porque no se puede reprocesar. Las señales fueron diseñadas y realizadas por la empresa Syplast, emprendimiento familiar dirigido por Juan José Couzello que desarrolló dos nuevas tecnologías: la recuperación del PET y la matricería en relieve para este material. Las señales instaladas (1000 en total) cumplen con las normas de calidad internacional ISO y tienen certificación ASTM. Según explican en la empresa, la gráfica de las señales se imprimió del lado posterior para evitar el deterioro por exposición al contacto climático y humano.

    El proyecto piloto intenta verificar la durabilidad y la resistencia del material en la vía pública.

    20 años después reina el desorden

    El último Plan Visual de la Ciudad de Buenos Aires (1973), encomendado por la entonces Secretaría de Obras Públicas a los diseñadores Ronald Shakespear y Guillermo González Ruiz (junto con un equipo de 18 colaboradores), llevó dos años de trabajo. De allí surgieron homologaciones y normativas visuales como, por ejemplo, el programa de vínculos tipológicos (homologa formas y establece vínculos de reconocimiento por familias o grupos de señales), el plan de emplazamiento secuencial (jerarquiza la ubicación de las señales según recorridos), el rediseño del código pictogramático (unifica el sistema visual de las figuras que reemplazan al mensaje escrito en una señal), y la codificación cromática y tipográfica (establece usos de color y letra). Esto dotó a Buenos Aires de una nueva y ordenada identidad visual.

    El problema es que, con los años, el Plan Visual no fue actualizado y se deterioró. Entre tanto, la ciudad se pobló de una enorme cantidad de señales antiguas, rotas u obsoletas, muchas veces superpuestas o repetidas, que pueblan veredas y fachadas, afectando no sólo la lectura de reglamentaciones e indicaciones, sino también la circulación peatonal y la calidad de vida de los ciudadanos.

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