Luis Miguel canta los "33"

Hoy se despide de la Argentina luego de los shows en los que presentó su reciente CD
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7 de diciembre de 2003  

Ya habían pasado más de veinte minutos de la hora convenida y él aún no aparecía. Ellas estaban desde hace horas esperándolo y él se hacía rogar. Poco antes de las diez de la noche, los reflectores del estadio de Vélez Sarsfield se apagaron y el lugar quedó tapado por los gritos de casi 32.000 personas. Seis pantallas de alta definición, cuatro en el escenario y dos a los costados, se encendieron para mostrar el número 33: la edad de Luis Miguel y el título de su último trabajo que vino a presentar a la Argentina con un recital en Córdoba y una serie de tres shows en Buenos Aires. Hoy, a las 21, en el mismo estadio, comenzará el último.

Un poco tapado por los aullidos de euforia del público, comenzaron los primeros acordes de "Vuelve", uno de los hits de "33", pero él aún no quería darles el gusto de dejarse ver, se escuchaba su voz, pero no se lo veía. Y allí apareció con el estilo formal que desde hace años lo caracteriza: traje y corbata negros y camisa y dentadura blancas; la piel bronceada y con un peinado que no se desarmaría a lo largo de la hora y cuarto de un delirio técnico que hacía acordar a los shows de antes de la devaluación, con una buena calidad de la banda de nueve músicos y la voz y performance del cantante mexicano.

Se lo notaba maduro. Ya no es aquel adolescente que, vestido de blanco, movía las caderas al ritmo del pop ni aquel joven cantante que decidió darle un giro a su carrera al asociarse con Armando Manzanero e incursionar dentro de los boleros con smoking puesto. Luis Miguel, con 33 años y veinte de carrera, es ambas personas a la vez y se le nota en el aplomo y la seguridad con la que se maneja en el escenario y la forma en la que conduce con señas codificadas a la banda a la vez que baila y tira besos al público. Y otra cosa se notó en esta visita a la Argentina: tanto por estilo como por actitud y, sobre todo, por su actuación en los primeros temas, Luismi parece, cada vez más, ser quien reciba la antorcha del romántico por excelencia, Julio Iglesias.

"Bienvenidos y gracias por venir a esta fiesta, ¡vamos a celebrar!", dijo a la media hora de iniciado el show y antes de comenzar las primeras estrofas de uno de los boleros de mayor éxito: "Por debajo de la mesa". Y luego vino el turno de "No sé tú", el tema que, hace doce años, junto con el CD "Romance", significó una reinvención de su imagen y una renovación de su carrera. En ese momento el estadio parecía estallar por las miles de voces que acompañaron la suya al cantar ese bolero. Es que, gracias a esa nueva etapa que inició en 1991, año en que se editó "Romance", Luis Miguel pudo ampliar el tipo de público al que se dirige. Es cierto que la mayoría de sus seguidoras son adolescentes, pero también se veía a mujeres y a algunos hombres sin ataques de histeria, bailando y aplaudiendo cada una de sus canciones.

Aunque todos estaban allí reunidos para recibir en sociedad a "33", las canciones más antiguas, aquellas que canta desde los inicios de su carrera a los trece años, son las que más movilizan al público.

"A los quince años comenzó a cambiarme la voz y mi padre me dijo que tenía que seguir cantando. Si no hubiera sido por él, seguramente no hubiera seguido grabando", contó con la respiración agitada por el tema anterior. Y allí dio comienzo al bloque de canciones de "hace veinte años" como "No me puedes dejar así" o "La incondicional" que hicieron, una vez más, estallar al público.

Mexicano soy

Pasada la mitad del show, apareció más informal y moderno con un saco de terciopelo negro, una camisa del mismo color y el peinado intacto.

Así vestido, comenzó con un par de canciones melódicas como "Nos hizo falta tiempo" para continuar con uno de los momentos musicales de mayor calidad de todo el show: la serie de canciones interpretadas a "lo mariachi" con base de guitarra acústica y trompeta "chillona". Como para que no quedaran dudas del origen de las canciones, de él y de todo lo que estaba sucediendo en el escenario, en dos de las pantallas podía verse la bandera mexicana flameando al tiempo que cantaba "La media vuelta" y "Amorcito corazón".

El estadio volvió a oscurecerse y, frente a una pantalla en rojo, se vio su silueta delineada en negro. Así iluminado, se sacó el saco y lo revoleó como estrella disco hacia un costado. Con este gesto comenzó el bloque más bailable: "Cómo es posible que a mi lado" y, cuando llegó el turno de "Será que no me amas", era impresionante ver a miles de brazos seguir al compás el pasito característico con el que se suele acompañar ese tema.

En muchos momentos del show, el clima de histeria de "las fans" pareció tomar a todo el estadio pero, ya lindando el final y a modo de despedida, "Micky" alimentó a más no poder esa histeria: luego de secar el sudor de su cara con una remera, la arrojaba al público. Diez veces hizo esto y, de esta forma y casi sin palabras, se despidió.

Flashes

  • El escenario sólo está decorado con seis columnas (tres a cada costado) simil mármol con antorchas en la punta y guirnaldas de hiedra que van de una a otra.
  • Al final del show, Luis Miguel arrojó al público diez remeras empapadas con su transpiración.
  • "Tu o ninguna" la cantó con un jazmín en la mano que le pasaron del público.
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