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"Las Millie y una", hecho por ansiosos

Marcelo Stiletano
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7 de enero de 2004  

"Las Millie y una" , programa de actualidad y servicios conducido por Millie Stegmann. Cocina: Donato de Santis. Escenografía: Edgardo Bonelli. Iluminación: Jorge Correa. Coordinación de guión: Melina Knoll. Producción: Mariela Tolcachir. Producción general: Pablo Martins. Dirección: Eduardo Mazzitelli. Por Canal 13, de lunes a viernes, a las 12.

Nuestra opinión: regular

Con su mejor sonrisa y un entusiasmo digno de elogio, Millie Stegmann corre de un extremo a otro de un estudio convertido en una suerte de pequeño loft veraniego con el espacio para la cocina ocupando el primer plano.

Stegmann, cuya vestimenta luce los mismos colores intensos y propios de la estación (verdes claros, lilas, naranjas y amarillos) que predominan en la escenografía, cumple aplicadamente con la consigna básica que baja todo el tiempo desde la producción: terminar lo antes posible lo que está en el aire y pasar a la siguiente sección o "momento", según los dichos de la conductora.

Delante de las cámaras y detrás de ellas todos se muestran apurados, excitados, casi frenéticos. Saltan, gritan, bailan y enciman sus voces. Stegmann se agita y trata de hablar más fuerte que los demás mientras se ríe de algún involuntario tropiezo.

Ese desorden disfrazado de pretendida euforia y supuesto clima de buena onda reduce la búsqueda de eficacia de un programa que aspira, sobre todo, a brindar servicios. ¿Evaluará el impaciente equipo de producción el resultado de cada informe, hecho a toda velocidad, antes de ordenarle a la conductora que pase con la misma premura al tema siguiente? ¿Les importará sólo a los responsables de "Las Millie y una" cumplir con todo un plan de trabajo diario que excede con creces la duración del programa aunque pague el precio de sobrevolar cada tema a velocidad supersónica?

Esta sensación recorre el trabajo de los muchos compañeros de ruta de Millie (en especial la psicóloga Graciela Moreschi y el diseñador Benito Fernández) y se pone todavía más de manifiesto en el caso de Donato De Santis, responsable del toque gastronómico infaltable en todo programa de estas características. El problema es que De Santis juega aquí más de showman que de cocinero y su aspiración a "bajar los decibeles de la alta gastronomía" y ponerla al alcance de cualquier bolsillo amenaza con diluirse en medio de tanto histrionismo.

Al frente del equipo, Stegmann luce tan simpática y desenvuelta que deja la sensación de que el traje de conductora puede quedarle realmente bien. Tal vez este punto de partida sirva como ensayo y aprendizaje para futuros compromisos en los que pueda escapar de tanta ansiedad.

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