Los que le ponen música al cine

Compositores argentinos hablan de su difícil y apasionante labor detrás de cámaras
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12 de diciembre de 2003  

No sólo las imágenes son las responsables de esos deliciosos estremecimientos que nos acicatean durante la visión de una película; en materia de emociones y dramatismo, la banda sonora es un elemento crucial, aunque a veces aparece injustamente desdibujado en la conciencia de los espectadores.

No obstante, la gran industria siempre supo de la importancia de los músicos en la realización de una película. De hecho, desde 1934 se entrega el Oscar a la mejor banda de sonido. Décadas después, fenómenos como el de la banda sonora de "La guerra de las galaxias" (que vendió millones de copias en 1977) demostraron que hasta las partituras orquestales podían ser rentables.

Pero en la Argentina el panorama presenta claroscuros. Así lo cree el compositor Alberto Quercia Lagos, presidente de la Asociación de Músicos de Cine (Amuci): "Como en tantas otras cosas, en esto también somos los reyes del olvido. Habría que simplemente ajustarse al nombre del Incaa: Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales. Sin embargo, la parte de audio no existe; la institución ni siquiera cuenta con oficinas específicas para el sector. Los músicos de cine somos el último orejón del tarro".

Para modificar esta situación, Quercia Lagos fundó hace tres años Amuci. "Nuestra intención era cubrir un espacio vacío -comenta-. Por eso creamos los premios Pentagrama (de plata y de oro; ya se entregaron cinco, en los festivales de Mar del Plata, de Cine Independiente de Buenos Aires, y de Cine para la Infancia y la Juventud). La intención es lograr que la gente valore el trabajo del músico de cine." Hasta ahora, pudieron darle una cierta representatividad a su tarea e instalaron los premios en el medio. Pero no fue posible concretar otros proyectos, como organizar clínicas o conferencias especializadas.

Una de las grandes demandas es la falta de espacios para la formación especializada. "La capacitación se hace a los golpes", dice Rodolfo Mederos, un músico que tiene en su haber unas doce bandas sonoras. Entre ellas, la perteneciente a "Las veredas de Saturno" (Hugo Santiago). "Me dedico al tango, pero al componer para cine hice cosas que nunca pensé que iba a realizar -cuenta-. El registro musical de las películas es heterogéneo; por eso es necesario formarse."

En esta cuestión, Quercia Lagos no tiene dudas: "Para mí, la música clásica debe estar en la base de todo. En lo posible, el compositor cinematográfico debería ser sinfonista. Sólo así es posible responder a la complejidad que implica crear climas, cubrir ausencias, incluir temas de otros, crear leitmotiv (esos temas fácilmente reconocibles, que se reiteran durante la película y le otorgan dimensión dramática)".

Gran parte de los profesionales que trabajan en las bandas sonoras del cine nacional tiene formación clásica, que suele complementarse con diversas vertientes de la música contemporánea y popular. Tal es el caso de Juan Federico Jusid, que sumó a su maestría en piano y composición cursada en los Estados Unidos un diploma de perfeccionamiento en Bélgica, además de interiorizarse en el jazz. Federico participó en las bandas de sonido de unas dieciocho películas, entre las que se cuentan "Bajo bandera" (Juan José Jusid), "Peor es nada" (Pablo Kova) y "La fuga" (Eduardo Mignogna).

"A diferencia de la composición de música absoluta o para sala de concierto, en estos trabajos existe una relación constante con elementos no musicales -explica Jusid-. Esto es muy estimulante, aunque demanda una enorme flexibilidad. Otro aspecto gratificante es el trabajo en equipo. Permite que la composición deje de ser por un rato una tarea solitaria".

En general acostumbrados al trabajo autónomo, los músicos y compositores que se acercan a la realización cinematográfica agradecen las bondades de la tarea colectiva. "Hay muchos profesionales trabajando para el cine nacional -comenta Iván Wyszogrod-, y es un placer relacionarse con ellos. Siempre aprendo algo nuevo". Iván ingresó en las filas del cine a los 21 años, cuando lo convocaron para hacer la banda de sonido de "Gatica, el mono" (Leonardo Favio). A ése le siguieron diecinueve títulos más, entre los que se cuentan "El dedo en la llaga" (Alberto Lecchi), "Comodines" (Jorge Nisco) y "Territorio comanche" (Gerardo Herrero) .

Como todos sus colegas, debe hacer un ejercicio permanente de aproximación al universo expresivo y conceptual del film. Además, debe ser capaz de adaptarse al estilo de cada director: mientras que algunos simplemente convocan al músico y le piden que "resuelva" el tema de la banda de sonido, otros participan activamente en esa elaboración.

Las características económicas de la industria cinematográfica nacional suelen imponer restricciones. No son muchos los presupuestos que podrían permitirle a un compositor convocar a la Orquesta Sinfónica Nacional para la ejecución de su partitura, por ejemplo. Ni qué hablar de las producciones independientes. Fernando Diéguez, que ganó el Best Original Score en el Williamburg Brooklyn Festival de Nueva York por la música de "Tocá para mí" (Rodrigo Furth), dice: "Trabajé con doce músicos, un privilegio en la Argentina. También tuve la suerte de poder estar en el proyecto durante los dos años que demandaron la filmación y la posproducción. Eso me permitió corregir, aumentar, resumir, agregar y sacar todo lo que quise. Hubo tiempo, lo que fue maravilloso".

Otro músico clásico ganado por las pantallas es Mariano Núñez West. Reconoce que desde su más temprana infancia sintió atracción por lo visual. Ya en la adolescencia, la tendencia continuó. "Por ese entonces, mis compañeros de música me asociaban con el tema, pero yo no sabía cómo convertir mi sueño en realidad." La oportunidad llegó, y Mariano compuso la banda de sonido de "Maese trotamundos", cortometraje de Marcelo Altmark sobre la figura del entrañable Javier Villafañe. Luego vinieron cinco trabajos más. Entre ellos, "Moebius" (Gustavo Mosquera), cuya banda de sonido fue editada, y "Taxi, un encuentro" (Gabriela David). La música de este último film se editará próximamente en Francia.

Núñez West está convencido de que para ser compositor cinematográfico hay que tener algo más que habilidad musical: "También hay que saber tratar con el director. Guiarlo, captar sus ideas y, al mismo tiempo, evitar restringir la propia creatividad -reflexiona-. La naturaleza de este trabajo exige una amplia tolerancia a los cambios. Hay que estar dispuesto a descartar material que puede tener mucho valor para uno, y subordinar las ideas propias a las del realizador, que pueden ser muy diferentes. Es una búsqueda que permite despojarse de prejuicios estéticos y filosóficos inherentes a la música como arte en sí mismo".

Ahora bien, tantos esfuerzos, ¿encuentran una recompensa económica? Sólo en los contados casos en que el músico logra construir un fluido circuito entre cine, televisión o algún otro espacio como el teatral o el publicitario. "La mayoría de las películas se hacen con poco o menos presupuesto del necesario. Eso repercute directamente tanto en la producción de la música como en los honorarios y en la gente que uno puede contratar -indica Núñez West-. Tampoco hay una conciencia real de lo que es íntegramente esta actividad. En general se espera que un solo músico resuelva lo que en realidad deberían hacer cinco personas."

Si a estas dificultades se suma la falta de continuidad, es claro que son pocos los que entienden esta actividad como una alternativa a su esquema laboral principal. Por el contrario, lo que prima es el interés por un espacio diferente, que estimula la creatividad, crea desafíos y los enriquece profesionalmente.

No es poca cosa, por cierto. Y amerita otra gran demanda de Alberto Quercia Lagos: "Yo lucho contra eso de que todos se vayan en cuanto aparece la palabra "Fin" sobre la pantalla. ¿Y los créditos? Hay quedarse hasta el final, ahí se ve toda la partitura, con las fichas técnicas. Al leerla, es posible darse cuenta de todo el trabajo involucrado en la banda de sonido, las joyas que se escucharon... Pero pasa, y nadie la mira. Es una verdadera lástima".

Para agendar

La Asociación de Músicos de Cine (Amuci): amuci@hotmail.com.ar

En Internet: www.ivanwyszogrod.com / www.kabusacki. com.ar / www.mederos.com.ar / www.malbacine.org

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