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El gran secreto de "Resistiré"

Los "expertos" le buscan la quinta pata al gato; el público, en cambio, entendió todo
Pablo Sirvén
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14 de diciembre de 2003  

Ver en vivo y en tiempo real lo que anoche Telefé compactó en su especial de "Resistiré" fue una experiencia única y maravillosa.

La televisión se caracteriza por tener una audiencia multitudinaria, pero, al mismo tiempo, ausente. Por su propia dispersión -cada televidente está en su casa-, es invisible, silenciosa y fría. El martes último, por el contrario, en el teatro Gran Rex, se corporizó en una concurrencia bulliciosa, expectante y participativa que siguió las alternativas del último capítulo con un estado de ánimo colectivo emocional similar al que flota en una final de fútbol -alternando tensos silencios y explosiones de euforia-, pero con un importante matiz: todos los presentes alentaban al mismo (y único) equipo.

Fue una auténtica fiesta, absolutamente lúdica y llena de felices e ininterrumpidos intercambios de afectos entre el público y las principales figuras de la tira que allí se presentaron tras la emisión del capítulo final: personajes en andas, "aplausómetro" a pleno y sin parar (hasta para los "malos" de la historia), gritos de amor y de humor que iban y venían del escenario a la platea en un mágico e inesperado diálogo. Por primera vez en la historia, una telenovela se sometía a tamaño test de aceptación popular, cara a cara, con sus seguidores incondicionales.

En una época de TV atomizada, con tantas señales de cable que les diezman la masividad a los canales abiertos, y donde los grandes éxitos rara vez superan los 25 puntos de rating, "Resistiré" se despidió con picos de más de 41. Lo dicho: era la final de un campeonato.

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Los autores -Gustavo Belatti y Mario Segade ("Verdad consecuencia", "Vulnerables", "Cuatro amigas" y, ahora mismo, ya trabajan en la tira de Natalia Oreiro que ocupará, después del verano, la franja horaria que dejó "Resistiré")- tomaron una buena cantidad de riesgos para experimentar dentro de un rubro tan orgulloso de su premeditado adocenamiento como es la telenovela. Y les fue más que bien.

En los tiempos ya lejanos del puritanismo a ultranza, las novelas terminaban en el altar, con besos secos y ausencia estricta de escenas de alcoba. A medida que las costumbres cedieron, el voltaje sexual fue "in crescendo", al mismo tiempo que el efecto "Dallas" y "Dinastía", derramado desde EE.UU., inoculaba a los culebrones latinoamericanos con tramas más sórdidas y personajes contaminados de las más variadas corruptelas.

Pero eso no bastó: hace poco más de una década, Enrique Torres se animaba a meter en las tiras protagonizadas por su cuñada, Andrea del Boca, mayores cuotas de humor para desentumecer rigideces del género, autoparodiándolo con ligera cautela.

Luego, en 1998, Pol-ka avanzó un poco más, trasladando el cuidado de la estética de sus programas semanales a las tiras y a partir de "Gasoleros", retomó cierto costumbrismo y experimentó con eficacia, el mix comedia/telenovela que aún cultiva.

El reciente aporte de la dupla Segade/Belatti acaba de hacer aterrizar a la telenovela local en el poco explorado territorio del misterio y lo fantástico (contagiando, de paso, a "Soy gitano", su directo competidor de Canal 13, que siempre le ganó en rating a "Resistiré" hasta poco antes de vislumbrarse su desenlace).

"Resistiré" no dejó cuerda sin tocar: tráfico de sangre, homosexualidad, infidelidad, canibalismo, cambio de identidad, relaciones de poder, psicologismo de todos los colores, enigmáticos homicidios, planes improbables de "limpieza étnica", relaciones incestuosas.

Contó, además, con una edición precisa y muy cool, una atractiva y depurada estética de comunicación hacia afuera y hacia adentro del producto, una "química" muy fuerte entre los miembros de la pareja protagónica, la muy sugestiva Celeste Cid y el siempre susurrante Pablo Echarri; un "malo" de lujo como Fabián Vena, cuyas espaldas bien cuidaba esa extraña e inefable pareja compuesta por Tina Serrano y Claudio Quinteros; personajes divertidos como el de Romina Ricci; la espectacular Carolina Fal, que aportó drama del bueno, y un elenco de fondo de innegable solidez (Claudia Lapacó, Leonor Manso, Hugo Arana, etc.).

Los clips y la música -"Resistiré", en versión de AQM, y el "Down with my baby" de Kevin Johansen, para los encuentros fogosos- también le dieron gran identidad a esta telenovela que, por estos y muchos otros motivos, será difícil de olvidar.

El inquietante líquido verde que se escurrió entre los escombros del laboratorio de Mauricio Dobal y la enigmática flor que allí crece plantean, en ese aspecto, un final abierto o un buen punto de partida si acaso hay "Resistiré 2", como no descartó Claudio Villarruel, director de Contenidos de Telefé, en "VideoMatch" del miércoles último.

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Quienes no son televidentes habituales del género tienden a posicionarse frente a este tipo de propuestas de manera contradictoria, incómoda y, a la postre, ridícula. El consejo para ellos siempre es el mismo: relájense y gocen, y si no pueden hacerlo... °cambien de canal!

Por un lado odian y se resisten a aceptar los elementos esenciales de un género caracterizado por la carencia de sutilezas: ciertos marcados clichés que sus seguidores aman; los perfiles bien estereotipados de los personajes; el argumento que, con trazo necesariamente grueso, avanza y retrocede en espirales repetitivas; la arbitrariedad y trampas con que suele desconocer algunas lógicas y coherencias internas; el inevitable final feliz (sólo el gran Alberto Migré se animó, en 1975, a matar a los protagonistas de "Piel naranja", y eso todavía está por verse ahora que Cuatro Cabezas elabora su continuación, como subproducto del fallido "Luxstar, nace una estrella").

Por el otro lado, en el caso de "Resistiré" se han escuchado -y especialmente leído- las más alocadas interpretaciones del "metamensaje" del modernoso novelón de Telefé, como si éste hubiese querido hacer algo más que divertir, entusiasmar y atrapar carradas de televidentes. ¿Acaso hay una ideología o un dogma más importante que éste para la televisión?

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