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Una amistad que venció al tiempo

Miné Cura conserva cartas, telegramas y manuscritos, además de nítidos recuerdos de la directora de Sur
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14 de enero de 2004  

Fue colaboradora, amiga y confidente de Victoria Ocampo. Discípula de Julio Cortázar. Y disfrutó de la amistad fraterna de Indira Gandhi, a quien conoció a través de la escritora argentina. Sorprende el carisma de la diminuta y lúcida María Reneé "Miné" Cura (de 79 años), capaz de alentar en estas personalidades la vocación de una amistad que burló la caprichosa fugacidad del tiempo y quedó registrada en un rico intercambio epistolar.

La amistad entre Victoria Ocampo y Miné Cura -documentada en 70 cartas, telegramas y tarjetas y varios manuscritos inéditos de la mecenas- tomará la forma de un libro este año, pues Miné Cura decidió publicarlos.

La antigua colaboradora de Ocampo en la revista Sur y en la fundación homónima ha aportado a la muestra "Victoria Ocampo. Pasiones y conflictos", abierta en el Centro Cultural Borges y cuyo curador es Patricio Lóizaga, cartas y datos valiosos.

En el exquisito libro "Victoria Ocampo", editado por Larriviére, su autor, Lóizaga, dedica cuatro páginas a la relación de Cura con la escritora argentina.

Este año, Miné Cura rendirá tributo a su maestro en la Escuela Normal de Chivilcoy y a sus dos amigas, en aniversarios que nutren las efemérides por anticipado. El 27 de este mes se cumplen 25 años de la muerte de Ocampo. El 12 de febrero de este año se conmemorará el 20° aniversario del fallecimiento de Cortázar. Y el 31 de octubre, fecha del asesinato de Indira Gandhi, se recordarán los 20 años del hecho.

Nada es casual

Miné conoció a Victoria Ocampo en 1950 por sus artículos en LA NACION y allí comenzó a escribirle. Un par de años más tarde, decidida a no afiliarse al peronismo para tener trabajo como profesora de geografía -su profesión-, la joven de Chivilcoy decidió abrir una librería y le pidió a la escritora "usar sus iniciales; pero en 1953 eran las iniciales de un whisky. Entonces, ella me facilitó su sobrenombre juvenil, Niké, que significa Victoria en griego".

A comienzos de los años sesenta, Miné se radicó en Buenos Aires por pedido de Ocampo. Hasta su muerte, la correspondencia entre ambas se mantuvo tan intacta como su amistad. Tras haber superado un cáncer, Miné se fortaleció. Dice que la ayudó "la misión de difundir la obra de Victoria. Aún no decidí con qué sello editorial voy a publicar sus cartas, porque me interesa poner las condiciones". Así lo cuenta a LA NACION una sofocante tarde de verano en su hogar de Chivilcoy, su pueblo natal.

Con detalles asombrosos, por la nitidez de sus recuerdos, la vicepresidenta -recién reincorporada- de la Fundación Sur muestra, con amoroso cuidado, los objetos que nutren su memoria. "No los tengo en mi casa. Hoy los traje por ustedes", advierte antes de las preguntas.

En una sucesión de texturas, materiales, tinta y papel, Miné traza las pequeñas historias que encierran cada regalo y cada carta de Victoria. Un bolso verde de Gucci, cuatro broches, una lupa sofisticada, una polvera, pañuelos Hermés y Dior, un portarretrato, un plato.

"La desaparición de Victoria no ha extinguido nuestra amistad. Hay vínculos que la muerte refuerza. Compartíamos un universo de valores y gustos. Ella era toda honestidad, autenticidad, lealtad y búsqueda de lo superior. Ninguno de estos aspectos fue investigado con seriedad", dice Miné, mientras hurga en las carpetas donde atesora cartas, telegramas y tarjetas de la escritora.

Sostenida por su memoria agrega: "Me consta el afecto que sentía por mí. Su trato siempre fue muy cercano e igualitario. En ocasiones dejábamos el trabajo y nos íbamos al cine. Ella me mostró, por sobre todo, mucho respeto. Victoria apreciaba el humor fino. Y compartíamos el mismo deleite frente a la belleza".

En una dedicatoria a una primera edición de "Testimonios", Victoria Ocampo le escribió en inglés: "No tengo palabras para expresar la belleza de amar bien".

Miné no detiene el relato hasta que las lágrimas frenan sus recuerdos. En el silencio de su casa, mientras lee en voz alta una carta, sus vivaces ojos negros se vuelven brillosos y su voz se quiebra: "Ella no soportaba ni la grosería ni la injusticia. Solía decir -y está escrito- que a pesar de su aspecto era el ser más vulnerable que uno podía imaginar. Muchos la hicieron sufrir".

Cuenta Miné que esos fantasmas ilustres de su vida -Victoria, Cortázar e Indira Gandhi- viven siempre con ella. "A veces, una frase o un detalle entra súbitamente en mi mente y desata una serie de reflexiones y de sentimientos que no se manifestaban en su presencia. Estaban, pero detrás del velo de la presencia física", dice Miné Cura.

En la carta cuya lectura ha interrumpido, Victoria Ocampo escribió: "Tengo una zona del alma en carne viva; no tolera ningún contacto. (...) La mollera del alma no se me ha endurecido".

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