Pequeño gran film para disfrutar

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12 de febrero de 2004  

"Escuela de rock" ("School of Rock", Estados Unidos/2003). Dirección: Richard Linklater. Con Jack Black, Joan Cusack, Mike White y Sarah Silverman. Guión: Mike White. Fotografía: Rogier Stoffers. Música: Craig Wedren. Edición: Sandra Adair. Diseño de producción: Jeremy Conway. Producción de Scott Rudin y Paramount Pictures presentada por UIP. Duración: 108 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: muy buena

Si, como admiten muchos directores consagrados, lo más difícil es hacer una comedia efectiva e inteligente desde el primero al último minuto, Richard Linklater -considerado uno de los creadores más prolíficos, versátiles y talentosos del cine independiente norteamericano con films como "Slacker", "Rebeldes y confundidos", "Antes del amanecer", "SubUrbia", "Tape" o la producción animada "Despertando a la vida"- puede quedarse muy tranquilo: "Escuela de rock" es una pequeña gran película de principio a fin, llena de gags memorables y, pese a su apariencia sencilla y superficial, ofrece una mirada bastante ácida sobre las rigideces, presiones e hipocresías que abundan en la mayoría de los sistemas educativos contemporáneos.

No es, de todas formas, la búsqueda de una crítica social obvia y declamatoria la prioridad de esta historia escrita por el también actor secundario Mike White (autor de otros elogiados guiones como los de "Una buena chica" y "Chuck & Buck"). El énfasis de "Escuela de rock" está puesto en entretener al público durante sus 108 minutos con una trama manejada con sentido del humor (muchas veces negrísimo), encanto, ternura y una sensibilidad que aflora en los momentos más inesperados para sorprender y finalmente conmover al espectador.

Jack Black, el notable actor de "Alta fidelidad" y "Amor ciego", interpreta aquí a Dewey Finn, un insufrible guitarrista que es expulsado por los integrantes de la banda de heavy metal que °él mismo había formado! y que le debe varios meses de alquiler a su amigo Ned Schneebly (White), un patético maestro que lo aprecia, pero que vive dominado por su tiránica novia.

Desesperado, dolido y sin un centavo, Dewey se hace pasar por Ned e ingresa como profesor suplente en una escuela primaria famosa por su rigor académico y disciplinario. Allí, nuestro ignorante antihéroe -cuyo nivel cultural es varias veces inferior al de sus alumnos- ideará un complejo proyecto para enseñar de manera clandestina lo único que sabe: cómo armar un grupo de rock, con la idea de competir en una "batalla de bandas".

El histrionismo salvaje -por momentos al borde de la exageración- de Jack Black (el gran sucesor del fallecido John Belushi), el aporte de esa brillante comediante (generalmente relegada a papeles de reparto) que es Joan Cusack como la desdichada directora del colegio y la simpatía impar de los refinados niños devenidos apasionados rockeros conforman un cóctel irresistible.

El film de Linklater es, antes que nada, un homenaje a la mejor historia del rock (por la banda sonora desfilan temas de The Clash, Kiss, Cream, The Doors, AC/DC, The Who, The Ramones, Metallica, Led Zeppelin, T-Rex, David Bowie y The Velvet Underground), una exaltación de la pasión más íntima, sincera y visceral que puede despertarse en el ser humano por algo (en este caso por la música) y una reivindicación de ciertos valores como la comprensión, la lealtad, el compañerismo y la permanente posibilidad de liberarse y de cambiar, como lo hacen estos niños que empiezan tocando "El concierto de Aranjuez" o citando a Christina Aguilera y Liza Minnelli como referentes para terminar admirando e inspirándose en las grandes figuras del panteón rockero.

"Escuela de rock", la contracara perfecta de una película "importante" como "La sociedad de los poetas muertos", es uno de esos casos excepcionales en los que niños, adolescentes y adultos pueden disfrutar de forma mancomunada de una propuesta con múltiples aristas y niveles de lectura. Incluso aquellos que no sientan al rock de la forma intensa y visceral con que lo vive Dewey terminarán -como lo hacen hasta los atribulados padres de los niños- aplaudiendo en un final a toda orquesta.

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