El sonido tropical que pasó de las bailantas a las discotecas

Nacido en los asentamientos del conurbano, llegó a las fiestas más exclusivas
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25 de marzo de 2001  

"Del baile me vengo, ay que pe... tengo/ No puedo caminar de tanto jalar/ Estoy re cantina, no tengo vitamina/ Yo quiero tomar vitamina, me compré una bolsa y estoy pila-pila." Las estrofas pertenecen a la canción Quiero vitamina , del conjunto Damas Gratis, y no dejan margen a la ingenuidad. Son crudas y explícitas, pero suenan con el fondo distendido, jovial e inofensivo de la música tropical. O, mejor dicho, de la cumbia villera.

Se trata de un género musical que nació como una vía de expresión de los habitantes de las villas de emergencia del Gran Buenos Aires -de ahí proviene su nombre- y que trascendió las fronteras de la pobreza para ser reinterpretado en las principales y más exclusivas discotecas porteñas como un himno a la diversión y el desenfado.

Se expandió tan notablemente que hoy no reconoce límites de clases sociales. Tanto en las bailantas de la zona Norte y en las del Once, como en los boliches de la Costanera y en los del Paseo de la Infanta, la cumbia villera es cantada y bailada por jóvenes de todos los estratos.

No es su único mérito. Además, por estos días constituye un éxito descomunal en términos comerciales. Las cifras hablan por sí solas. Los grupos que forman parte de la movida villera vendieron ya, en conjunto, 215.800 discos, una cantidad que, según los gerentes de las compañías que los editan, representa el 25 por ciento del total de ventas del mercado discográfico argentino.

Los protagonistas del fenómeno son las bandas Flor de Piedra, Damas Gratis, Yerba Brava, Guachín, Meta Guacha, La Chala y La Sonora del Barrio, todos ellos integrados por vecinos de las villas de Buenos Aires.

"Son un éxito natural. Su gran aceptación responde a que ellos hablan de las cosas que pasan cotidianamente en sus barrios y de lo que es vivir en la pobreza. Y eso hoy es algo habitual para los argentinos", explicó Andrés Grimolizzi, el creador de Genoma Records, la compañía que edita a los exitosos Damas Gratis.

Es que justamente el factor común a todos los grupos que hacen este tipo de música es la temática contestataria de las letras. La falta de fuentes de trabajo, la droga, la relación conflictiva con la policía, la violencia, las noches en las bailantas y los problemas de ser pobre y de vivir en un asentamiento son algunos de los tópicos de las canciones.

Así, por ejemplo, la letra de Gatillo Fácil , el tema de Flor de Piedra que se transformó en el canto obligado de las hinchadas de fútbol, dice: "El se la da de macho con su chapa policial/ Lleva fierros bien polenta y permiso pa´matar/ como canta Flor de Piedra, vos sólo sos un botón/ Nunca vi un policía tan amargo como vos".

Sustancias prohibidas

Otra temática recurrente es la de la droga. Desde su propio nombre, el grupo La Chala hace alusión a las sustancias prohibidas. Pero no se queda sólo allí. En la canción La Cumbia de la chala, sus integrantes cantan "Vení, bailá, que si pinta la chala, está todo bien". También Damas Gratis exhibe desprejuiciadamente hojas de marihuana en la portada de su álbum Para los pibes. ¿Apología del delito? Para el cantante, compositor y tecladista del grupo, Pablo Lescano, no: al incluir estas referencias sólo hacen mención de algo que ya todos conocen.

"Esto para los villeros no es algo desconocido. Ellos entienden lo que cantamos en nuestros temas. No los vamos a convencer de nada que no quieran hacer. Y los pibes que nos escuchan en los boliches del centro o Barrio Norte también lo saben. No es preciso vivir en una villa para saber sobre las drogas", dijo el músico.

Según cuenta la leyenda, Lescano fue el ideólogo de la movida villera. El compuso, en noviembre de 1999, todas las canciones del primer disco de Flor de Piedra -banda que lideró hasta que decidió armar Damas Gratis, a fines del último año- y salió a los escenarios de los locales bailables con una estética totalmente opuesta a la que se acostumbraba ver en ese momento.

"Desde el principio hice todo distinto. Puse a un tipo feo como cantante y les dije a los pibes que para tocar se vistieran como todos los días, con sus joggings frisados y sus zapatillas Nike. Porque de lo que íbamos a hablar era de eso: de lo que hacemos todos los días", explicó.

Se entiende. Lescano desterró la figura de las bandas surgidas de casting , es decir aquellas integradas por bailanteros carilindos de pelos largos que hacen coreografías sobre el escenario y que no tocan ni cantan, literalmente, ni una sola nota. "Eso fue un negocio que acá pusieron de moda Peluche y Volcán. Pero el público que va a la bailanta no se deja engañar con facilidad. Si no tocás en serio cuando estás ahí arriba, te ca... a botellazos", explicó.

Lescano tiene 23 años y trabaja en el negocio de la música desde cuando era apenas un adolescente. Vive de lo que gana por los derechos de sus canciones y no le va nada mal: tiene un auto descapotable y el dinero no le falta.

Pero por ningún motivo piensa abandonar su hogar de la Villa La Esperanza, en San Fernando. "Eso ponelo, para que la gilada no piense que soy un pancho ", reclamó. Es que la pertenencia al barrio es lo que da a los líderes de la cumbia villera su credibilidad. Y no sólo la artística.

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