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Falleció Jorge Petraglia

Actor y director, dejó su huella en la escena teatral argentina
Alejandro Cruz
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16 de marzo de 2004  

La crónica dura dirá que el talentoso actor y director argentino Jorge Petraglia murió anteayer en una clínica de la Capital, a los 76 años, como consecuencia de un paro cardíaco. Sus familiares lo habían internado un día antes debido a un pico de presión y ciertos problemas pulmonares. Ayer, sus restos fueron inhumados en el Panteón de la Asociación Argentina de Actores, en el cementerio de la Chacarita.

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Desde otra óptica se podría afirmar que murió un caballero del teatro, un señor con estirpe que supo lidiar con lo más granado de la experimentación teatral de las décadas del cincuenta y del sesenta, que supo abrir las puertas de la escena local a los autores más vanguardistas de la época y transitar a los autores clásicos con maestría.

Había nacido en Buenos Aires en 1927. "Todavía recuerdo cuando, a los 5 años, me llevaron al Teatro Colón para ver una representación de "Falstaff". Aquel despliegue de decorados, luces, sombras y gente en movimiento me deslumbró de tal manera que, por mucho tiempo, traté de reproducirlo con los elementos que tenía al alcance de la mano", recordaba en una entrevista. En medio de esas maquetas que reproducían escenarios, se las ingenió para zurcir su particular interés por la arquitectura y su pasión por el teatro.

Debutó como actor en la Compañía Barrault y, desde ese momento, sencillamente no se detuvo y armó una extensa carrera que le deparó más de cien trabajos teatrales en la Comedia Nacional, la Comedia Cordobesa y en diversos grupos independientes. Sin ir más lejos, en 1949 fundó con su fiel amigo Leal Rey el Teatro Universitario de Arquitectura, sitio en el cual también estaba Roberto Villanueva. Tres años después debutó como director con dos piezas de Cocteau: "Edipo Rey" y "Antígona", dos montajes recordados por varias generaciones de teatristas.

En 1956 estrenó en Buenos Aires "Esperando a Godot", obra que repuso durante varias temporadas. Aquel montaje se convirtió en una puesta emblemática que marcó a varias generaciones de actores, directores y dramaturgos. El mismo Eduardo Pavlovsky suele decir que no habría hecho teatro en serio si no hubiera visto "Esperando a Godot". "Fue la primera vez en mi vida que vi representada mi angustia en un escenario", dijo recientemente. Lejos de detenerse, Petraglia siguió armando su exquisito edificio. "Desde ese estreno, Beckett fue para mí uno de los autores fundamentales en materia teatral. Más tarde se le agregó Harold Pinter", dijo. De Beckett también dirigió "Los días felices", con Luisa Vehil como protagonista, los monólogos "Krapp o La última cinta magnética" y "Cenizas". Con Pinter debutó en 1962 con "El cuidador".

En plena ebullición de la década del sesenta, se refugió en el Instituto Di Tella. En ese bolsón de la vanguardia estrenó dos piezas de Griselda Gambaro: "El desatino" y "Los siameses". En el Di Tella también fue asesor del Centro de Experimentación Audiovisual.

Supo hacer que en su labor convivieran los nichos de la vanguardia con las puestas operísticas. Es más: hizo la régie del estreno mundial de "Don Rodrigo", en el Teatro Colón. "Fue como completar un ciclo. El escenario que por primera vez me maravilló como de chico convertido en mi lugar de trabajo", dijo tendiendo un puente con las imágenes de su infancia. En esa época trabajó con actores de la talla de Iris Marga, Delia Garcés y Luis Medina Castro.

Fue docente, traductor y asesor artístico del Teatro San Martín. Recibió varias becas con destino europeo e innumerables premios (está previsto que, en mayo, su trayectoria sea distinguida con un María Guerrero). Supo encontrarle innovadoras vueltas de tuerca a criterios de puesta ya establecidos. Fue él, por ejemplo, el que pensó en hacer "Orquesta de señoritas" con actores varones. O fue él, por ejemplo, quien por primera vez en el país utilizó actores y bailarines doblados por cantantes ubicados al costado del escenario.

Se "atrevió" a dirigir textos de Cocteau, Dostoievski, Camus, Pirandello e Ibsen para radio y televisión. En cine, su corta carrera comenzó de la mano de Leopoldo Torre Nilsson, en "Piedra libre", que fue, paradójicamente, la última película del prestigioso director. Durante la década pasada Petraglia puso su cuerpo y experiencia para embellecer obras como "Don Fausto", "El jardín de los cerezos", "Los últimos días de Emanuel Kant", "Ricardo III", "Madera de reyes" o "Lulú".

Pero, con los años, parece que su cuerpo se fue cansando. Una vez, recordando su puesta de "Esperando a Godot", contó la siguiente anécdota: "Una señora, que nunca había ido a ver teatro y que lavaba la ropa en mi casa, fue a ver "Godot" con su sobrina. Después le contó a mi madre que su sobrina le había preguntado: "Y esto, ¿qué es?" Ella le contestó: "Claro, sos muy joven, no entendés. Pero esto es la soledad de la gente en el mundo"".

Parece ser que, más allá del apoyo de su círculo más íntimo, hacía un tiempo que Jorge Petraglia había optado por refugiarse en su casa, por esa soledad de la gente en el mundo.

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