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Tormenta del desierto

...Y en este rincón, los misteriosos y alucinados Natas, la banda argentina que, según Roberto Pettinato, encarna la mejor herencia de Sumo.
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1 de agosto de 2003  

A ver si se despiertan, loco! ¡estan viendo a la banda más pesada y psicodélica de Argentina, pónganse las pilas!" Son las 3 de la mañana en Buenos Aires, pero en el teatro Empire el reloj ya no cuenta. El pibe que acaba de subirse al escenario, botella de cerveza en mano, reclama movimiento. Su prédica cae en saco roto, pero él tiene razón: después de casi una hora de show, después de siete temas, la gente sólo ha atinado a sacudirse un poco para aplaudir al final de cada canción. Y no, no están aburridos, ni dormidos: están... viajando, catatónicos. Cada uno con su pasaje al infierno, o al paraíso, pero con idéntica música incidental. Es una noche de trip con Los Natas, la banda que tan bien describió ese fan que ahora, ya en la platea, sentado en primera fila, ha caído en el mismo hechizo. Es cierto que Los Natas son pesados y psicodélicos: el sonido es altísimo y la puesta en escena de hoy incluye, entre otras cosas, un cactus gigante, proyecciones animé y una iluminación caleidoscópica que hipnotiza.

Sobre el escenario, tres figuras en trance. Sergio Chotsourian -cantante, guitarrista, manager- maltrata y acaricia a su instrumento como un padre que cachetea a un hijo y luego se arrepiente. Walter Broide -baterista y también cantante- es un demonio de Tasmania; sus movimientos, casi invisibles de tan fugaces, parecen brazadas de un pulpo rabioso en una pecera que le queda chica. Gonzalo Villagra, bajista, es el más reciente integrante estable del trío. Ayer aportaba su locura con las perillas de la consola; ahora, como titular, expulsa un sonido grande, envolvente, abarcador.

Cerca del amanecer, antes de emprender la retirada a bordo de su van marrón oscura -"una Ford de 1981, como la de Mario Barakus pero más recia"-, Los Natas se acomodan en el camarín del Empire y, bueno, está bien, si no hay más remedio, acceden a responder algunas preguntas.

¿Pueden describir el viaje propio de Los Natasarriba del escenario?

Sergio: Los shows son diferentes cosas que van pasando. A veces empiezan a subir con la gente y se convierten en un viaje en auto con diferentes paisajes. Y a veces, nada que ver: es como si te hubieras cagado a trompadas con un enemigo imaginario. El show de Natas lleva la energía del día.

¿Cómo es el después?

Sergio: Es como si me desenchufaran de la silla eléctrica, como si me hubieran estado friendo el cerebro durante quince minutos.

Walter: Yo siento que pierdo todo el mal karma en cada gota de sudor. Como si me sacara el traje de mí mismo y me dieran uno limpio…noche de dia habil en la zona menos hollywood de Palermo Viejo. En una casa chorizo ensayan Los Natas, una piecita ínfima, al fondo a la derecha. Es cuestión de pasar y sumergirse en la nube. Cuando Walter da por finalizado el ensayo, en el patio arranca la ronda. De mate.

¿Los Natas ya dejó de ser una banda amateur ?

Walter: Los Natas es una banda que labura, que ensaya mucho. Tratamos de hacer las cosas lo mejor posible a medida que vamos aprendiendo. Queremos ser más profesionales.

¿Y lo consiguen?

Walter: Se va dando. Los shows son copados; la gente está tranquila... Estamos aprendiendo a ser artistas; a compartir, desde el escenario, lo que nos pasa con la gente. Antes éramos muy cerrados y estábamos muy enojados; había furia, y la onda era compartir ese dolor entre nosotros: no nos importaba mucho el público. Eramos más reacios. Ahora empezamos a entender que hay un gusto lindo en compartir lo que nos pasa.

¿Por qué estaban enojados?

Walter: Había mucha furia... eran momentos difíciles de nuestras vidas.

En sus treinta años de existencia, los integrantes de Los Natas vivieron algunas situaciones de las que prefieren no dar muchos detalles. Hablan de "furia...", de "momentos difíciles...", pero no parecen dispuestos a repasar aquella historia. Responden con silencios o miradas cruzadas y, la verdad, parecen los seres más antipáticos del barrio. Sin embargo, a la hora de la despedida y luego de cebar algunos amargos, resulta evidente que tanta parquedad, tanto cinismo, son, como esa música de los mil demonios que escupen, parte de un autoexorcismo.

Esa manera distinta de relacionarse con el afuera los condujo por un camino diferente del de la mayoría de los grupos argentinos: Los Natas se hicieron conocidos en la movida stoner norteamericana antes que en la de su país. ¿De qué manera? Después de Delmar (1996), su primer disco, y como ellos mismos lo explican, tiraron "una botella al mar con un casete de nuevas canciones".

Sergio: La botella con aquel casete fue recogida. Así fue como en el 98 salimos por primera vez de la Argentina: fuimos a los Estados Unidos, por encargo del sello Mans Ruin, para grabar nuestro segundo disco: Ciudad Brahman. Fue una cosa increíble. Nos invitaron a San Francisco a trabajar con Dale Crover, el batero de los Melvins, al que conocíamos por sus discos. Después nos enteramos de que había sido el primer baterista de Nirvana, el de Bleach…

Walter: Sí, tiene el "Casete de Oro" pegado en la pared...(risas).

Sergio: El sello tenía como cien bandas fichadas, todas de la escena pesada underground de la Costa Oeste. Nosotros llegamos en modalidad pichón total, y de repente todo era gigante: las camionetas, el edificio, todo. Y ahí, en cuatro días, registramos Ciudad Brahman.

¿Y pudieron ver algo de la escena stoner de allá?

Walter: El sello hizo que en Los Angeles nos llamara Rubén Romano, el baterista de Fu Manchu, actual de Nebula. Nos pasó a buscar y nos llevó a pasear por la ciudad. Al segundo día estábamos en la casa del bajista de Kyuss, en una fiesta de fin de año en Palm Springs, en el medio del desierto…

Walter: Como la onda nuestra era tranquila, no vieron competencia y se abrieron y nos enseñaron un montón de cosas. Fue increíble.

¿Y la fiesta?

Walter: Esa fiesta estuvo bien... Tocó primero Nebula en el living de la casa, y después nosotros, que no sabíamos que íbamos a actuar. Además ya estábamos medio borrachitos... Fue muy bueno, como un picadito que se arma espontáneamente. Igual los gringos no terminan muy tarde. Es muy loco, porque de un momento a otro dicen "Well, bye..." y se van...en 2002 salio corsario negro, tambien a través de un sello del Norte: Small Stone Records. Fue el trabajo que los ayudó a despegar en la Argentina; hicieron muchos shows y recibieron buenas críticas por parte de la prensa. En los primeros meses de 2003 llegó Bee Jesus, una caja con Delmar y Ciudad Brahman más dos bonus tracks: "El Gobernador i" y "El Gobernador ii". Dato para fetichistas: todos los discos de Los Natas están en versión vinilo, y sólo hay una forma de conseguirlos en ese formato: comprándolos en los stands que el grupo prepara para los shows. (Una oportunidad es el 8 de este mes, en el mismo teatro Empire, en la segunda fecha de Viernes verde, un ciclo que ellos mismos organizan.)

Sergio: Bee Jesus surgió del interés de un sello francés, United Musics Company (umc), una subsidiaria de Sony que maneja a Manu Chao y también la porquería que le tiramos nosotros. Ahora se instalaron acá con una oficina de representación y se asociaron con nosotros y con PopArt, que difunde y distribuye. De movida, este lanzamiento es una cooperativa franco-argentina.

Están acostumbrados al trabajo cooperativo e independiente...

Walter: Sergio tiene diploma en unir puntas. La idea es juntarse y que entre todos se hagan cosas.

¿Creen que ese camino es más interesante queel que puede brindar una multinacional?

Sergio: Es como si entraras a laburar en una fábrica y vas directo al escritorio: un día viene un obrero y te dice: "Me corté una mano", y vos no tenés idea de lo que es manejar una sierra. Lo que nosotros tenemos que hacer, y eso está bueno, es ir aprendiendo cada parte de la movida de la industria para poder armar nuestra propia guerrilla. La idea sería tener guerrilleros en cada parte del mundo, que actúen a control remoto y que nosotros a su vez actuemos a control remoto de ellos. En la red operativa somos más parecidos a Saddam que a los Estados Unidos.

¿Son los sucesores de Sumo?

Petti tiró la piedra; pero ellos no se hacen cargo.

Debe ser raro que un ex músico de Sumo hable de tu banda y te calce el título de "sucesor" de... ¡Sumo! Roberto Pettinato les tiró esa bomba a Los Natas desde las páginas de Rolling Stone (véase número 62). No sólo eso: agregó que quería conocer a Los Natas y que quería tocar con ellos. Los pibes no tardaron en contactarse con el conductor de Indomables.

Sergio: Fui al espectáculo que Pettinato dio en el Club del Vino, y me impactó el poder del trío. Después del show nos dimos un apretón de manos. Yo quería saber si lo que había dicho era verdad, o si era otra putaneidad de este mundo del rock. Le dije que nos juntáramos, que no quedara todo en el tintero mediático.

¿Cómo les cae que diga que ustedes son los herederos de Sumo?

Sergio: Creo que su enganche pasa por el espíritu de Natas: un punk de la nueva era, un fuck you total a la locura. Quiere tocar el saxo en "Corsario negro", uno de nuestros temas más diabólicos. Es un orgullo ser valorados por un tiburón del rock, pero a la vez es una opinión más. La vida continúa.

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