La Bersuit

Hace quince minutos que los musicos de Bersuit Vergarabat terminaron la última entrevista grupal del día (hubo fotos y un reportaje para una revista; una nota y un par de canciones para un canal de televisión)
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1 de agosto de 2002  

¡No, loco, así no va! ¡Es un desastre! ¡Salió como el orto, no se arma el groove, está muy lenta!

Es que recién terminamos de fumar se excusa el Cóndor.

¡Entonces hasta el viernes no fumemos más antes de ensayar, loco! grita el Pelado.

Estoy de acuerdo dice Pepe Céspedes, el bajista, sentado en una banqueta.

Sí, che, paremos con el porro agrega Albertito Verenzuela, guitarrista.

No, la Bersuit no se volvió una banda zen positiva, ni sus músicos se hicieron vegetobudistas. "Pero hay que saber cuándo hacer las cosas", explica Cordera, diez días y tres Obras después, sentado en el bar Británico, en Defensa y Brasil, frente a Parque Lezama. Conclusión: siguen consumiendo lo mismo de siempre, pero sólo en el lugar y el momento correctos.

Siempre hacemos todo a destiempo, por nuestra tendencia natural a boicotearnos. Tenemos que cuidarnos. Yo te puedo asegurar que, si queremos, en un mes podemos destruir catorce años de laburo con mucha facilidad. Ya sabemos lo que nos gusta. Si en este instante decís: "No tienen nada que hacer, diviertansé", sabemos cómo hacerlo. Por eso tiene que haber un marco de contención. En ese sentido, yo me siento muy feliz con lo que pasó el fin de semana en Obras.

Durante el fin de semana del que habla el Pelado (el viernes 5, el sábado 6 y el domingo 7 de julio), 14 mil personas vieron a Bersuit en el estadio de básquet más famoso de Buenos Aires. Pero al cantante no le agrada el lugar común que indica que a la banda le va bien cuando el país se incendia.

Creo que lo que triunfa en este momento con la Bersuit es la idea de grupo humano. Tuvimos muchos años sobrevalorando las individualidades y creo que eso hizo que la gente depositara fe en el individuo exterior, un Presidente, un ministro de Economía, un salvador religioso, y se olvidara de esa cosa cooperativa y tribal que es el grupo humano, que tiene muchísimo más poder que el individuo en sí mismo. Agarrar a un líder piquetero es mucho más fácil que agarrar a las 30 mil personas que marcharon ayer [se refiere a la marcha del 9 de Julio, de Congreso a Plaza de Mayo]. Y el triunfo de la Bersuit es el triunfo de un grupo humano. Es lo que a mí me hace sentir orgulloso.

ue hubiera sucedido con los integrantes de Bersuit Vergarabat de no haber existido la banda? Aunque es difícil imaginarlo, cualquier intento arrojaría conclusiones bastante frustrantes en comparación con el actual éxito conjunto. Carlos Martín integró una sola vez un grupo "por la plata" (La Fundación, a fines de los 80), pero el grupo duró poco porque "la plata no apareció". Desde entonces y hasta hace cuatro años cuando pudo empezar a ganar dinero como baterista de la banda, vivió de hacer marcos para cuadros, oficio que aprendió de quien también fue su maestro de batería: Alejandro Pensa. En 1983, Carlitos (así lo llaman todos) trabajó como su asistente, cuando Pensa era baterista de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. Hoy el profesor de Carlitos es asistente y "doctor en baterías" de Bersuit.

"Siempre me pareció que tener una banda era lo más saludable que me podía pasar, más que acompañar a alguien", dice Carlitos. "A mí me gustó siempre ese lugar colectivo en el cual poder zapar, hacer improvisaciones. Y una banda siempre te da más lugar para eso." Además de tocar la batería, Martín también se ocupa "de todo lo visual de Bersuit, desde el armado del escenario hasta las ideas y la supervisión del arte de tapa". Para el último ciclo en Obras fue con el Pelado a comprar los pijamas.

Carlitos tiene 36 años, igual que el bajista Pepe Céspedes y el tecladista Juan Subirá, y con ellos, en 1986, formó la banda "de fusión" La Palangana, la génesis de Bersuit. Esa "fusión" incluía candombe, murga, cumbia, chamamé, algo de jazz y casi nada de rock. Casi como Bersuit ahora. Un día, en la Casa de las Artes de Avellaneda, tocó La Palangana, apareció Gustavo Cordera y terminaron en el escenario zapando juntos. Tiempo después, el Pelado les propuso armar una banda para un concurso organizado por Tom Lupo, y Henry y La Palangana (a Cordera lo llamaban Henry) ganó el Primer Puesto. Después cambiaron el nombre por el de Bersuit Vergarabat y así empezó todo.

El Pelado confiesa que Carlitos fue la persona que le enseñó a escuchar música.

Cuando entré a Bersuit yo no había ido nunca a ningún recital de rock. Carlitos empezó a preocuparse por eso y empezamos a ir a ver bandas. Me hacía escuchar música para que diferenciara los instrumentos. Carlitos es el disc jockey del grupo, el que trae la música de afuera, junto con Juan. Trae música africana, música celta, música búlgara, música de cualquier lado. En el equipo, Carlitos es el arquero. Y también un buen defensor.

l pelado lleva un buzo que de tan feo no llega a ser horrible y mucho menos kitsch o camp. La ronda de entrevistas es en el bar de Salta y Cochabamba, y el primer turno es para el programa de cable La viola, de tn. Cuando termina la nota, salimos a tomar un taxi para ir hasta el bar Británico. Mientras esperamos, se le acerca una vieja.

¿Usted es de La Mosca? le pregunta.

No, señora, yo estoy con Las Cucarachas le contesta el Pelado.

–Yo estaba en el programa de Tinelli insiste la vieja.

–Ese se la lastra –el Pelado le sigue el juego.

–No me diga... ¿Y a Fantino no lo conoce? Yo lo conozco a Fantino –la vieja está totalmente pirucha.

–Sí, una vez fui al programa de Fantino –dice el Pelado. Llega el taxi. La vieja se queda hablando sola.

–Es verdad lo del programa de Fantino –me cuenta arriba del taxi–. Antes de salir me tomé un par de papeles y no podía hablar. Un bochorno. Juro que no voy a tomar más antes de ir a la televisión.

Cuatro horas más tarde, después de hacer notas con un programa de cable, tres diarios, dos revistas y un portal de Internet, el Pelado intenta irse del bar Británico. En la vereda lo encara un borracho. No lo reconoce, pero igual tiene algo para decirle. Todo bicho que camina y no va a parar al asador se pone a charlar con Gustavo Cordera. Y el Pelado habla.

–Esto me pasa desde chico, mucho antes de formar parte de Bersuit. Mi abuela murió en un neuropsiquiátrico y tengo otros familiares que se volvieron locos. Recibo mucho el dolor de la gente. Cualquier persona que está mal de la cabeza o tiene deficiencias de algún tipo se me acerca.

–¿Charlás con todos?

–Es que es dificilísimo desprenderse de ellos. Forman parte de tus días sin saber por qué. Por ejemplo, este fin de semana vino un chico mendocino que se llama El Indio, entró a Obras y se hizo cargo de la seguridad del lugar y del camarín durante los tres días. No fue ni contratado ni fue llamado para eso ni nadie se cuestionó qué estaba haciendo ahí. Tres días estuvo trabajando sin cobrar un peso, por el sencillo hecho de hacerse cargo del lugar. Bebió todo lo que había, consumió todo lo que había para consumir y cuando todo terminó se volvió a Mendoza. Un nivel de psicopatía magnánimo, incuestionable en su función.

oy fe: las fiestas en la casa de Juan eran cosa seria.

Yo fui a un par de esas fiestas inolvidables, las dos en el departamento de Almirante Brown y Pinzón. ¿Qué había allí? Una combinación infalible: buena música (mucho rock argentino, mucha música brasileña, uruguaya y de todo el mundo; reggae, cumbia) y gente que sabía divertirse, con ganas de divertirse. Había drogas y alcohol, pero no mal rollo. Las fiestas en lo de Juan fueron la reserva espiritual en los momentos más difíciles de la banda. Le planteo al Pelado mi teoría: que Bersuit triunfó cuando pudo reproducir aquellas fiestas ante la gente; cuando captó esa esencia y la socializó con el público. El Pelado asiente.

–En las fiestas, uno se convierte en lo peor, en lo que nunca se atrevería a mostrar en sociedad, y hasta produce risa. Están las miserias ahí, está la desesperación, y se está bailando y disfrutando de eso. A mí me parece que sacar la desesperación afuera hace que uno se sienta mucho más aliviado, más saludable. La fiesta hace bien, loco, cura todos los males. Uno no puede morirse nunca en una fiesta.

En aquel departamento de La Boca, Juan vivía con su hermano, también Juan. Juan es Juan Carlos, y su hermano, Juan José. El padre de ambos también se llama Juan y su abuelo también. El hijo de Juan José también se llama Juan, pero el de Juan (Juan Carlos Subirá), que nacerá en tres meses, se llamará Telmo. Los hermanos Juan y Juan compartían con un amigo el departamento frente a la seccional. Ahí hubo bardo un par de veces, como aquella en que había un patrullero estacionado en la puerta y nadie podía entrar, ni salir, y los pibes, desde la ventana, les gritaban de todo a los ratis. Después el amigo se fue y los Juanes tuvieron que mudarse a un lugar más chico.

Se fueron a pocas cuadras, Almirante Brown y Blanes, también en La Boca. Allí, por supuesto, continuó la fiesta eterna. Juan recuerda haber llegado a su casa un jueves a las 5 de la mañana y ver gente (amigos, amigos de amigos, conocidos y no tanto) que lo esperaba en la puerta "porque sabía que algo iba a pasar". Y pasaba. Entonces empezó a haber problemas con los vecinos. Hubo un episodio que Juan prefirió no divulgar durante mucho tiempo; porque siguió viviendo en el mismo lugar algunos meses después del incidente y porque quedó shockeado. Pero, fundamentalmente, porque fue la motivación del tema "El viejo de arriba", "el nuevo hit del lumpen rockero", según Cordera. Y Juan creía que, de saberse los detalles, la anécdota condicionaría a quien escuchara la canción.

Un vecino, muy enojado, bajó con una escopeta, golpeó a Juan en la cabeza con el arma y le dijo: "Yo puedo hacer esto", mientras le

isparaba a los pies. La bala le rozó la pierna. El Pelado le dijo algo al tipo y "el viejo de arriba" le contestó: "Vos no cantás más", al tiempo que le disparaba, según Juan, a no pegarle. Y después volvió a dispararle a Juan. Al menos esta vez no lo rozó. Se fueron corriendo al Argerich, pero Juan no tenía otra cosa que el susto más grande de su vida.

Antes de mudarse con su hermano, Juan vivía en un caserón enorme y semidestruido en San Telmo con Pepe y la que era novia de Pepe (hoy están casados), y Carlitos y su novia de entonces. Allí se gestó el culto de la banda por la música uruguaya. Fue Juan el primero que consiguió discos de Jaime Roos, de Mauricio Ubal, de Leo Maslíah, de murga y candombe. Y el que se los hacía escuchar al resto.

Si bien, a diferencia del Pelado, Juan sí había visto algunos conciertos de rock antes de subirse al escenario de Bersuit, tampoco era demasiado rockero. Como los demás integrantes de La Palangana, prefería ir a ver a Litto Nebbia, Los Músicos del Centro, Rubén Rada, Dino Saluzzi, Lito Vitale o bandas de jazz tradicional. Del "rock nacional" le gustaban Serú Girán, Spinetta, Manal y no mucho más. Y, a la hora de elegir discos, prefería los de Egberto Gismonti, Keith Jarrett, Pat Metheny, Meredith Monk o Hermeto Pascoal. "Por eso cuando empezamos a tocar con Bersuit me sorprendí mucho al ver ciertas cosas como el pogo", admite Juan. "Sabía que existía, pero la primera vez que lo vi fue tocando en Babilonia ante 500 personas. Yo pensé: «Uy, está todo mal». Con el tiempo entendí que era una nueva forma de baile, de contacto, hasta de demostración de cariño si se quiere, aunque violenta, que responde un poco a cómo son la sociedad y la ciudad."

Si bien participó de la formación original de Bersuit, en los primeros tiempos Juan no estaba muy seguro de querer ser parte de una banda y sólo subía al escenario como invitado en algunos temas. En esa época integraba el grupo experimental La Salud de los Enfermos, que formaba con teclado, saxo, violín y bajo. "En 1987 fui a un taller de composición en el Centro Cultural San Martín, que dirige Ricardo Capellano. Ese taller me abrió mucho la cabeza y me interesó la idea de trabajar en la música experimental. Se armaban grupos y se componían obras conceptuales, que en general eran raras por el tipo de búsqueda. Y ahí se armó La Salud de los Enfermos, donde estuve tres años."

Un día Juan decidió que Bersuit era su proyecto artístico principal, por amistad y porque vio que era el lugar donde mejor podía canalizar aquello que más le gustaba hacer: escribir canciones. Tomó la decisión en el 93, cuando, después de tocar en Mar del Plata, se quedó a pasar el verano allí con el Pelado y otro amigo que vendía remeras. "Yo no quería saber nada, pero me quedé", recuerda el tecladista. "Deambulamos por la costa, afincados en el camping de Mar del Plata, y comenzamos a experimentar ciertas cosas, a pasarla bien y a componer temas, que se convirtieron en los temas de Don Leopardo. A mediados de ese año La Salud se separó y yo me quedé definitivamente en Bersuit."

Mientras la banda no generaba dinero, Juan vendía los parlantes y radios para autos que armaba su viejo. "Me las rebusqué con eso muchísimo tiempo, hasta el 98, cuando todos empezamos a dedicarnos de lleno a la música." Ese mismo año (en el que apareció Libertinaje), editó de manera independiente Desconcierto para uno solo, un libro de relatos, poemas y textos inclasificables que se consigue en los shows de Bersuit; el Pelado o él mismo suelen leer algunos de esos textos en vivo. Ahora Juan tiene casi listo un segundo libro, que seguramente será de cuentos, pero con el trabajo de la banda se le hace difícil terminar de corregir el material.

Cuando puede, lee sus cosas en el café literario del GueBarA, como antes lo hacía en el Cabaret Poético de Tom Lupo, en el ciclo de B.Ode o en Yacaré Cumbiao. "Me gusta participar de eso, tiene que ver con la noche y con un montón de de personajes, más allá de que escriban bien o mal." Según el Pelado, Juan es una especie de editor literario dentro de Bersuit.

–No hay letra editada de la banda, por más que no sea mía ni de Juan, que no tenga la mirada de Juan o la mía. Y en el caso de que él haga una letra, la última mirada la tengo yo; y en el caso de que yo haga una letra, la última mirada la tiene él. La mirada que te dice sí o no. Y se respeta esa mirada.

iga usted, buen hombre, váyase a la concha puta de su madre, la virgen!

"¿Cómo digo eso? Muy sencillo: es una teoría, pero confío en mis dotes analíticas para aclarar mis dichos. La madre María dio a luz a un niño llamado Jesús. Se dice que su padre fue el Espíritu Santo, y no José el carpintero. Si esto fue realmente así, ¿por qué no fue bautizado con el nombre de Jesús Espíritu Santo? En cambio, como todos sabemos, fue llamado Jesús de Nazareth. Y Nazareth es un pueblo. ¿Puede ser que María, lejos de ser virgen, haya sido una puta del pueblo entero? ¿Y que a la vez haya copulado con todos y cada uno de sus habitantes? (...) Sostengo que Jesús fue el verdadero hijo del pueblo, un hombre conformado por el semen de todos los hombres. Un verdadero prodigio genético (...)."

(Fragmento de "Teoría de la virgen", Juan Carlos Subirá, abril de 1996. Incluido en el libro "Desconcierto para uno solo".)

l periodista de canal a no aparece en cámara, así que les pide que en cada respuesta retomen el tema sobre el que pretende que hablen. Les dice que tengan en cuenta que van para toda América latina. Y les pregunta cosas como: "¿Ustedes son la banda más comprometida? Porque yo creo que sí...", o "¿Creen que son más representativos que los políticos?". El pibe quiere que el Pelado se desboque, que diga que son todos una mierda, los políticos, los milicos, el fmi, Menem, Cavallo... Y el Pelado habla. Eso sí, después hay que elegir una canción y les propone a sus compañeros de banda: "Hagamos algo cool, que es para Canal á y pasan a Caetano Veloso, ese tipo de cosas…". Si hay algo que el Pelado aprendió en estos años es que dar entrevistas es una parte importante de su trabajo.

En Parque Lezama, el camarógrafo de Crónica Musical dice "listo" y el periodista va con la primera pregunta.

–Bueno, Gustavo, van a estar presentando en Obras el disco "De la cabeza...".

–No, vamos a tocar muchas canciones nuevas y algunas inéditas –me mira, me guiña un ojo y sonríe apenas, como para no faltarle el respeto a nadie–; sería muy psicópata presentar en vivo un disco en vivo.

Después vuelve a ponerse el casete.

reo que estoy mas rockero que antes", asume Pepe Céspedes. "Me gusta más el rock que cuando tenía edad de rock. Ahora compro discos de rock y antes compraba discos de Pat Metheny. En esa época no escuchaba bandas de rock, salvo los Beatles, Genesis y toda la mano sinfónica. En cambio ahora me encanta The Strokes. Y también me gustan Blur, Oasis, Gorillaz o Nine Inch Nails. Y de acá me gusta El Otro Yo."

Pepe no fue el bajista original de Bersuit, a pesar de que era amigo de todos y los conocía desde hacía mucho tiempo, porque no le cerraba el hecho de dejar La Palangana y formar una banda de rock. Como a Juan. El primer bajista de Bersuit se llamaba Miguel Jara. Desde que Jara se fue, Pepe aporta lo suyo como bajista, como compositor y como arreglador.

Durante mucho tiempo fue, también, junto a Charly Bianco, el que contenía, como podía, el descontrol que reinaba en la banda. Bianco dejó Bersuit, cansado de tratar de controlar lo incotrolable. Así que esa tarea, una de las más arduas, cayó exclusivamente sobre las espaldas de Pepe. "Yo soy el que se pone las pilas para los ensayos y trata de que la banda esté en foco", define Pepe. "Se me hizo duro, sobre todo cuando se fue Charly, porque a mí también me gusta lo otro."

Pilar musical de la banda y, a la vez, encargado de mantener las cosas más o menos encarriladas, no es extraño que Pepe sea el mayor fan de Gustavo Santaolalla. Y se le nota cuando habla: primero, por eso de que la banda esté en foco. Luego, al comentar que cuando se les ocurre una melodía a veces la graban con una guitarra y un tacho haciendo percusión, dice que es un registro in your face. Estar en foco y el sonido in your face son dos expresiones fundamentales en el vocabulario básico del gurú de Los Angeles.

Antes de vivir de la música con Bersuit, Pepe manejaba un taxi. Y más tarde, en la época de Don Leopardo (1996), puso un kiosco que fundió en dos años. Desde entonces decidió que, pasara lo que pasara, se iba a dedicar a la música. Dice el Pelado:

–Cuando hay que dar la última mirada a las canciones, el encargado de eso es Pepe, porque es el más músico. Es el que agarra la pelota dentro de la cancha y sabe manejarla. Pepe juega de ocho, es el que tiene que estar mirando cómo defiende, cómo ataca; es el nexo.

eriodista de la revista xxiii: ¿Qué sentiste el 11 de septiembre cuando volaron las Torres Gemelas?

gustavo cordera: Era algo que en algún momento iba a ocurrir y me llamó la atención que no hubiera ocurrido antes. Fueron tantas las masacres que realizaron los Estados Unidos en todo el mundo, que alguien, en algún momento, les iba a hacer un daño así. Si a mí me hubieran cagado a palos toda la vida y hubieran asesinado a mis hijos, a mis padres, a mi mujer y a mis amigos, tranquilamente podría ser un terrorista que se inmola.

n su primer trabajo como guitarrista, Oscar Righi no tuvo que tocar la guitarra. La música era de Astor Piazzolla y tuvo que hacer playback. Oski (así lo llaman todos) tocaba la guitarra tanto como Miguel Angel Solá el bandoneón. Fue en 1985, en la película El exilio de Gardel, de Fernando Pino Solanas, donde participó como extra. En esa época estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad de Belgrano y trabajaba con su papá en una fábrica de llantas de bicicleta. Pero Oski sabía tocar la guitarra. Había empezado a estudiar a los 13 con Juan Barrueco y le gustaba el rock, el maldito rock; un año antes había ido a ver a Pescado Rabioso y había decidido que quería ser como Spinetta.

Durante el rodaje de El exilio..., Oski se hizo muy amigo de Solá, que empezaba a cantar sus propias canciones acompañándose, como podía, con una guitarra. "Y como yo me quería llevar las minas también, un día me traje mi guitarra española y empecé a tocar con él." Juntos formaron La Típica en Leve Ascenso, una banda músico-artístico-teatral que tuvo cierto éxito a fines de los 80. Oski es el creador de Alberto Carlos Bustos, el compositor de los temas del grupo, algo así como la versión nac & pop de Johann Sebastian Mastropiero.

La Típica duró seis años y si no siguió no fue porque le fuera mal. Al contrario. Tan bien le iba a La Típica que sus integrantes compraron un teatro, El Callejón de los Deseos, del que Oski sigue siendo uno de los dueños. Pero Solá no podía asumir todos los compromisos que tenía con la banda. "Y para la gente, los productores y la prensa, sin Miguel no había grupo…" Durante uno de los paréntesis entre los compromisos que debía cumplir Solá, a Oski le ofrecieron actuar en Estocolmo con una cantante de tangos que por ese entonces era su mujer. Se quedó un año en Europa e hizo de todo: desde tocar hasta limpiar en un McDonald’s; la paga siempre era buena y le permitió comprarse un par de guitarras midi y equipos con los que acá no podía ni soñar.

Volvió, y a los tres meses le robaron todo después de una prueba de sonido. "De alguna manera les agradezco a los ladrones porque me sacaron el problema de la guitarra midi. Dejé de creerme que era Pat Metheny y me puse a tocar la guitarra." La Típica y la Bersuit tenían la misma manager: Gloria Guerrero, hoy secretaria de Redacción de RS. Y fue Gloria quien le propuso a Oski que fuera a tocar con la Bersuit. "Yo terminaba de tocar en el Alvear con La Típica y me iba a Oliverio a zapar con los pibes. Una vez funcionó, otra también, así que empezamos a ensayar y nos hicimos amigos."

Dice que su papel dentro de Bersuit es "ponerle la potencia eléctrica a la banda". El Pelado coincide.

–Oski es el reviente del rock, el odio en la guitarra. Me hace acordar a dos nueves de Boca: Salinas y Randazzo. Pero es raro ubicarlo en la cancha. Oski es el escepticismo y la duda permanente. Tiene un sentido del humor tan corrosivo y tan ácido que ni lo más sublime puede escaparse de su corrosividad.

urante el show, el pelado habla poco. Poco, comparado con los momentos insufribles de los años oscuros de la banda, cuando subía al escenario después de que la merca y el alcohol le pegaran mal (véanse RS 16 y RS 30). En Obras, antes de tocar "Perro amor explota", hace una breve presentación.

–Este es un homenaje a las 32 personas que, desde el 19 de diciembre, murieron por un ideal. Las últimas dos, hace diez días. Hace mucho que no pasaba algo así: el pibe [Maximiliano] Kosteki

estaba tirado en la calle y [Darío] Santillán fue a darle una mano. Cuando lo mataron estaba tratando de ayudar al otro. ¿Cuánta gente es capaz de ir a darle una mano a alguien en un momento así? El movimiento piquetero es lo más solidario que está sucediendo en las bases populares en la Argentina. Aunque a la clase media le moleste que corten las calles y no puedan pasar con sus autos.

Ahora los que están sobre el escenario son los trabajadores de editorial Perfil. El cantante explica a la multitud: "Ellos están luchando porque un juez trucho e incompetente anuló el Estatuto del Periodista. Eso es un atentado a la libertad de prensa". La bandera dice por la defensa de los estatutos. trabajadores de prensa de editorial perfil. (Hoy, después de que la Justicia diera lugar a la apelación de los trabajadores, el conflicto entró en stand by por dos meses.) Suben los obreros de la fábrica de cerámicos Zanón. La bandera dice zanon es del pueblo. apoye a los obreros. Con los obreros, la banda toca "Señor Cobranza" y el público rapea y canta el riff de teclado.

No es la primera vez que los músicos de Bersuit ofrecen su micrófono a la gente en lucha. En 1998, durante la presentación de Libertinaje en Parque Sarmiento, invitaron al Perro Santillán para cantar "Señor Cobranza". En De la cabeza, antes de tocar "Vuelos" el Pelado dice: "Este es un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas de Plaza de Mayo y a la agrupación h.i.j.o.s., que mantienen vigente una historia que no se va a olvidar". "Vuelos" es una canción que escribió Pepe, basada en el libro El vuelo, de Horacio Verbitsky. Después del tema, el estadio arde y la gente corea: "Hay que saltar/ hay que saltar/ El que no salta/ es militar".

lbertito hacia bondis. Hace nueve años, cuando reemplazó como guitarrista rítmico a Charly Bianco, Alberto Verenzuela tocaba la guitarra en los colectivos. Lo hizo durante tres años porque, según cuenta, entró en "el período más oscuro de la banda", cuando no había un peso y cada uno se las tenía que rebuscar como podía. "Ganaba unos cuantos mangos, pero en esa época se despilfarraba mucho, también", se ríe Albertito (así lo llaman todos) con su sonrisa pícara a la que le falta un diente. "Pero ayudaba en mi casa, donde la cosa estaba medio jodida." Dice que tocar en los colectivos lo ayudó a encarar a la gente ("pasé de la timidez total a ser el psicópata que se presenta") y que elegía los repertorios de acuerdo con la línea, el horario y, sobre todo, el público que tenía delante. Según el caso, podía hacer algo de rock nacional (Charly, Fito, Spinetta, Calamaro), folklore o tango: "A veces me volvía loco, tocaba jazz tipo Django Reinhardt y golpeaba el techo del colectivo, o me ponía la guitarra en la cabeza, o atrás, en la cintura. Hacía cualquiera".

Albertito era compañero de la primaria del hermano de Juan Subirá. A los 8 años empezó a tocar folklore y a los 10 se puso a estudiar clásico, ocho horas por día. Hasta que descubrió a los Beatles y más tarde el blues y el rock sinfónico y entonces, además de estudiar, se puso a sacar canciones de oído. A los 20 era guitarrista de una banda "de rock con sonido vintage" que se llamaba Contorno y sus Adentros. Paralelamente se ganaba la vida tocando el banjo en la Bohemia Jazz Band, en fiestas de 15, casamientos y recepciones. Entonces se reencontró con Juan Subirá, que estaba tocando en La Palangana. Juan lo invitó a zapar. "Empecé a meterme en ese mundo, a ir a reuniones donde se debatían conceptos, se contaban relatos, todos escribían..."

Unos años después lo invitaron a salir a escena con Bersuit en dos shows… pero tocando la armónica. Albertito recuerda en particular uno de los dos conciertos, en el Museo Rock: subió en "Ausencia de estribillo" y no paró de tocar esa armónica durante todo el tema; fue insoportable. Cuando Charly Bianco desertó, Albertito fue el nuevo guitarrista de Bersuit. Dice que es parte de la base de la banda: "Hago guitarras rítmicas, más bien guitarras limpias, aunque me gustan mucho las guitarras sucias y estoy incorporando cada vez más sonidos sucios. Me gusta mucho el sonido crudo de la guitarra. Como The Who, por ejemplo, o The Kinks".

Pero su gran aporte a Bersuit fue como compositor. "Yo compongo mucho. Me agarran etapas de trabajar cinco o seis temas a la vez; después paro y no hago nada por un par de meses. Por ahí sólo escribo títulos y la armonía en la que está. Por ejemplo, uno se puede llamar Pop en Do menor. O Rock en Si séptima. Y así me acuerdo cómo es la melodía, ya la tengo en la cabeza. Y me aparecen personajes o situaciones a los que adherir esa armonía. La mayoría de mis canciones tienen mucho de sátira, de ironía. Tienen que ver con el costado psicópata, cagador y engañador de los porteños. Pintan un poco lo que somos."

Pero no siempre fue así. "Empecé a componer a los 18; rock, más que nada. Pero también tangos, reggae, canciones intrincadas con varios ritmos. Las tengo ahí, archivadas. La mayoría son temas más bien oscuros. A partir de los 25 se puso oscura la cosa. Me siento muy cómodo en ese tono lúgubre. En algún momento puede que agarre esas canciones, las revise y haga algo con ellas."

El Pelado dice que Albertito "es un genio".

–Es tan receptivo de todo lo que ocurre, que hemos pasado con él por experiencias insólitas. Por ejemplo, un día yo toqué una canción por primera vez, con letra y música; él se estaba bañando y se suponía que no me escuchaba. Cinco días después agarró la guitarra y me dijo: «Che, qué buena esa canción que escuché el otro día», y se puso a hacerla con los mismos acordes, la misma melodía y la misma letra. No sólo se sabe todas las canciones que hacemos, sino la obra completa de los Beatles, de los Rolling Stones, de Abba, de Sandro, de Black Sabbath, de Radiohead, de Gaby, Fofó, Miliki y Milikito, todo tipo de canciones folklóricas. Y como compositor es brillante. Es como el Loco Houseman: puede hacer una jugada genial o entrar borracho adentro de la cancha y no agarrar una pelota.

ueremos las tetas/ que lindas que son/ para toda la monada/ «Hociquito de ratón»." La popu está caliente y el Pelado pide garantías: "Hociquito..." se toca sólo si "hay garantías". Sabe que las hay: en el camarín esperan cinco chicas que debajo de sus largos abrigos llevan sólo pantalones o pollera. Arriba, nada de nada. Los abrigos no tapan mucho que digamos y dejan evaluar perfectamente el panorama: todas tienen muy buenas tetas. Algunos pares de tetas están llenos de brillantina y una de las señoritas tiene maquillada la cara como una gata.

Luego del concierto, el Pelado confesaría que lo sorprendieron tantas "garantías": doce mujeres y 24 tetas subieron el viernes a bailar y pelar durante "Hociquito...", y otras tantas el sábado. Muchas danzan para el público. Pero algunas bailan exclusivamente para el Pelado, que se tira al piso y disfruta de un panorama inmejorable. La del maquillaje de gata termina refregando sus tetas colosales en la cara del cantante. ¡Idolo!

Bersuit tiene un rollo con las mujeres. Y las mujeres con rollos le encantan a Bersuit. "Valen más dos gordas que Brooke Shields/ Traigan dos gordas/ A las dos, a las dos las quiero acá", dice el estribillo de "Las gordas". El tema, que no fue compuesto por el berretísimo Rodolfo Zapata aunque bien podría, quedó afuera de Hijos del culo (para fortuna del mejor disco de estudio de Bersuit Vergarabat), pero los músicos insisten en seguir tocándolo. Y así como el escenario se llena de tetas en "Hociquito de ratón" y de petisitas culonas en "La petisita culona", cuando suena "Las gordas" suben… dos terribles gordas. ¡Verbo carne!

a llevamos un par de horas de charla con los ocho Bersuit en el bar Británico, cuando les propongo hablar con cada uno, por separado. "Bueno", dice Dany, "primero vamos nosotros". ("Ahí los tenés a Dany y el Cóndor", me había dicho el Pelado. "Los nombro a los dos juntos porque son como los hermanos Macana. Es muy difícil pensar en uno sin pensar en el otro.")

Dany (Daniel Suárez) y el Cóndor (Germán Sbarbatti) tienen la misma edad (30) y hacen música juntos desde 1988. Empezaron a tocar con una banda de culto del Oeste del conurbano bonaerense, Resortes Antagónicos, con la que grabaron dos discos. Dicen que Resortes hacía "un rock muy de los 80" y que era "muy correcta y muy fría a la vez; le faltaba lo que le sobra a Bersuit: magia". En la banda, Dany cantaba y tocaba la guitarra y el Cóndor cantaba y tocaba el bajo. En su tiempo libre hacían tango y folklore, jugando con las armonías vocales como lo hacen hoy en Bersuit. Además, el Cóndor canta en coros desde hace quince años y desde hace doce dirige el Coro Municipal de Niños de Moreno.

Los dos entraron en Bersuit en noviembre del 96. Un tiempo antes, el entonces manager de Resortes (y actual manager de Bersuit), Cristian Merchot, les propuso hacer una gira a las dos bandas juntas y fue allí donde todos se conocieron. Dany manejaba un micro de gira y ambos empezaron como chofer y plomo, pero enseguida aparecieron en escena como cantantes invitados. El demo por el que Gustavo Santaolalla accedió a producir a Bersuit Vergarabat –luego de varias negativas y después de asegurar (tras un show "patético" según el Pelado, en El Viejo Correo) que con ellos era "imposible" trabajar– fue grabado en la sala de ensayo de Resortes Antagónicos, en Morón.

En Libertinaje, Dany y el Cóndor aparecen como "invitados permanentes"; a partir de Hijos del culo, como integrantes de la banda. Sus armonías murgueras remiten (aún más) a la banda de Jaime Roos. Sin embargo, el Cóndor jura que antes de entrar en Bersuit no conocían nada de música uruguaya. "Lo que pasa es que, como hace años que estamos estudiando canto, eso te da la posibilidad de adaptarte rápido a un montón de cosas. Nosotros escuchamos música uruguaya durante media hora y ya estamos cantando como uruguayos." Y Dany agrega: "Pero nuestra influencia, en realidad, es el rock nacional. Las armonías vocales las sacábamos más que nada de bandas como Serú Girán. Charly, Pedro y David armonizaban bárbaro".

En escena, Dany y el Cóndor resultan fundamentales. Pueden pasar inadvertidos por un buen rato y enseguida salir al frente, saltando y arengando al baile, el canto y el pogo. A veces se entusiasman tanto que se les va un poco la mano: el viernes, en Obras, el Cóndor calculó mal el salto, y el sábado y el domingo tuvo que aparecer en escena con una muleta, por una distensión de ligamentos. El Pelado los elogia.

–Son delanteros goleadores que por ahí no aparecen mucho dentro del show… pero cuando aparecen hacen un gol. No están en el armado de las canciones, pero te las embellecen. Y la hinchada grita cuando los ve; juegan para la hinchada, son un 9 y un 11 tribuneros.

ntes de empezar los shows de Obras, los pibes cantan: "Ooooh, que se vaya Duhalde/ a la concha de su madre"; "Ooooh, que se vayan todos/ que no quede uno solo"; "Como a los nazis les va a pasar/ a donde vayan los iremos a buscar"; y "¡Piqueteros, carajo!". Son consignas paridas en las marchas de las Madres, en los escraches de la agrupación h.i.j.o.s., en las asambleas barriales, en los cortes de rutas. Bersuit Vergarabat es la banda que mejor está representando el compromiso social y político con lo que pasa aquí y ahora, algo que en los 80 fue patrimonio exclusivo de compungidos cantautores y en los 90 explotó en el rock con Los Fabulosos Cadillacs. El compromiso de Bersuit a veces se manifiesta en tono de denuncia; otras, como una celebración desbocada de embriaguez y sexualidad; muchas, echando mano al humor más popular, de trazo grueso y gusto dudoso; la mayoría, haciendo una mezcla de todo eso.

Mientras afuera los chicos gritan y acomodan las banderas, en el camarín, el Pelado recibe a los trabajadores de Perfil y de Zanón y les pide que le expliquen exactamente por qué están luchando; quiere que el show salga bien y se vuelve obsesivo. Tanto que, por primera vez en cuatro días, lo veo coqueto: lo maquillan, le delinean los ojos; parece Ney Matogrosso, pero machito y del Docke. No es la estrella de rock más producida del país, no, pero –si tenemos en cuenta lo poco que parece importarle su imagen en la vida cotidiana– en el escenario es puro glamour.

Mientras elige cuidadosamente su pijama vuelve a destacar la idea de grupo y me explica que desconfía de los líderes. Al mismo tiempo, asume su condición de líder de la banda. Es parte del equilibrio que Bersuit logró en los últimos cuatro años. Y así como tiene claro cuál es el lugar que ocupa en la cancha cada uno de sus compañeros, también sabe perfectamente cuál es el suyo.

–Yo soy el que se carga el equipo al hombro. Tengo la cinta de capitán y por eso tengo que conciliar más que confrontar. Muchas veces hablo como dos personas: por un lado, mi ego, lo que yo siento y lo que tengo ganas; por otro, la persona que está fuera de mí y habla pensando en la banda.

Ese razonamiento es el que lo lleva a insistir sobre cómo funciona el equipo y sobre, por ejemplo, el modo en que juntos resuelven la distribución de las ganancias: el dinero que cobran por derechos de autor se reparta en partes iguales entre todos los integrantes. "Aunque", admite, "a mi ego no le guste regalar plata de derechos de autor". Dice que, gracias a eso, el grupo se sostuvo durante catorce años; que eso les da a todos libertad para elegir las canciones, ya que nunca hay competencia por anotar un tema en la sadaic. O sea: "El que no hace canciones cobra lo mismo que el que las hace".

Ahora le pide al manager que no deje pasar a nadie más a la zona del camarín donde están los músicos; que se queden todos del otro lado, donde están las chicas, los familiares, los amigos. Necesitan concentrarse. Me confiesa que antes de subir a escena no va a tomar nada porque quiere estar bien. Desde afuera llegan los gritos de los pibes que cantan "olé olé, olé olé olá/ de la cabeza con Bersuit Vergarabat". El Pelado dice que esa es una buena consigna para el público, pero no para él; que en ese momento prefiere disfrutar de lo que le gusta hacer, que es cantar y no estar de la cabeza. A cambio, se pone a hacer ejercicios de yoga "para estirar todos los músculos".

Cuando esta nota comenzó a producirse, el Pelado no quiso saber nada con aparecer solo en la tapa de Rolling Stone; creía que había abusado demasiado de su imagen e insistía en que Bersuit es una banda de ocho personas que tienen voz y voto y que toman decisiones… le guste o no a quien en las entrevistas muchas veces aparece como el dueño del circo. Finalmente accedió en parte: en la tapa podía estar solo, pero adentro tenía que aparecer toda la banda. Más que nunca, quería destacar al grupo humano por sobre las individualidades.

En los casi veinte días que duró este reportaje, el Pelado retomó una y otra vez la idea del triunfo colectivo como la mejor forma de sobreponerse a las adversidades. En los camarines de Obras no quiso pasarlo por alto.

–Creo que estamos acompañando el momento social de cabo a rabo. Y la gente está acompañando también nuestro momento. Justo cuando surgen las asambleas populares, y los grupos humanos empiezan a fortalecerse, la Bersuit está llenando tres Obras.

Los de seguridad despejan el acceso y el manager da el ok. "Bueno, vamos", ordena el Pelado y se pone último en la fila. Los ocho jugadores atraviesan el pasillo y suben la escalera que los lleva rumbo al escenario. Afuera, la monada ruge. Se viene el estallido.

Producción: Paula García.

Asistentes de fotografía: Francisca López y Ramiro González. Bandera: Guillermo Iuso, para el estudio Buenos Aires Color.

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