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El Presidente pidió perdón en la ESMA

Lo hizo en nombre del Estado, "por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia" los crímenes del Proceso Atacó duramente a los gobernadores del PJ que faltaron al acto Los manifestantes entraron en el predio y hubo destrozos "No vengo con odios ni rencores", dijo
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25 de marzo de 2004  

Ya había ordenado abrir las rejas de la ESMA, ante la ovación de una multitud con banderas y pancartas. Después, el presidente Néstor Kirchner salió a la calle y caminó 200 metros entre la gente por la Avenida del Libertador, casi sin aire, hasta un escenario donde se lo vio llorar en silencio, de la mano de su esposa.

Pero los gestos de la ceremonia que mayor expectativa generó en el actual gobierno quedaron tapados ayer por las palabras que seguirían: un discurso improvisado por Kirchner, breve, pero destinado al impacto inmediato en todo el ambiente político.

"Vengo a pedir perdón de parte del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades", gritó, con la voz quebrada.

Casi todo el gabinete nacional y tres gobernadores aplaudían desde la calle, mezclados con los manifestantes congregados para recordar el 28° aniversario del golpe militar y la entrega de la ESMA para transformarla en el Museo de la Memoria.

La gran mayoría de los jefes peronistas faltó al acto tras los cuestionamientos de la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Sólo fueron el santacruceño Sergio Acevedo y el misionero Carlos Rovira (hoy alejado de la estructura del PJ). También participó del acto el mendocino Julio Cobos, de la UCR.

Kirchner, muy enojado, respondió desde el escenario a los cinco gobernadores peronistas que el día anterior habían redactado una solicitada en la que defendían su actuación durante la dictadura y su compromiso con los derechos humanos (sobre lo que se informa en la página 10).

"Esto no puede ser un tira y afloja entre quién peleó más o peleó menos, o algunos que hoy quieren volver a la superficie después de estar agachados durante años, que no fueron capaces de reivindicar lo que tenían que reivindicar", enfatizó.

Fuentes del Gabinete explicaron que el Presidente estaba especialmente fastidiado con la actitud de José Manuel de la Sota y Felipe Solá, que encabezaron ceremonias en sus provincias y deslizaron críticas hacia la política de la Casa Rosada.

Apenas había banderas partidarias en las cercanías de la ESMA, pero sí símbolos de gremios, de la asociación de ex piqueteros que conduce Luis D´Elía y de las agrupaciones de ex prisioneros de la dictadura.

Contra el PJ

Kirchner se encargó de resaltar esa convocatoria extrapartidaria y descargó más quejas hacia las autoridades del PJ. Empezó y terminó su discurso dirigiéndose a las "Madres, Abuelas, Hijos", y añadió sobre el final: "No vengo en nombre de ningún partido -dijo-. Este paso que estamos dando hoy no debe ser llevado adelante por las corporaciones tradicionales que por allí vienen especulando mucho más en el resultado electoral o en el qué dirán que en defender lo que pensaban o deberían haber pensado".

El escenario había sido montado en la calle Comodoro Rivadavia, pero cientos de manifestantes siguieron el acto desde adentro, trepados a los edificios o apelotonados contra las rejas. No había allí un solo militar y la Policía Federal se desplegó por fuera del predio, por orden directa del Presidente.

Cuando Kirchner se retiró, hubo destrozos, robo de materiales y pintadas en las paredes.

La concentración frente a la ESMA había comenzado a primera hora de la mañana, mucho antes de la llegada del Presidente.

"Cuando abran las puertas no avancen, porque van a aplastar a las Madres y a las Abuelas que están en primera fila", se advirtió al mediodía desde los altavoces. Era la garantía de que no se frustraría el gesto organizado por el Gobierno.

Kirchner y el jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra, firmaron unos minutos después, a la vista de todos, el convenio de cesión de la ESMA.

La otra parte del acto transcurriría entre lágrimas y euforia. La versión del Himno de Charly García conmovió al Presidente y a la senadora Cristina de Kirchner. Volvieron a llorar cuando la actriz Soledad Silveyra leyó un poema de Ana María Ponce, una amiga de ellos desaparecida en la ESMA.

"No es rencor ni odio lo que nos guía. Los que hicieron este hecho tenebroso y macabro tienen un solo nombre: son asesinos repudiados por el pueblo argentino", dijo Kirchner, luego de oír a dos hijos de desaparecidos nacidos en la ESMA.

Joan Manuel Serrat, León Gieco y Víctor Heredia aportaron la última emoción a los manifestantes, cuando, lejos de ahí, estallaban repercusiones de todo el espectro político.

Abucheos para Ibarra

  • El jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, pasó un mal momento en la ESMA. Una fuerte rechifla acompañó su discurso desde el comienzo. "¡Gorila!", le gritó un manifestante con un bandera con la imagen de Ernesto "Che" Guevara. "¡Amigo de De la Rúa!", se oyó. "Somos la Argentina que mira al futuro sin perder de vista el pasado", enfatizó Ibarra en su mensaje. Mientras lo aplaudían, dos ministros de Kirchner comentaban entre ellos que era injusto el agravio a Ibarra, que, destacaron, dio muestras de su compromiso con los derechos humanos.
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