Spineta

La expectativa subía desde la platea y el pullman, y flotaba en el aire art-decó del Opera como una densa neblina.
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1 de noviembre de 1999  

La expectativa subía desde la platea y el pullman, y flotaba en el aire art-decó del Opera como una densa neblina. Una audiencia aquejada de mal de ausencia esperaba a su ídolo, alejado de los escenarios porteños por varios años. Aunque nunca trascendieron del todo los detalles, ese período sabático coincidió con un desencanto generalizado de Spinetta con los tejes y manejes de la industria discográfica y de los medios de difusión.

A mediados de 1995 se supo que Luis había desintegrado su vieja banda para armar un trío, con Marcelo Torres en bajo y Daniel Wirzt en batería. Los afortunados que habían tenido acceso a ensayos y demos hablaron de un retorno del Flaco al rock visceral y furioso de los primeros días de Pescado Rabioso e Invisible.

Cuando la feligresía ya se relamía por la inminente edición del nuevo material, el desastre asomó su fea cabeza: ningún sello grabador aceptó pagar los 200 mil pesos que el ex Almendra exigía para entregar los masters de producción. Lo que vino después fue un intenso debate público sobre el papel de artistas y grabadoras.

Mientras continuaba la pulseada discográfica –que ganaría Sony–, Spinetta decidió retomar contacto con el público y, tras dos o tres recitales en el interior del país, su trío estuvo listo para subir al escenario y estrenar el material que aparecería a medidados de 1996 en el álbum doble Spinetta y los Socios del Desierto.

Con un espartano juego de luces como fondo, las primeras imágenes que vio ese Opera repleto mostraron a un Spinetta de dientes apretados, prologando "Nasty People" con una dedicatoria "a la gente que más odien". Se trataba de un funk en inglés, con un cierto guiño a Hendrix en las escalas. Torres y Wirzt suministraron una base gorda, mientras Spinetta disparaba frases incisivas en su guitarra con wah-wah y mascullaba contra "esa gente imbécil y desagradable".

Tras un cuarto de siglo como artífice de cuatro grupos seminales del rock nacional, nadie podría haber acusado a Spinetta de ser complaciente. Pero, aun así, la rabia que destilaba el material nuevo llamó la atención de todos. "Cuenta en el sol" –una viñeta sobre el poder y la codicia– mostró, de paso, el espacio y la dinámica interna entre los tres músicos, mientras que el tono introspectivo de "Se convirtió en la noche" y el tinte jazzero de "Mi sueño de hoy" sirvieron para destacar las variantes estilísticas de las flamantes composiciones. Un momento especialmente impactante fue el de "Bosnia", alegato existencial y antibélico de actualidad casi periodística.

Spinetta tampoco se privó de deslizar palabras críticas para la realidad nacional, por ejemplo en "Espejo de una sombra", a la que prologó diciendo: "Algunas de estas visiones son obviamente sarcásticas, pero obedecen a una realidad [todavía] mucho más sarcástica". Incluyó favoritos recientes, como "La montaña"; brindó nuevas lecturas de viejos clásicos ("Como el viento voy a ver" y "Credulidad") y preparó un grand finale con un terceto irresistible: "Rutas argentinas", "Ana no duerme" y el gran hit de Pelusón of Milk: "Viviendo sin tu amor".

Como en otros retornos de Luis –el debut de Pescado en el cine Metro, en mayo de 1972, o la première de Invisible en el Astral, en noviembre de 1973–, aquí daba comienzo una nueva etapa en la carrera de un artista esencial.

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