La venganza de los pijamas

El día que esta charla tuvo lugar, Gustavo Cordera estaba en Buenos Aires cuando se suponía que debía estar en México, apoyando el lanzamiento local de Libertinaje.
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1 de julio de 1999  

El distrito federal de mexico había sido empapelado con afiches con la cara del Pelado, con una -luego paradójica- inscripción: buscado. A Cordera lo esperaban canales de tevé, estaciones de radio, medios gráficos. Pero...

-Estaba en Ezeiza, a punto de embarcar, y un señor con estado de ánimo neutro y la frialdad propia de un muerto, me dijo que no iba a poder viajar a México.

"-¿Por qué?

"-Porque usted tiene un comparendo, está citado por la Justicia...

"-Mire, tengo que trabajar, es la primera vez que voy a México...

"-No va a poder viajar.

"-Bueno, pero...

"-No va a poder viajar.

"Ante mi dolor", destaca el Pelado, "lejos de levantar la voz, el tipo se enfriaba más. Empecé a ponerme nervioso. Faltaba media hora para que saliera el vuelo y el que tenía que llamar al juzgado, para que autorizaran mi viaje, seguía charlando con la novia. Otro policía se puso a cantar: «Tomo, para no enamorarme, me enamoro, para no tomaaar». Lo que pasaba era lógico. Yo los desprecio y ellos disfrutan cuando yo sufro".

El "comparendo" se debía a que, en 1996, el Pelado trabajaba vendiendo planes de ahorro para una empresa cuyos dueños resultaron ser unos estafadores. Uno de los damnificados, en su denuncia penal, involucró a Gustavo. "Yo estaba ganándome el mango y me arruinaron. Terminé siendo intermediario en una cadena de estafadores y estafados", se lamenta.

Bersuit Vergarabat lleva vendidas en la argentina 90 mil copias de Libertinaje , su cuarto álbum, que acaba de ser editado en varios países de América latina y en España. Libertinaje vendió el doble de copias que Y punto ..., Asquerosa alegría y Don Leopardo juntos; puso a la banda en todas las fm y en las promociones de Gasoleros y motivó que Raúl Portal le encargara a la banda una cortina para PNP . "Hace unos días pagué todas mis deudas", confiesa Gustavo, "y estoy muy feliz por eso. En los últimos doce años nunca tuve dinero. Toda la ropa que tengo me la regalaron; me echaron de todos los lugares donde viví por no pagar el alquiler. Vivo este momento como una recompensa muy piola. Me hace muy bien saber que no soy tan inútil (risas)".

Hubo un tiempo en que Gustavo Cordera no era pelado ni soñaba con ser un cantante de rock. Vivía en Avellaneda y deambulaba por las facultades en busca de una carrera que lo representara. Probó con Agronomía, con Ingeniería química y con Ciencias de la comunicación, orientación Publicidad. "Militaba en Franja Morada, tenía una novia, era un buen muchacho de la clase media argentina, hasta que fui al Brasil", primero, a Porto Alegre; después, a Bahía, "y ahí se metió la música en mi vida".

En 1989, Gustavo formó Bersuit Vergarabat. Según explicó por aquellos días, había algo de semiótico en ese nombre. "Como las palabras suelen desgastarse, perder su significado, nos pusimos un nombre que directamente no quisiera decir nada", definía. La banda se vistió de pijama y el Pelado, que apenas había visto algún recital en su vida, bailaba en escena de manera muy poco ortodoxa: una combinación de meneos eróticos con quiebres de cintura y fintas futboleras, como queriendo trasladar al rock & roll su sueño de ser el Nº 10 de Lanús. La banda empezó tocando en Oliverio para cuarenta personas y rápidamente se convirtió en la más firme promesa del under ; llevaba 1.500 personas a Cemento cada vez que se lo proponía. En 1992, Bersuit grabó Y punto ..., con los temas que su público ya conocía por haberlos escuchado en los recitales: "20 millones", "Como nada puedo hacer" o la versión en castellano de "El tiempo no para", del brasileño Cazuza.

-El primer disco hablaba mucho de mí como persona. Llevaba muchas historias de antihéroes y fue un vómito adolescente. Estábamos comenzando este viaje de una manera acelerada. Derrochamos energía y tuvimos sexo, droga y rock & roll de verdad. Hicimos espectáculos con gente como Batato [Barea] y Tortonese, Daniel Aráoz, Enrique Symns, las Gambas al Ajillo... Comenzaba el menemismo y muchos de nosotros advertimos lo que se venía y quisimos reventar...

Y punto ... vendió rápidamente 20 mil copias, una muy buena cifra para un debut. Sin embargo, algo falló.

-Cuando pienso en esa época tengo dos sentimientos profundos y contradictorios; por un lado, valoro esa inocencia, ese reviente, ese desprejuicio, esa coquetería con la muerte; por otro lado, tengo la profunda vergüenza de saber que puse mis miserias personales por encima de la música. Y la música es sagrada.

-¿Qué pasó?

-Necesitaba afecto y traté de comprarlo a un precio enorme. Tenía una relación mesiánica con el público y la gente se comía que yo era, qué sé yo, el sucesor de Luca Prodan... Y en el fondo era un pobre imbécil. Hicimos Obras en el 92 y nos fue como el orto. La misma gente que había armado a mi personaje, lo mató. En el 93 hicimos Asquerosa alegría , editado por dbn. Fue un disco desparejo: introvertido, tímido, el más oscuro de los cuatro. Ahí empezaron a bajar nuestras ventas y nuestro rendimiento. Empezamos a fisurar como personas. Aprendí a robar en los supermercados, empecé a descreer de la gente, de la vida, de todo.

-¿Qué culpa tuvo la cocaína?

-Sería muy fácil echarle toda la culpa a la merca, muy pelotudo: simplista como es el fascismo, ¿me entendés? A mí me sirvió para exterminar mi personalidad. Yo creía que era una buena persona, muy generoso, incapaz de hacerle mal a nadie. La merca, al reventar mi cáscara, hizo salir de adentro mío una cantidad de mierda que me asustaba: un tipo miserable, ruin, traidor, cínico, maricón.

-Te sacó una foto...

-Me sacó una fotografía interna un poco más apaisada... Le tengo que agradecer eso, pero la tengo que desterrar de mi vida porque es lo que el poder vende para que estemos enfermos: te debilita, te hace cagón, te hace no tener fuerza en tus creencias ni energía para hacer las cosas. No encuentro nada que me hable más del fracaso que la ingestión nocturna de cocaína y la fisura. No le puedo echar a la merca la culpa de que a Bersuit no le haya ido bien, porque estaba muy bien que no nos fuera bien. Estábamos descontrolados, en un juego que no tenía nada que ver con la música.

-Por esa época saliste por los medios a pelearte con los Redonditos de Ricota. Recuerdo un día que Bersuit tocaba en Cemento y aparecieron los Redondos...

-Vinieron Skay, Poly y el Indio. Poly me decía ( imita su tono de voz ): "Bastardo, bastardo, no tenés los pañales puestos para subirte a un escenario de rock" (risas). Había muchos pibes escuchando, y el Indio le preguntó a los chicos: "¿Ustedes son de la Bersuit?"; los pibes le contestaron: "Sí", y el Indio dijo: "Entonces, a partir de ahora yo también soy de la Bersuit". Con tres o cuatro palabras se ganó a la gente. Me dio la sensación de ser un tipo sumamente inteligente o, por lo menos -y eso lo puedo decir con total seguridad-, bastante más inteligente que yo.

-¿Querías llamar la atención, o realmente creías en lo que estabas diciendo?

-Lo mío era ira, envidia, esa cosa que tienen los leones jóvenes de querer sacarle su cetro al macho líder, y el macho los saca cagando. Hoy soy un león más grande, y sé que el macho de la otra tribu, en todo caso, se la banca. Tengo algunas diferencias con el Indio, pero me gustaría charlarlas con él y no hacerlas públicas, porque creo que los dos estamos tirando por lo mismo. Tenemos un público muy parecido y somos dos bandas que venimos peleando desde hace muchos años, de distinta manera, por una idea de mundo.

i es cierto que toda banda exitosa tiene su Pete Best, un músico despedido antes de que llegue la fama, el de Bersuit se llama Rubén Sadrinas (el Gordo) y hacía -a veces deshacía- la segunda voz en algunos temas.

-¿Cuánto hace que no lo ves a Rubén?

-Dos años. Tenía una voz muy linda, pero todo esto le pegó muy mal, peor todavía que a nosotros. Yo lo quiero mucho, pero él no se banca no estar en la banda y ser mi amigo. Rubén llevaba hacia la autodestrucción a toda la gente que estaba a su lado. Estuvo tres años sin ensayar. Subía al escenario y gritaba como un perro. La banda no quería ensayar más. Le escribí una carta con todo el amor del mundo, en la que le pedía que se fuera porque ya no podíamos hacer música juntos. Desde ese día la banda empezó a renacer. Igual, no cierro ninguna puerta con llave.

-Luego de "Asquerosa alegría" les perdí el rastro durante un año, más o menos. Un día, en 1994, prendí la televisión y por la señal de cable MuchMusic vi un video grabado en vivo, de un show casi completo. Era horrible...

-Ese show fue en El Viejo Correo. Había venido a vernos Gustavo Santaolalla y al segundo tema huyó despavorido. Yo estaba avergonzado de la banda. Después de ver ese video, mi viejo me pidió que no siguiera más con la música. Lo llamamos a Daniel [Kon], nuestro manager, para decirle que queríamos que lo sacaran del aire, y me dijo: "No sólo no lo voy a sacar, sino que voy a pedirle al canal que lo pase más seguido, para que puedan verse y padecer lo lamentables que son arriba del escenario. Ojalá con esto sufran lo suficiente como para darse cuenta de que tienen que cambiar". Tenemos que ser lo suficientemente maduros como para poner cada cosa en su lugar. La música es sagrada. No es que hayamos dejado de descontrolarnos. Hoy, si queremos hacer bardo, lo hacemos después del show.

asamos la tarde juntos; primero, en la vieja y hermosa casa chorizo de Dock Sud donde Gustavo vive con Estela (Pepa), su pareja, y sus dos hijas: Ayelén y Gianella. Después tomamos un remise a Ezeiza porque, ahora sí, el Pelado podrá viajar a México. Anochece mientras hablamos acerca de los peores momentos del grupo. Llueve. Vamos por la autopista: un auto obliga a nuestro remisero a tirarse a la derecha. Casi nos matamos. Pero seguimos viaje. Es un buen momento para hablar de la resurrección de Bersuit.

-¿Cómo lograron ponerse otra vez en carrera?

-Hay un lapso de mi vida en el que te puedo asegurar que no me acuerdo qué pasó. Estuve a punto de volverme loco. De verdad. Una vez estaba sentado en un baño en Mar del Plata, fisurando de tres días sin dormir, y leí en el Clarín una nota donde un tal Lopetegui, creo que de Los Angeles Times , nos consideraba una de las bandas más importantes de América latina. Sólo que no iba nadie a vernos y yo estaba a punto de morirme. Me vinieron a hablar Juan [Subirá] y Pepe [Céspedes], me dijeron que teníamos que volver a ensayar, a estar juntos, y -con un esfuerzo sobrehumano, porque estábamos hechos mierda- grabamos Don Leopardo . Con ese disco empezamos a renacer. La banda hizo una parábola: empezamos en el 89 en Oliverio, y volvimos a Oliverio -nuestro punto de partida- en el 95. El mismo día que los Rolling Stones tocaban en River, tuvimos nuestro propio Homenaje a los Rolling Stones, que consistía en no tocar ningún tema de ellos: era el mejor homenaje que podíamos hacerles (risas). En el 95 hicimos en Arpegios dos recitales "A beneficio de Gustavo Cordera". Yo estaba muy mal: vivía en una ferretería abandonada, estaba muerto de hambre, destrozado, y decidí hacer un recital a mi propio beneficio. Las cuarenta personas que fueron no quisieron pagar. Me desnudé y me subasté arriba del escenario: me tiraron solamente un peso. Tomé esa moneda, la miré y me sentí emocionado, porque creía que ni siquiera valía eso. Me desvestí, tiré mi calzoncillo y la misma gente me lo devolvió diciéndome que lo lavara. Si bien Don Leopardo no logró transferir a la música todo lo que nos ocurría, fue un intento de hacer arte a partir de nuestro dolor y de curar nuestras heridas a través de la música.

-Y entonces empezó a venirse el estallido...

-Para Libertinaje se juntaron muchas cosas: el mejor productor, Gustavo Santaolalla, que pudo sacar lo mejor de todos nosotros; Daniel Kon y Cristian Merchot, que llevan el managereo de un modo muy inteligente y diplomático; el apoyo de nuestra compañía, y Pelo Aprile, un monstruo que sabe cómo se vende un disco de rock.

-La censura de "Sr. Cobranza" generó un debate entre los que decían que la banda ocupaba el lugar contestatario que el rock debería ocupar siempre, y los que los acusaron de oportunistas y panfletarios...

-A Menem lo venimos puteando desde el primer disco. Lo triste de todo esto es que el debate es generado por el éxito de la banda. La gente tiene instinto animal, y percibe si una cosa es creíble o no. "Sr. Cobranza", que fue compuesto por Las Manos de Filippi, es un alegato político tan desopilante que le dio una vuelta de tuerca al panfleto. La arenga es menos mesiánica que antes, y tal vez por eso genera más compromiso en el que la escucha. Otros temas, como "Yo tomo" o "¿Qué pasó?", son más íntimos, más personales.

-¿Cómo hizo Santaolalla para sacar "lo mejor" de ustedes?

-Nos dijo: "Si nos juntamos a hacer música, hagamos música. ¿Se la bancan, o son unos maricones que cada vez que empiezan a sentir algo necesitan ponerse en pedo o drogarse porque se tienen miedo?". Y decidimos ir al frente.

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