Más quejas por la ocupación de espacios públicos en Recoleta

Vendedores ilegales de alimentos y astrólogos, entre otros, invaden el lugar
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27 de marzo de 2004  

Queso y salamín picado fino a metros de las históricas bóvedas del cementerio de la Recoleta. Un poco más allá, restos de basura sobre las veredas rotas. Una mujer intenta en vano avanzar con su cochecito de bebe, pero no logra superar a la tarotista, al vendedor de portacelulares, hasta que desiste y, resignada, desciende y camina lentamente sobre Junín, en medio de los autos que se ven obligados a aminorar la marcha.

La escena fue presenciada el domingo último por LA NACION en horas de la tarde, en el tramo de más de 200 metros que bordea el cementerio de Recoleta, desde la esquina de Junín y Vicente López hasta la entrada de la necrópolis, donde en las últimas semanas se han instalado nuevos puestos de venta ambulante de mercancías varias.

Juguetes de plástico, perfumes, gorros, velas, cintos y bolsos, son algunos de los productos exhibidos.

Al ser consultada sobre la situación, la subsecretaria de Control Comunal del Gobierno de la Ciudad, Fabiana Fiszbin, anticipó a LA NACION: "No avalamos bajo ningún concepto la reventa de productos ilegales o de marcas truchas, por lo tanto, habrá operativos para erradicar todo lo que sea venta ilegal".

Y afirmó: "Además, estamos trabajando con los comerciantes y con los vecinos de la zona para encontrar una solución definitiva al problema. Es posible que reubiquemos a aquellos artesanos y microemprendedores de productos propios en otro lugar de la ciudad. Lo estamos pensando".

Quejas de los vecinos

Una de las entidades con las que está en contacto el gobierno porteño para analizar alternativas es la Asociación Vecinal Recoleta, presidida por Miguel Lantermino.

"Nosotros pretendemos que queden sólo los artesanos sobre la plaza Intendente Alvear, más conocida como plaza Francia, o que se puedan instalar sobre la plaza de las Naciones, donde está la Floralis Genérica, para que se les permita permanecer allí, incluso, durante la semana, en una suerte de barrio artesanal, lo que no molestaría a nadie", explicó.

"Tampoco molestan los dibujantes, por ejemplo, pero no es posible bajo ningún punto de vista que se vendan todo tipo de artículos, alimentos, que se expriman naranjas, y que los tarotistas estén al lado de la iglesia" agregó.

Para completar el cuadro, varios restaurantes situados sobre la calle Pte. R. M. Ortiz han desplegado mesas y sillas, no sólo en las veredas, sino incluso sobre sectores de la plaza Juan XXIII, de lo que se informa por separado.

Hacer algo y pronto

Preocupada por la situación, la legisladora porteña Fernanda Ferrero, de Unión para Recrear Buenos Aires, quien vive en el barrio, también se reunió con los vecinos para ver qué se puede hacer.

"No podemos seguir con Recoleta en el estado deplorable en el que está", sostuvo Ferrero, que preside la comisión de Espacios Públicos de la Legislatura porteña. "Lo importante es trabajar en conjunto para encontrar soluciones que no impliquen actuar arbitrariamente con los artesanos", concluyó.

Según relató Lantermino, "el problema recrudeció a comienzos de este año. No se puede ni caminar, y se han incrementado los robos. A mí ya me asaltaron seis veces y también me han llegado quejas de turistas que sufrieron arrebatos", dijo indignado este vecino.

Y se explayó: "Además, algunos puesteros se colgaron de la electricidad de la calle".

También se quejó Sofía Solinz, una jubilada de la Paternal que paseaba por la zona, quien opinó: "Las veredas deben ser para la gente y no para la venta ambulante".

Fabiana Fiszbin agregó que, tras los operativos, "será necesaria la colaboración de la Asociación Vecinal Recoleta para que podamos sostener las acciones que llevemos adelante".

La asociación asegura que está dispuesta a ayudar.

Caminar entre las mesas

No sólo vendedores ilegales preocupan a los vecinos de Recoleta. Ocurre que hay varios restaurantes, situados a lo largo de las calles Pte. R. M. Ortiz y Junín, que ocupan gran parte de las veredas con mesas y sillas, y algunos, incluso, han avanzado sobre sectores de la plaza Juan XXIII, según pudo observar LA NACION el fin de semana último.

"Se trata de casos de invasión de mesas y sillas en la vía pública y en los espacios verdes que no están permitidos", explicó Fabiana Fiszbin, subsecretaria de Control Comunal del gobierno porteño. "Se harán controles para verificar el cumplimiento de la norma o no", advirtió la funcionaria.

Según Fiszbin, el gobierno porteño puede dar permisos para la utilización del espacio público, siempre y cuando se deje un metro y medio desde la línea municipal (desde el comercio) para que transite la gente. Por no respetar estos permisos hubo procedimientos en el barrio de Las Cañitas.

"La cantidad de mesas y sillas instaladas en la vereda nunca puede superar la cantidad de mesas y sillas que el local tiene adentro, y también depende de los metros que tenga la vereda", agregó.

La plaza es de todos

Por su parte, el titular de la Asociación Vecinal Recoleta, Miguel Lantermino, opinó que debe evitarse esa invasión. "Algunos restaurantes, pusieron mesas sobre la plaza Juan XXIII. Uno de ellos incluso invita, en una publicidad, a mangiare al nostro giardino, pero resulta que el nostro giardino no es otra cosa que parte de la plaza, ¡que es de todos!", remató Lantermino, sin evitar la carcajada.

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