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Pity (Viejas Locas)

Cuando hay doscientos que te quieren saludar al mismo tiempo, la cosa se pone peligrosa.
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1 de junio de 1998  

Al pity (Christian Alvarez) no le gusta el centro. "Sólo vengo si es necesario", se resigna, mientras toma asiento en un bar de Callao. Prefiere caminar su zona de influencia, que comprende el barrio Piedrabuena (Lugano, bien al fondo, donde el diablo fue a buscar el poncho que perdió y, aunque no lo encontró, se quedó a vivir), Ciudad Oculta, por la que atraviesa casi a diario en bicicleta y sin que lo asalten ("ya me conocen") y Mataderos, donde tiene su sala de ensayo (Springfield). Como antídoto de la alienación que provoca una tarde en la ciudad, el Pity aún porta sobre su cabeza un par de auriculares que no se saca hasta bien entrada la charla.

¿Qué venías escuchando?

AC/DC, Highway to Hell. De lo que vi acá, fue lo que más me gustó.

¿Más que los Stones?

Los Stones estuvieron muy lindos, lo que pasa es que tienen un pico alto y después bajan. En cambio, AC/DC estuvo todo el tiempo arriba. Todo rock & roll hasta que terminó. Me partieron la cabeza.

¿Cómo descendés a la tierra después de cinco noches de tocar en River como soporte de los Stones?

Siempre estuvimos en la tierra. Todos nos preguntaban si estábamos nerviosos, pero lo que teníamos era ansiedad por tocar. De todos modos, pensé que cuando subiera y tuviese que decir dos o tres palabras, iba a tener ganas de cagar. Pero no; la gente se portó muy bien con nosotros y trajeron sus banderas como asegurándonos: "Tranquilos, estamos acá". Pusimos los mismos huevos que siempre, hicimos lo mismo de siempre, tomamos lo mismo.

¿Qué toman?

Whisky, coca, cerveza, lo que venga. Esas noches fueron whiskies porque la cerveza fría te puede dejar afónico.

¿Conocieron a los Stones?

No. Teníamos ganas, pero también entendemos que deben joderlos mucho: son tipos muy importantes, muy caros y tienen una custodia que no te deja ni acercarte. Si hubiéramos hinchado, por ahí nos sacábamos una foto con ellos, pero, en realidad, nos hubiera gustado más haber hablado con ellos.

¿Qué es ser una "vieja loca"?

Nada, es tener un apodo. Nosotros nos llamamos así por un amigo, que fue nuestro primer cantante. Todos le decían "vieja", y un día le dijeron que era una vieja loca. Así quedó.

¿Qué tienen las Viejas Locas en común? ¿Qué es lo que los une?

La música que tocamos y la que escuchamos: mucho AC/DC, mucho Beatles. No me molestaría para nada tocar algo de esa onda. Es más; a veces hacemos en vivo "Pedro Navaja". No nos sale como a Rubén Blades, pero la tocamos a su ritmo, sin perder el rock & roll. A la gente le explota la cabeza. No escuchamos tanto a los Stones: se pierde un poco la magia cuando pasás cincuenta veces cada disco.

Sin embargo, la gente va a verlos a ustedes decenas de veces y no siente que pierdan la magia.

Es verdad. Algunos están con nosotros desde el 2 de septiembre de 1989 –nuestro primer show bajo el nombre de Viejas Locas–. Fue en Acatraz (hoy La Colorada, en Caballito); vinieron cien personas, una buena cifra. Después, el dueño no nos dejaba ir, porque le habían roto todo. Había discos colgados de las paredes y, cuando terminamos, sólo quedaban los cartoncitos. Pero el chabón se quejaba porque le habían afanado un pájaro embalsamado. Pensé que era un pajarito, un jilguero, pero no: era un pajarraco grande que se había traído de Brasil. Esa noche fue muy Far West.

¿Tuvieron muchos shows de ese tipo?

Al principio, sí. Antes venían sólo los de Lugano, Mataderos y Piedrabuena, y ahora vienen de todos lados. Pero el barrio nos ayudó bastante. Piedrabuena, ahora, está más tranquilo.

¿Cómo tomaron los del barrio el triunfo de Viejas Locas?

Al principio nos odiaban, porque ensayábamos en el cuarto piso de un monoblock y hacíamos un quilombo terrible. Venían a quejarse, sobre todo porque veían subir a diez flacos con minitas y cervezas, y alucinaban que hacíamos orgías. Cuando vieron que lo tomábamos por el lado del arte, se dieron cuenta de que éramos buenos chicos. Cuando nos fue bien, la situación nos ayudó; además, la gente de Piedrabuena se pone contenta cuando nos ve en una revista. Los pone felices que mencionemos el barrio y nuestros orígenes, y ahí se ponen la camiseta.

Uno que se puso no la camiseta, pero sí la remera de Viejas Locas, fue Charly García.

Sí, pero creo que se la puso porque tenía dibujadas hojitas de chala. No sé si nos conoce. A Charly lo cruzábamos en el estudio, cuando grababa con Mercedes Sosa, y a veces jugábamos al ping-pong. Pero jamás le dijimos que éramos de Viejas Locas. Nos saludábamos, más que nada. A mí me gusta Charly, pero no su material viejo, sino lo que hace ahora.

¿Y con los Ratones Paranoicos se llevan bien?

No tenemos mala onda. Tocamos juntos algunas veces. No sé porque no se dio ninguna afinidad. Pero no hay mala onda.

Y ahora que observaste cómo viven los Rolling Stones, ¿te gustaría ese tipo de vida?

No me gustaría, pero son cosas que te las tenés que bancar. Los locos son estrellas de rock & roll. Aparecés en la televisión, en las revistas, y te hacés famoso. Entonces no podés salir a la calle por qué se te vienen encima doscientos tipos que te quieren saludar. Y doscientos, al mismo tiempo, es algo muy peligroso.

¿Y vos cómo la llevás?

Bastante bien. Soy una persona común. Me banco hablar con uno, o con doscientos, de a uno. Pero no con doscientos a la vez. No se puede: estás con todos y no estás con nadie.

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