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Murió la gran soprano Clara Oyuela

A los 94 años, sufrió quemaduras en un accidente doméstico
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6 de abril de 2001  

Tal como informó La Nación en su edición del miércoles, la soprano argentina Clara Oyuela, de 94 años, había sufrido el último sábado un grave accidente mientras se encontraba en la ducha, en su domicilio en Santiago, Chile.

La explosión producida por una rotura en las cañerías de gas le provocó quemaduras en el 85 por ciento del cuerpo.

En la madrugada de ayer falleció en el Instituto del Quemado, donde se encontraba internada, y sus restos fueron velados en el Teatro Municipal de Santiago.

Una enorme cantidad de admiradores chilenos de todas las edades -alumnos, instrumentistas y profesionales del arte lírico- se hizo presente, manifestando su congoja por la irreparable perdida de la excelente artista que, pese a su edad avanzada, se encontraba en plena actividad con una lucidez intelectual y vitalidad física sorprendentes.

Al informar sobre la mala noticia se habían apuntado algunos aspectos de su sobresaliente capacidad artística -quizá no suficientemente valorados en su justa medida-, durante sus actuaciones en las temporadas del Teatro Colón, en el repertorio lírico y en conciertos de música de cámara llevadas a cabo en las principales entidades privadas de Buenos Aires.

Faltaron otros detalles de una carrera sustentada sobre la base de una exquisita musicalidad, voz de soprano clara y agradable, poseedora del don para la comprensión del espíritu de las obras y un impecable dominio idiomático, tal como le fue inculcado en la escuela del Colón, en la época de maestros como Editha Fleischer y Lidia Kindermann, o captado por ella por su disciplinada vocación de las enseñanzas del recordado Roberto Kinski o su vinculación con Jaquelinne Ibels.

Clara Oyuela, a pesar de la variedad de su repertorio, fue brillante en la música francesa, de ahí que además de Pelleas et Melisande, Marouf y Werther fue elegida para el personaje protagónico del estreno de la ópera "Les caprices de Marianne", de Henri Sauget, junto a otro argentino brillante, Angel Mattiello.

El destino de su muerte encierra una premonitoria coincidencia, porque ella fue una excepcional protagonista de "Jeanne d´Arc aux bucher", de Arthur Honegger, y murió como la heroína que tanto amó, consumida por el fuego.

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