Romper el molde

Federico Bonomi y Cynthia Kern son la pareja que gobierna el imperio Kosiuko: ropa, una radio FM, un sello discográfico, un bar en Punta del Este y fiestas para todos los gustos. Dicen que lo suyo tiene mucho de marketing, pero también es una forma de vida para evitar el aburrimiento
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9 de abril de 2004  

Dicen que lo sospecharon desde un principio. Que hace once años, cuando salieron con una chequera sin fondos a alquilar locales, contratar modelos y pautar publicidad, ya sabían que Kosiuko sería algo más que una marca de ropa. De lo que seguramente no estaban tan seguros es que 2004 los iba a encontrar con una FM que rompe los cánones publicitarios tradicionales de la radio, un sello discográfico, un bar en Punta del Este y una serie de fiestas privadas que promete una big party a fin de año con una banda invitada de la talla de The Chemical Brothers. Esto, una vez alcanzado el techo de su producción de indumentaria, fuerte en el mercado interno y competitiva en otros 35 países.

Felizmente unidos en matrimonio, Federico Bonomi y Cynthia Kern -ambos de treinta y pico- son los únicos dueños, ideólogos y motores de la escudería KSK: un pulpo que mueve sus patas en las aguas del entretenimiento. Los mismos que, a los veintipoco, confeccionaban cinturones y tiradores que dejaban en consignación en locales a la calle. Así sus vidas (él, renegado estudiante de abogacía; ella, maestra jardinera), hasta que decidieron "zarparse", dicen. "En 1993 empezamos con polleras vinílicas supercortitas, tops, ropa que no era para cualquiera, y después incorporamos otras líneas, pero ni siquiera hacíamos jeans -recuerda Bonomi-. Cuando nos decidimos a entrar en el mercado denim fuimos pioneros en el tiro bajo. En ese momento, Daniel Cassin lideraba el segmento con un pantalón alto que te hacía culo de pera, y nosotros proponíamos uno que las minas no sabían cómo hacer para que no se les viera la bombacha..." La anécdota, que cualquier memoriosa contemporánea puede atestiguar, sirve para trazar una línea de tiempo y señalar algunos hitos. Con el advenimiento del low cut , Kosiuko se diseminó en el interior del país "comiendo los locales multimarca hasta transformarlos en propios" y, una vez consolidado el mercado argentino, cruzó las fronteras.

Sin más espacio para conquistar a fuerza de pilchas, el binomio se preguntó qué más hacer. Así llegaron los desodorantes, la línea cosmética y... la música. "Acá vienen una bocha de músicos -leáse por acá un tremendo edificio de media manzana en Martínez- y hemos lookeado desde Pappo hasta Cerati para distintos shows... Imaginate un desfile sin música o un concierto de rock en el que los músicos no estén lookeados , ¡No existe!"En este sentido, tiraron la primera piedra materializada en CD vírgenes, pero la decisión de comerciar la materia prima para la piratería fue un boomerang. "Los músicos amigos salieron a cuestionarnos cómo vendíamos el formato para que la gente queme . Así surgió la idea del sello -comenta Bonomi la génesis de un catálogo que incluye un compilado de artistas de electrónica nacional ( Real ) y el primer álbum de Capri ( Mamma Killer Night )-. La siguiente incógnita era quién iba a pasar nuestros discos y pensamos en abrir una radio."

Nutrida de rock nacional, pop anglo, hip hip y electrónica, la pareja le dio vueltas a la idea del tándem radio-sello definiendo ejes artísticos a partir de sus gustos. Otra vez guiados por la máxima romper el molde , montaron en el 103.5 una emisora sin tanda publicitaria. "Así, si estás en tu auto y te gusta escuchar música al taco , no te cae alfajores Jorgito a cortarte la onda, mal. Sin nada personal con los Jorgito, que están buenísimos", se ríe. Excepto por el programa de Fernando Peña y el segmento de madrugada (ambos estrenarán aire a fin de mes, cuando el Comfer le asigne una nueva frecuencia), KSK tampoco tiene conductores. "Es una radio chart del mundo -define-, en la que los anunciantes tienen que adaptar su comunicación y generar links para evitar el chivo grotesco-continúa Bonomi, haciendo valer ahora su faceta de publicista-. Tenemos la visión global de que el 2000 está cayendo recién ahora y creemos que después de 70 años de que los anunciantes pagan por interrumpir el entretenimiento es hora de buscarle una vuelta."

Tres teléfonos suenan casi al unísono y, casi al unísono, atiende los tres. "Nunca vamos por el camino fácil", insiste el Sr. K antes de contar la próxima hazaña de la división Records: poner a rotar el primer videoclip de Capri en MTV, estrénandolo en fragmentos diarios durante una semana. Y si las fiestas privadas siguen causando sensación -todavía se escucha hablar de la Budha del mes último-, para fin de año KSK tendría un festival para "decenas de miles de personas". ¿Zarpados otra vez? "El espíritu de KSK es zarpado. Pero además, si vos sos fan de algo, ¿no te copa que eso esté cada vez más arriba? A mí me pasa con los Porsche, vivo esperando que ingrese en la F1. Con Kosiuko es igual: hay chicos que se rompen el alma para pagar un jean y creo que están orgullosos de que la marca tenga un bar, organice un festival o la use Britney Spears. Es mucha gente la que se merece que la marca esté cada día más arriba" ¿Marketing? "Sí, también, pero fundamentalmente todo esto es porque no quiero aburrirme. Tengo todo lo material que quise, ahora me quiero reir de lo que hago".

Urban jungle

Las nuevas perchas

  • Invierno 04. A partir de un mix de tendencias y culturas, Kosiuko desembarcó la semana última con una colección "con reminiscencias del rock de los 80, suavizada con grafismos pop, rayas y un halo del punk en materiales como lurex, tul y encaje", según definió Cynthia Kern (foto), al frente del equipo de diseñadores. Entre las novedades se destacan las líneas Vintage y K para sus imbatibles jeans de mujer, y la versión Worker, para ellos.
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