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Un golpe de terror que dejó su huella en el alma de España

Se percibe el temor a nuevos ataques
Silvia Pisani
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11 de abril de 2004  

MADRID.- Ninguna procesión de las que estremecen con su paso penitente al Madrid contrito y solitario de Semana Santa desvió su recorrido hacia la terminal de Atocha. Pero no hace falta: toda la ciudad es un recordatorio de la tragedia terrorista que cobró 192 muertos y 1500 heridos en los trenes de la muerte.

Un mes se cumple hoy de esa matanza, y una semana de la otra que le puso sangrienta firma, con la voladura de un edificio de viviendas en el que se suicidaron siete integristas, supuestos responsables del peor golpe terrorista en este país y en Europa. Con el paso de días y semanas, España no puede creer aún la furia asesina de los recordatorios que la movilizan.

La consecuencia social más inmediata es el miedo. Desde que se dio credibilidad a la amenaza de la red Al-Qaeda para convertir al país "en un infierno por el que correrán ríos de sangre", la seguridad se volvió prioritaria. Ese es el mayor cambio en un sitio que, entonces, vivió con estándar de Primer Mundo, pero sin perder cierta inocencia de pueblo.

Policías de uniforme -y muchos más, camuflados de civil- vigilan desde el extendido servicio de subterráneos en la ciudad hasta aeropuertos, estaciones de transporte, centros comerciales, deportivos y grandes concentraciones de gente. No hay peregrinación que no haya tenido efectivos armados bajo la capucha violeta del penitente, según se indicó. Y las fuerzas armadas también colaboran.

La secuela política es también evidente. Lo primero fue el vuelco electoral y contra todo pronóstico a favor del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en las elecciones de tres días después de los ataques.

El presidente electo José Luis Rodríguez Zapatero será investido como tal el viernes próximo con la creciente desconfianza del gobierno saliente del derrotado Partido Popular (PP), que le reprocha haber explotado la tragedia para arrebatarle un triunfo que todos daban por seguro.

Pero para muchos lo decisivo fue el modo como el gobierno informó sobre el atentado. Su sospechosa insistencia en la autoría de la banda terrorista ETA -cuando había ya fuertes indicios que apuntaban al integrismo- dispararon críticas de falta a la verdad y terminó por quebrar el vínculo de confianza entre gobernantes y gobernados.

"¿Quién ha sido?", reclamaron millones de españoles sólo un día después de la masacre, cuando enormes columnas recorrieron el país en repudio del terrorismo. Fue el comienzo del fin, que se selló dos días después, en la derrota en las urnas que -por primera vez- llevó a un gobierno de mayoría propia a la oposición más solitaria.

Todo eso pesa ahora en el enrarecido traspaso de poderes con el que un sorprendido PSOE recupera La Moncloa tras ocho años de gobierno derechista, para asumir una difícil gestión signada por el miedo y la amenaza del terrorismo internacional.

Xenofobia

Con una creciente presencia de población inmigrante, la amenaza terrorista aumentó sospechas y xenofobias hacia la nutrida colectividad de origen magrebí. Sólo en Andalucía se estima que hay 500.000 marroquíes que viven horas de zozobra. "El islam no es violento", dicen carteles en sus puertas y ventanas.

La reacción más notoria fue la de la asociación representativa de trabajadores marroquíes en España, que pidió al gobierno que "termine con las mezquitas y los imanes radicales", mediante la creación de un consejo que supervise su funcionamiento. "Tenemos que acabar con los predicadores fanáticos que envenenan cabezas desde un galpón", advirtieron.

Pero el impacto social de la amenaza no se agota allí. Entre asistencia psicológica, programas especiales para atender a estudiantes y llamados a evitar la xenofobia, el efecto de los atentados en la población es aún materia de estudio y lo será por mucho tiempo.

A diferencia de otros países que sufrieron zarpazos tan duros, la sociedad española no se muestra paralizada por el miedo, ni bloqueada. En medio de impresionantes medidas de seguridad y a pesar de todo, las vacaciones de Semana Santa fueron un éxito. Y la temporada de toros se abre con plazas vendidas por completo.

Todo esto ocurre cuando la policía admite que aún hay terroristas prófugos, de la célula que actuó el 11 de marzo, con cantidad incierta de explosivo en su poder, y aun cuando un video encontrado en el departamento en el que se suicidaron habla de nuevos planes de matanza en España. Todo eso está presente en el Madrid que hoy evoca la matanza en esta Semana Santa de ciudad desierta y de velas encendidas y lazos negros para evocar a los ausentes.

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