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Para frenar la violencia, Lula envía 4000 militares a Río de Janeiro

Participarán del cerco a las favelas; dejan de lado la idea de construir un muro
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14 de abril de 2004  

SAN PABLO.- El gobierno de Río de Janeiro desistió de la idea de construir un muro para cercar las favelas y aceptó el ofrecimiento del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva de enviar 4000 hombres de las fuerzas armadas para contener la violencia generada por el narcotráfico.

La llegada de los soldados del ejército, paracaidistas y fusileros navales que participarán del cerco a las favelas cariocas, en donde se encuentran los principales focos del narcotráfico, es inminente. Es la segunda vez, en menos de un año y medio de gobierno, que Lula envía las fuerzas armadas para contener la violencia urbana en Río de Janeiro. No fue definido el plazo que los militares permanecerán en la ciudad.

En tanto, el vicegobernador, Luiz Paulo Conde, que había propuesto cercar con un muro de tres metros de altura las favelas, desistió de su plan. En medio de la ola de repudio que causó la idea, Conde dijo que estaba arrepentido de haber hecho la propuesta: "El muro ya no forma parte de mi vocabulario. Mi intención era ayudar, pero si a todo el mundo le parece que la idea del muro es mala, olvídenla". Y hasta se permitió bromear: "Podemos hacer una cerca de rayos láser".

Ayer, Rocinha y otras tres favelas vecinas continuaban rodeadas y ocupadas por 1300 policías. Este asentamiento, en el que viven 130.000 personas, es el centro de una guerra entre traficantes rivales que ya costó la vida de 10 personas -cuatro civiles, cuatro traficantes y dos policías-.

Una banda de traficantes inició desde el viernes de la semana pasada una avanzada para copar los puestos de venta de drogas de la Rocinha, actualmente en manos de otra facción de la organización narcocriminal Comando Vermelho. El grupo que pretende dominar Rocinha, considerada la mayor favela de América latina, con un movimiento de más de 3,5 millones de dólares y 500 kilos de cocaína por mes, responde a las órdenes del traficante Fernandinho Beira Mar, que llegó a enviar cocaína colombiana a más de diez países y que actualmente está preso en San Pablo.

El movimiento financiero de los traficantes sólo en la Rocinha durante cuatro meses equivale al monto que el gobierno nacional destina por año al Fondo Nacional de Seguridad Pública para todo Río de Janeiro (12 millones de dólares).

Malestar en las fuerzas

La llegada de las fuerzas armadas puede no ser la medida más eficiente. El año pasado, en medio de otro período de caos urbano generado por ataques de narcotraficantes a hoteles, shoppings y edificios públicos, el gobierno envió soldados a Río. El objetivo era mantener la calma durante carnaval, cuando llegan turistas de todo el mundo. Después de dos semanas custodiando los morros, el resultado no fue de los mejores: en la semana de carnaval hubo 90 homicidios, contra 77 del año anterior.

La participación del ejército en el combate al narcotráfico no es vista con agrado por la fuerza. "No podemos olvidarnos de que la función del ejército no es ser policía. Si consultan a los militares, es muy probable que la mayoría no sea partidaria de actuar como policías", llegó a afirmar el coronel Iván Cosme, comandante en jefe del Comando Militar del Este y vocero de las fuerzas armadas.

La medida es criticada por sectores como el Colegio de Abogados de Brasil (OAB, la sigla en portugués). "El ejército está entrenado para matar y es evidente que, si llega a haber un ataque por parte de traficantes, va a responder. Se instalará así una guerra civil dentro de Brasil, lo que agravaría aún más la crisis social", declaró a la agencia de noticias Globo Online el presidente de la OAB, Roberto Busato.

En 1994 el entonces presidente Itamar Franco también envió a las fuerzas armadas para contener la violencia en Río. Según datos del libro "Operación Río", de la periodista Juliana Resende, los narcos eran en aquel momento 11.340 hombres con fusiles Ar-15, M-16, FAL y HK-223, escopetas calibre 12, ametralladoras, pistolas, granadas, lanzagranadas, morteros y proyectiles antiaéreos. El poder de fuego no paró de aumentar en los últimos años.

Ayer, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE, organismo equivalente al Indec) reveló que entre 1980 y 2000 se registraron en Brasil casi 600.000 homicidios. En 20 años, la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes saltó de 11,7 a 27. Es decir, hay 130% más asesinatos que a comienzos de los años 80. "Las altas tasas de desempleo están asociadas a las altas tasas de violencia", explicó Celso Simoes, del IBGE.

"Voy a enfrentar la violencia con medidas duras, como nunca nadie lo enfrentó", llegó a decir Lula el año pasado, cuando la "cidade maravilhosa" estaba en llamas. Lo único que mejoró, al final, fue el poder de fuego de los narcotraficantes, que ayer obligaron a un helicóptero a realizar un aterrizaje forzoso con los dos pilotos heridos por disparos de fusil.

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