Cómo aprovecharse de Rodrigo

"Rodrigo, la película". Producción nacional (2201) presentada por Líder Film. Dirección: Juan Pablo Laplace. Con Agustina Cherri, Guillermo Pfening, Sabrina Carballo, Lucas Crespi, Graciela Tenembaum y otros. Guión: Alejandra Marino, sobre un argumento original de Luis Alberto Scalella. Fotografía: Christian Cottet. Música: Federico Jusid. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público. Nuestra opinión: mala
(0)
13 de abril de 2001  

Desde su Córdoba natal, y por medio de su repertorio cuartetero, Rodrigo Bueno conquistó la popularidad y el fervor de miles de admiradores que siguieron por todo el país, paso a paso, cada uno de sus recitales. En la cúspide de la gloria, el "Potro" murió trágicamente en un accidente automovilístico, y la idolatría de sus "fans" lo transformó en leyenda.

El culto a Rodrigo se dio de todas las formas imaginables. Se multiplicaron las ventas de sus discos, se le levantó un monolito al costado del camino en que halló la muerte y se jugó, entre el escándalo y la codicia, a mantener vivo su recuerdo. Frente a este fenómeno popular, la pantalla grande no podía estar ausente en brindar por su recuerdo. Y así nació, entre la astucia de sus productores y la escasa imaginación de sus guionistas, esta película que, vale aclararlo, no es una biografía del cantante.

La historia (de alguna manera se debe denominar lo que ocurre en el film) se centra en una adolescente huérfana de padre que está de novia con un muchacho dueño de un quiosco en el barrio de La Boca. Romina, la protagonista, encarnada por una Agustina Cherri a la que le faltan muchos kilómetros por recorrer para convertirse en actriz, es fanática de Rodrigo y sus canciones. Pero su madre, costurera más sufrida que la del verso de Evaristo Carriego, quiere encaminar a su hija por el camino del trabajo y procura desmoronarle sus ilusiones de seguidora del Potro, en tanto que su novio, mandón y antipático, desea atarla a sus caprichos y le voltea su vocación de pintora.

Pero la pobre Romina no se deja dominar. Y mucho menos cuando conoce a un muchacho malabarista y bohemio y, también, admirador de Rodrigo. Y así nace el romance entre ambos, al compás de su concurrencia a los frenéticos recitales del "Potro". Aquí es cuando aparece el cuartetero. La pantalla reproduce los multitudinarios espectáculos que Rodrigo ofreció en el Luna Park y en Mar del Plata, vistos hasta el cansancio por televisión, donde, entre gritos histéricos, brindó lo más aplaudido de su repertorio.

El engaño es pecado

El director Juan Pablo Laplace careció de los más rudimentarios conocimientos fílmicos. Sus fallas son gravemente notorias en el encuadre, en el manejo de la cámara, en la fotografía sin matices y en una casi inaudible banda sonora. Pero lo inexcusable es que "Rodrigo, la película" fue rodada en soporte de video, sin duda para achicar costos y para que la diferencia entre los recitales del cantante y la trama no difiriesen demasiado.

Así, entre el relato melodramático, pueril y edulcorado que apunta a la moraleja más ingenua y un Rodrigo que aparece en los recitales con cualquier excusa, el film naufraga en la más absoluta mediocridad. Referirse a los compañeros de elenco de Agustina Cherri es ejemplificar cómo no se debe actuar cuando no existen ni el talento, ni la simpatía, ni el más mínimo atisbo de espontaneidad.

Pero, pese a estos juicios críticos, "Rodrigo, la película" congregará a multitudes juveniles en las salas, ya que a los seguidores del cantante poco les importan las deficiencias. Ellos se regodearán con ese Rodrigo ya mítico que vuelve a apostar desde el más allá a ponerse en contacto con sus admiradores por medio de su repertorio cuartetero. El cine, en cambio, le sigue debiendo al "Potro" un relato que, de verdad, sea un sincero homenaje a su personalidad de hombre y de artista tan amado como discutido.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios