Analía Gadé vuelve a su tierra y al teatro

Protagonizará "Afectos compartidos"
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9 de mayo de 2004  

Luego de tres años y medio de ausencia, Analía Gadé está nuevamente en Buenos Aires para reencontrarse con el público a través de la obra "Afectos compartidos", de Carlos Furnaro, que se estrenará el mes próximo en el teatro Liceo. "Mi estada en España ya se me hacía muy larga -explica durante un diálogo con LA NACION-, pues necesitaba reencontrarme con mis familiares, con mis afectos, con este aire porteño tan entrañable. Aquí estoy otra vez, pues, y ahora con la oportunidad de presentarme en un escenario junto a mi gran amiga Susana Campos con una pieza dirigida por Lía Jelín que, en tono de comedia, narra el reencuentro de dos amigas que tienen muchos secretos y una enorme necesidad de calidez."

Durante su último período hispano, la actriz se dedicó exclusivamente a su labor teatral. "En Madrid y en diversas giras por provincias -recuerda- protagonicé "Las mujeres sabias", de Molière; "Dulce pájaro de juventud", de Tennessee Williams, y "Pasos", una pieza vanguardista en la que personificaba a una cucaracha y que resultó un fracaso de público... Pero los fracasos son, en nuestra profesión, un ingrediente que nunca hay que desechar".

-Tu trabajo en el cine fue constante desde tus comienzos artísticos. ¿A qué se debe tu ausencia de la pantalla grande?

-En mi anterior viaje a la Argentina rodé "La rosa azul", un film dirigido por Oscar Aizpiolea, que lamentablemente todavía no se estrenó. En España, y durante este último tiempo, me ofrecieron guiones que no colmaron mis expectativas, a pesar de que la cinematografía hispana está pasando por un gran momento. Pero, al parecer, yo no encajo en las ideas de los flamantes realizadores que buscan caras nuevas, gente joven y temáticas que están alejadas de mi personalidad. Sin embargo, no me quejo, pues el teatro suplantó con creces mi necesidad de actuación.

-¿La televisión tampoco te ofreció nuevas oportunidades?

-En España, como creo que también aquí, la televisión es una especie de máquina de picar carne que convoca a jóvenes a veces con mucha belleza y poco talento y luego los descarta para volver a nutrirse de aspirantes a actores dispuestos a ganar fama y dinero... Para la televisión, la seriedad parece no existir y la cultura es tratada como signo de aburrimiento. En este contexto me encuentro muy incómoda y nuevamente el teatro, que es escuela y nutriente de actores y actrices, me ofrece lo que no me dan ni el cine ni la televisión.

De profundos ojos claros, sedoso cabello rubio y acento suavemente castizo, Analía Gadé retrotrae a su memoria sus comienzos de actriz: "Cuando pienso que en mi adolescencia deseaba ser profesora de historia antigua, sonrío en soledad y me pregunto cómo llegué a la actuación. Corría el año 1948; yo estudiaba en un colegio religioso y, por casualidad y atrevimiento, intervine en un concurso organizado por los estudios San Miguel, la revista Radiolandia y la audición radial «Diario del cineª, que dirigía Chas de Cruz. Resulté seleccionada para un pequeño papel en la película «La serpiente de cascabelª, cuyo elenco encabezaban Juan Carlos Thorry y María Duval. Cuando la madre superiora se enteró, me dijo: «Usted no puede volver al colegio, porque ha caído en brazos de la hogueraª. Decidí quemarme y, hasta hoy, no me arrepiento de aquel arrebato juvenil".

En 1956, a instancias de Esteban Serrador que había recibido una propuesta del empresario del teatro Infanta Isabel, de Madrid, la actriz, ya casada con Juan Carlos Thorry, comenzó a alternar sus actuaciones entre España y la Argentina. "Fueron años de febril tarea -dice-, años de muchas películas, de exitosas temporadas teatrales, de popularidad y constantes viajes. Tuve grandes satisfacciones en teatro, con la obra «Colombaª, de Jean Anouilh, junto a Alfredo Alcón y Lautaro Murúa, y en cine, al protagonizar «Ayer fue primaveraª, de Fernando Ayala. Me considero, a estas alturas, una actriz de dos continentes, y en este ir y venir entre España y la Argentina comprobé que el público me sigue recordando, y creo que éste es un premio invalorable... El seguir estando vigente es invalorable."

-Hablando de premios, en la reciente entrega de los Cóndor, la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina te entregó un galardón por tu trayectoria. ¿Qué significado le das a esta distinción?

-Me sentí, de verdad, muy halagada. De ninguna manera desprecio los premios, porque los premios me los creo más yo que quien me los da. Y concretamente esta distinción fue otorgada a mi trayectoria, lo que no es poco. Y, además, lo recibí de manos de Carlos Gorostiza, mi hermano, lo que tuvo doble significado.

-¿Qué es, en una carrera tan extensa como la tuya, la nostalgia?

-Es revivir la memoria, anclarse en figuras cinematográficas de otros tiempos, como Greta Garbo, Marlene Dietrich o Judy Garland, mis actrices preferidas, o es recordar con igual hondura los buenos y los malos momentos o, simplemente, meditar con melancolía un tiempo bien vivido que ya nunca podrá retornar. Pero no hay que atarse a la nostalgia. Lo importante es no olvidar, pero es necesario continuar esta vida actual que, en mi caso, llevo con orgullo y vitalidad.

Aquí y ahora

Analía Gadé no puede dejar de mencionar que su película favorita es "Cartas de amor de una monja", de Jorge Grau, "donde interpreté a una transgresora plena de matices", ni olvida sus pícaras criaturas fílmicas "a las que les di pasión en la época más fértil de la cinematografía argentina", ni deja de lado su gratitud a su público "que hoy me reconoce igual que antes".

Los ensayos de "Afectos compartidos" están por reiniciarse. Ella, la Analía sin olvido, retorna al escenario. Y con su inclaudicable pasión, se pone en la piel de otro personaje que sumará a su galería de mujeres que, entre el drama y la comedia, ofrecerá a esos espectadores que siempre esperan su retorno.

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