"Campo de sangre", un film sobre la impunidad

La película de Gabriel Arbós narra el crimen cometido en La Pampa, en 1969, por un funcionario de la dictadura de Onganía
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14 de abril de 2001  

En La Pampa, durante el estreno de su primer largometraje como director ("Carlos Monzón, el segundo juicio"), Gabriel Arbós se topó con la historia que daría pie a su siguiente película. Cinco años después, aquél hecho real que conmovió a la sociedad pampeana durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, llega a los cines de Buenos Aires a través del film "Campo de sangre", que se estrena el jueves.

El guión coescrito por Arbós y Fernando Díaz, plantea un caso de la crónica policial. Un capitán de la armada, funcionario del gobierno pampeano y miembro del servicio de inteligencia naval, se enamora de una joven, pero como no puede divorciarse de la esposa porque ello implicaría el derrumbe de su promisoria carrera, decide asesinarla cometiendo un crímen brutal.

"Me llamó la atención que tantos pampeanos de distintas extracciones sociales y culturales tuvieran una versión de lo ocurrido. Incluso el gobernador Marín conocía la historia de este tipo, que por otra parte era un personaje insoslayable en la política provincial, porque durante tres años fue el hombre duro del gobierno de turno. Cuando empezamos a investigar, la historia se tornaba cada vez más atractiva para hacer un film, porque tiene que ver con la locura que puede desencadenar un amor virulento", recuerda este cineasta con una extensa trayectoria como ayudante y asistente de dirección.

José Luis Alfonzo (que hizo el papel de Monzón en la ópera prima de Arbós) es el asesino en cuestión. Su antagonista es Alejo García Pintos, en el rol del joven periodista que decide investigar quién descuartizó a la víctima (Gabriela Salas), porque desconfía de la versión oficial sobre el crímen. En otros personajes aparecen Alicia Zanca, Arturo Maly, Jimena Anganuzzi, Pablo Novak y Tito Haas.

"La historia que contamos en el film es muy fiel a los hechos reales. Cambiamos los nombres de los protagonistas del caso y la profesión del personaje de Alejo García Pintos, que en realidad era un dactilógrafo de la policía -me pareció más verosímil que fuera un periodista-.. Hay cosas que pueden sonar a ficción y sin embargo no lo son. Sin ir más lejos, la versión oficial dice que el asesino murió de un paro cardíaco en la cárcel en 1976. Pero nadie cree eso en La Pampa. La mayoría piensa que el tipo participó de los grupos de tareas y que se exilió en Paraguay", explica Arbós durante la entrevista con La Nación .

-¿José Luis Alfonzo ya es su actor fetiche?

-No me gustaría que se terminde creyendo eso, que en definitiva es un rótulo. Trabajé con él en mi primera película y me gustó mucho. Tiene un estilo al que la gente no está demasiado acostumbrada, es un actor poco histrión. A mi no me gustan las actuaciones tarantinescas, ni que un tipo enojado grite cincuenta veces "hijo de p..." mientras le saltan lágrimas de los ojos. Porque he visto muchas personas enojadas y cuando son cerebrales y terribles, nunca se desbordan. A mí me atrae el cine más bien realista.

-¿Ese tono realista domina "Campo de sangre"?

-Absolutamente. Siempre digo en broma, para polemizar con mi amigo Marcelo Piñeyro, que jamás pondría en un film a un tipo parado arriba de una montaña gritando "¡la p... que vale la pena estar vivo!". Porque eso me parece falso. Tampoco pondría a un señor envuelto en un sobretodo, caminando y recitándole poemas a la gente que pasa. Al mismo tiempo, cuando esas cosas están bien hechas, me gustan, pero realizadas por otros cineastas. A mi me atrae una cosa más dura, como es la maldita realidad.

-No es casual que sus dos films aborden hechos de la crónica policial y crímenes pasionales.

-Eso ejerce una fascinación especial en mí. La próxima película mía es "Los esclavos felices", una historia sobre sectas religiosas que surgió de varios hechos reales. Nuevamente allí el tratamiento será como de un documental con actores. Como director, no me atrae la ficción por la ficción misma. Lo que me sale, me gusta y donde me siento cómodo como realizador, es un cine sobre hechos vinculados a páginas de la historia argentina policiales o políticas.

-¿Por qué no hace cine documental?

-Aunque en mi filmografía no tengo documentales, podría hacer buenas películas de ese género. Pero me molesta la seudo objetividad que tienen los documentales. En realidad, son absolutamente subjetivos. Estamos con el cerebro licuado por el Discovery Channel, donde nos explican que esas imágenes son ciertas. Yo tomo la misma imagen y puedo darla vuelta ideológicamente para hacer otra cosa. Entonces prefiero -como decía Bertolucci- hacer documentales con actores. En algún punto "Campo de sangre" es un documental, pero con actores, con escenas y diálogos de ficción.

-¿Cómo se conecta con el presente una historia sobre hechos ocurridos en 1969?

-"Campo de sangre" habla sobre la impunidad. Hechos como los que plantea el film se repiten a diario en la Argentina. Cotidianamente hay una descuartizada o una coima de doce millones de dólares. Estas cosas ocurren porque sus protagonistas creen que nadie los va a tocar. Pero resulta que, más tarde o más temprano, alguien los toca. Sin contar el final de mi película, diría que de alguna manera el asesino también las paga: pese a la impunidad, no se la lleva totalmente de arriba.

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