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Falleció el actor Narciso Ibáñez Menta, el dueño del terror

A los 91 años, murió como consecuencia de una larga enfermedad; además de dedicarse a la actuación, trabajó como guionista y realizador de cine
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15 de mayo de 2004  • 12:36

MADRID (EFE).- El actor, guionista y realizador de cine español Narciso Ibáñez Menta, que pasó parte de su vida en varios países de América, falleció hoy en Madrid como consecuencia de una enfermedad que padecía desde hace más de dos años, informó su familia.

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Narciso Ibáñez Menta fue, durante muchos años, el dueño del terror, el protagonista de horas interminables de suspenso, de misterio y de ese miedo grande o pequeño que todos teníamos cuando nos sentábamos a ver una de sus creaciones.

¿Quién no se estremeció alguna vez al descubrir en la pantalla del televisor su rostro maquillado y perfecta y prolijamente desfigurado, después de cuatro o cinco agotadoras horas de trabajo de transformación frente al espejo? ¿Quién no sintió frío dentro suyo al escuchar esa voz casi inhumana, casi demoníaca que surgía desde lo más profundo de su garganta y sin embargo parecía venir de detrás de la cortina de nuestro dormitorio?

Peron antes de llegar a ponerse en la piel de estas horripilantes criatruras Narciso Ibáñez Menta ya había recorrrido una larga y exitosa carrerra artística. Había nacido en Sama de Langreo, Asturias, España, el 25 de agosto de 1912. Hijo del actor Narciso Ibáñez y de la cantante Consuelo Menta, a los tres años demostró su precocidad histriónica cuando en una gira de sus padres subió a un escenario e improvisó un fin de fiesta, ante el asombro de los espectadores.

Pocos meses después ya se lo anunciaba como "Narcisín, un niño prodigio que canta, baila e interpreta", y al año prestigiosos autores escribían comedias para su especial lucimiento.

Luego de realizar giras por España y Portugal, debutó en Buenos Aires con la zarzuela "Los granujas", de Carlos Arniches en 1919, día en que cumplía siete años. Su presentación porteña la hizo en el teatro Comedia en cuya azotea, además, realizó una prueba cinematográfica para un proyecto que no llegó a concretarse.

Desde aquel año hasta 1923 actuó en nuestro país. Luego, la Compañía Hispano - Argentina Narcisín contiunuó con una larga gira por el continente europeo y americano, hasta que en 1928 el actor protagonizó en Nueva York "Amor y deporte", su primer film.

La empresa que lo había contratado volvió a requerirlo para dos películas más, que nunca se rodaron. Por aquel entonces Ibáñez Menta ya había cumplido tres años de residencia en los Estados Unidos, y la entonces presidencia de Herbert Hooover no permitía más prórrogas de estancia a los extranjeros.

Fue precisamente en aquel país que tomó conciencia de la próxima muerte de Lon Chaney, de quien era gran admirador, y decidió como él recurrir al maquillaje para dar una nueva vertiente a su carrera y lograr composiciones totalmente distintas a las que había encarado en sus actuaciones infantiles.

En la Argentina

A partir de enero de 1931 y hasta diciembre de 1963 se radicó en la Argentina, dando comienzo así "a la etapa más importante de mi vida artística y personal. No sólo me siento un artista argentino, sino que me siento un hombre argentino", aseguró en una carta dirigida al historiador Mario Gallina y fechada en 1992.

Su amplia trayectoria escénica en nuestro país tuvo títulos tan significativos de la dramaturgia internacional como "El jorobado de Notre Dame" (1934), "Cruza", de Claudio Martínez Paiva; "Arsénico y encaje antinguo", de Joseph Kesselring, y "Fausto", de Goethe, los tres de 1941; "Mis amadas hijas", de Catherine Turney y Jerry Horwin (1944); "Sangre negra", de Richard Wright y Paul Green, y "Luz de gas", de Patrick Hamilton (ambos en 1945), y "El fabricante de piolín", de Carlos Gorostiza (1950).

Su primer contacto con el cine argentino se dio a través del fim "Nuestra tierra de paz", de Arturo S. Mom, rodado en 1939, donde Ibáñez Menta maquilló al actor Pedro Toaccio, que personificó a San Martín. Posteriormente rechazó varios ofrecimentos de cineastas por considerar que se lo convocaba a trabajos menores, hasta que en 1942 aceptó una propuesta para rodar dos películas: "Una luez en la ventana" e "Historia de crímenes", ambas dirigidas por Manuel Romero.

De sus casi veninte títulos rodados en la Argentina es imposible de dejar de mencionar "Vidalita", "La bestia deber mrir", "Procesando 1040", "Cinco gallinas y el cielo", "La muerte está mintiendo" y "Derecho viejo" hasta llegar a "Los muchachos de antes no usaban arsénico, de José Martínez Suárez, realizada en 1976 y que fue su últmo contacto con la pantalla nacional.

Ibáñez Menta fue uno de los pioneros de nuestra televisión, medio en el que alcanzó su primer gran éxito en 1955 con "Teatro Universal en un acto", sobre la base de adaptaciones de piezas teatrales de Oscar Wilde, Arthur Miller y Odvaldo Viana, entre otros autores.

A partir de allí su labor fue casi ininterrumpida para la pantalla chica y sus programas lograron altos niveles de audiencia. "Novelas de terror", "Arsenio Lupín", "El fantasma de la ópera", "El sátiro", "El muñeco maldito", "El monstruo no ha muerto", "Hay que matar a Drácula", "El pulpo negro" y "Herederos de poder" le dieron la oportunidad de lograr las más terroríficas caracterizaciones, ya convertidas en personajes emblemáticos de varias generaciones.

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