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Nueva Chicago derribó parte de una escuela

Demolió cinco aulas, la cocina y una sala de profesores
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21 de mayo de 2004  

Parece ilógico, pero sucedió: el Club Atlético Nueva Chicago derribó la mitad de una escuela pública para ampliar parte de su estadio de fútbol, ubicado en Carhué 2970, en el barrio porteño de Mataderos.

El hecho ocurrió en noviembre último, cuando dos topadoras tiraron abajo cinco aulas -donde se dictaban clases-, la cocina y la sala de profesores y preceptores del Centro de Formación Profesional N° 4, un colegio al que asisten 1200 adolescentes, jóvenes y adultos.

Las autoridades de la escuela presentaron la denuncia ante la Secretaría de Educación porteña y optaron por no hacer público el escándalo, pues aseguraron que el club se había comprometido a cederles parte de su polideportivo para que funcionara allí el colegio.

"Ahora todo está en veremos. El colegio fue construido por los propios chicos, que son de bajos recursos económicos. La mayoría vive en Ciudad Oculta y la escuela era el fruto de varios años de trabajo", explicó a LA NACION Oscar Donato, director del establecimiento afectado.

En la Secretaría de Educación porteña afirmaron que la demolición de esa parte del edificio educacional ya había sido acordada con el club.

"La escuela estaba construida en un terreno que Nueva Chicago le había cedido por diez años al Gobierno de la Ciudad. Ese acuerdo ya había caducado y una parte del establecimiento tenía que ser demolido para devolver la tierra que le corresponde al club", explicó a LA NACION el director de Educación para Adultos y Adolescentes, Eduardo Aragundi.

Sin embargo, Donato dijo que el presidente del club, Juan Angel Guerra, le había dado su palabra de que no tocaría la escuela hasta que encontraran una solución para devolverles las tierras.

"Me reuní varias veces con la dirigencia del club y en el último encuentro Guerra me dijo que me quedara tranquilo porque no iban a tocar la escuela. Pero al otro día me mandó las topadoras. Fue por la mañana. Los chicos estaban dando clases y a nadie le importó que pudieran resultar heridos", indicó el director.

Mala interpretación

LA NACION se comunicó con el presidente de Nueva Chicago, quien aseguró que el director del colegio lo malinterpretó. "Cuando Donato comenzó a construir, nosotros le dijimos que en el futuro, si el Club hacía una tribuna, esa parte de la escuela iba a tener que desaparecer", dijo Guerra.

- Donato dijo que usted le había dado su palabra de que no iba a tirar abajo la escuela.

- La tierra es de Chicago. No cobramos nada. Nosotros tenemos que edificar y vamos a usar la parte que nos corresponda. Ellos están sin convenio y nosotros podíamos haber decidido que toda la escuela desapareciera. Pero al club le interesa la educación y queremos que siga la escuela. Tanto es así que hemos firmado un nuevo acuerdo por cinco años.

- ¿Ahora van a tener cinco años más, pero con cinco aulas menos y un espacio reducido?

- Bueno..., sí... Pero si Educación quiere construir diez aulas más en el lugar, no nos vamos a oponer.

-¿No había otra alternativa antes de tirar abajo media escuela?

-Donato sabía que el aula de gastronomía era en forma provisional. Personalmente le dije: "Mirá que si en un futuro necesitamos ese lugar, vamos hacer la base ahí". Sabía que esto iba a suceder.

-Pero ¿cómo fue que de un día para el otro usted decide que tiren abajo la escuela, mientras se estaban dictando clases?

- Esto no fue de un día para el otro. Que quede claro que con Donato veníamos hablando sobre el tema desde 1999. Ahora, si vas a escribir algo, escribí la realidad, ¿eh? Porque, si no, voy a leer el artículo y voy a salir con la lanza de punta.

Aunque el Gobierno de la Ciudad asegura que, cuando las topadoras llegaron al colegio, la actividad escolar ya había concluido, docentes de la escuela afectada aseguraron a LA NACION que las aulas fueron derrumbadas con varios alumnos adentro.

Terremoto

"Estábamos celebrando el fin del año escolar en el aula de gastronomía. Habíamos cocinado tartas de manzana y tortas cuando escuché un ruido, como un terremoto. Miré hacia arriba y vi cómo se rajaba el techo. Entonces, salimos corriendo. Afuera vimos cómo las topadoras comenzaban a demoler nuestra escuela", relató la docente Teresa Vilas.

El funcionario Aragundi no coincidió con la docente y aseguró que las clases ya habían terminado cuando comenzaron los trabajos para derrumbar parte del edificio. "Tuvimos varias charlas con docentes y alumnos. En ninguna de ellas nos dijeron que habían derrumbado parte de la escuela con los chicos adentro."

Donato aseguró que para paliar la situación y evitar la deserción, el gobierno construyó dos aulas de chapa.

"Nos dijeron que eran en forma provisoria y las dos aulas no tenían ventiladores; en verano nos cocinamos. Tuvimos que dictar clase en el patio, pues aquí se enseñan distintos oficios. Lo que más me indignó es que recién ahora, que está por llegar el invierno, las autoridades de la ciudad nos enviaron dos [equipos de] aire acondicionado", se quejó Donato.

Cartas

Anoche, voceros de la Secretaría de Educación aseguraron que el gobierno porteño construirá en otra parte del edificio algunas de las aulas derribadas.

En una carta dirigida a la titular del área, Roxana Perazza, un grupo de docentes pidió a la funcionaria que "se efectuaran las obras necesarias para el desempeño de las tareas escolares; que se comunique por escrito el cronograma de esas obras, para evitar entorpecer aún más las actividades y que se garantice la estabilidad laboral del personal del centro de educación profesional N° 4".

Voceros de Perazza afirmaron, además, que ésta recibió otra carta de agradecimiento por su rápida intervención en el asunto y la construcción de las dos aulas provisionales. Esas fuentes, sin embargo, no pudieron acreditar la existencia de la carta. Sólo se limitaron a decir. "No encontramos la copia del documento; por eso ahora los docentes están firmando una nueva carta de apoyo a la gestión de Perazza."

Ahora, un polo educativo

La Secretaría de Educación porteña, Roxana Perazza, optó ayer por no opinar y derivó el tema al director de Educación para Adultos y Adolescentes, Eduardo Aragundi, quien dijo que en los últimos días, tras conocerse el escándalo, el gobierno porteño firmó un nuevo acuerdo con el Club Nueva Chicago para crear un polo educativo.

"La idea es articular el afectado centro de formación profesional con un centro de educación para adultos y un jardín de infantes que será inaugurado dentro de 90 días y que funcionará en el polideportivo del club", explicó el Aragundi.

"Todo esto se viene conversando desde el momento en que se derribó parte del colegio. Lo importante es que ninguno de los alumnos se vio afectado. Los más chicos fueron reubicados en el polideportivo de Nueva Chicago y en otras dependencia. Los adultos siguen en las aulas que aún están en pie", añadió.

No obstante, el escándalo ya llegó a la Legislatura porteña. La semana última, el diputado macrista Marcos Peña presentó un pedido de informe para que el Gobierno de la Ciudad brinde detalles sobre lo ocurrido.

Fuentes de la Secretaría de Educación confiaron anoche a LA NACION que el escándalo con la escuela se originó a partir de diferencias partidarias. "El presidente de Nueva Chicago apoyó a Ibarra durante su campaña para la reelección, y el director de la escuela afectada es militante de Ibarra. En todo esto hay un interés político que trasciende a la educación y afecta a los más débiles: los alumnos", indicaron las fuentes.

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