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Rejtman y su obra más madura

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27 de mayo de 2004  

"Los guantes mágicos" (Argentina-Alemania-Francia-Holanda/2003). Guión y dirección: Martín Rejtman. Con Vicentico Fernández Capello, Valeria Bertuccelli, Fabián Arenillas, Susana Pampín, Cecilia Biagini, Diego Olivera y Leonardo Azamor. Cámara y fotografía: José Luis García. Música: Diego Vainer. Edición: Rosario Suárez. Dirección de arte: Daniela Podcaminsky. Sonido: Guido Beremblun. Producción de Hernán Musaluppi (Rizoma Films) y Martín Rejtman con el aporte de Pandora Film Produktion y ZDF/Arte (Alemania), Artcam International y Fonds Sud Cinema (Francia), y Hubert Bals Fund (Holanda) presentada por Alfa Films. Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Considerado un pionero y referente ineludible del movimiento conocido como nuevo cine argentino, el director de "Rapado" y "Silvia Prieto" construye en "Los guantes mágicos" su película más madura y audaz, una comedia agridulce que provoca muchas risas con sus destellos de humor absurdo, pero que al mismo tiempo va dejando como sedimento una sensación de melancolía y tristeza en su mirada a las miserias de un grupo de personajes que -en sus pequeñas manías, traumas, rituales y bajezas- sintetizan casi sin proponérselo la decadencia más o menos ostensible de la clase media porteña.

Con el frenético ritmo de unos diálogos que coquetean con lo literario y que en su artificio barren con cualquier tipo de ligazón con el realismo, Rejtman va diseccionando los comportamientos de un grupo de perdedores que ronda los 40 años: Alejandro (consagratorio trabajo de Vicentico), un triste y apesadumbrado remisero que maneja un decadente Renault 12 y paga el alquiler de su departamento a cambio de viajes; Valeria (la gran Valeria Bertuccelli), azafata de vuelos chárter con toques new-age, y unos impagables personajes secundarios, como un atribulado paseador de perros, un empresario aspirante a músico de heavy metal, mujeres que intentan combatir la depresión con un arsenal de pastillas y sesiones de yoga, o un actor porno llegado desde Canadá, son algunas de las criaturas -no exentas de empatía y rasgos queribles- que conviven en el inimitable universo rejtmaniano.

Con elementos casi démodé, que van desde el apuntado Renault 12 hasta una discoteca de estética setentista, pasando por un viejo televisor en el que se ve a un muy joven León Gieco cantando "Hombres de hierro" en el documental "Hasta que se ponga el sol", o una escena en la que el protagonista baila en un club de provincia ese himno de los años 80 que fue "Vanishing Point", de la banda inglesa New Order, Rejtman contrasta nostalgia y modernidad en una impiadosa descripción de las penurias y del oportunismo de unos argentinos que -en medio de una ola de frío- intentan salvarse para siempre con los guantes mágicos del título importados de urgencia desde Hong Kong.

Rejtman combina su creatividad literaria con su caudal cinéfilo (en el que se incluyen desde Robert Bresson hasta Aki Kaurismäki, desde Max Ophuls hasta Jim Jarmusch) para construir un mundo y un dispositivo cinematográfico propios que le permiten convertir lo cotidiano y lo banal en algo extraordinario, las anécdotas personales en una descripción de alcance generacional con una mirada bastante desencantada que de pronto le hace un guiño cómplice a la esperanza.

El universo rejtmaniano es el reino de la ambigüedad y de los permanentes contrastes, un tablero en el que a través del azar, del ridículo y de los caprichos se van creando reglas propias de un juego en el que determinarán luego la forma en que los personajes se relacionan, se asocian o comparten pequeñas muestras de afecto. Inclasificable desde todo punto de vista, "Los guantes mágicos" es una película de una simpleza y una superficialidad solamente aparentes, ya que basta rasgar un poco para descubrir un abanico de pinturas, reflexiones y sensaciones que la convierten en un trabajo -clásico y vanguardista a la vez- de enorme riqueza y complejidad.

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