Fanny Navarro, la diva que murió otra vez

En la película, Héctor Olivera y José Pablo Feinmann tergiversan su historia, deformada por ciertas leyendas negras
Pablo Sirvén
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13 de junio de 2004  

La negra maldición que persiguió en vida a Fanny Navarro se reaviva en la hoguera del maltrato gratuito a su memoria que acaba de encender en su contra Héctor Olivera en su última película, "Ay Juancito", estrenada hace tres días.

El film, que describe en forma libérrima el rápido ascenso y la aún más vertiginosa caída de Juan Duarte, hermano de Eva Perón y cuñado y secretario privado del presidente Juan Domingo Perón, es ostensiblemente agresivo a la hora de retratar a una de las mayores divas del cine y del teatro que ha dado este país.

Ya se sabe que a las películas pretendidamente históricas nunca hay que tomarlas al pie de la letra -aunque no lo puedan entender quienes continúan despotricando contra las excesivas licencias incluidas en "Troya"- puesto que no hay nada que a directores y guionistas les entusiasme más que deformar los hechos para hacerlos más espectaculares y taquilleros en la pantalla grande.

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Pero tanto Olivera, como José Pablo Feinmann, responsable del esquemático libro, se han pasado de la raya al tirar a los perros el recuerdo de la famosa actriz, y tergiversar toda su triste historia. Para cubrirse de las eventuales demandas que pudiesen iniciarle sus descendientes, le han cambiado el nombre por uno de fantasía, pero sólo a la manera de un precario camuflaje. En "Ay Juancito", Fanny Navarro se llama Ivonne Pascal y es interpretada con convicción y sensualidad por Leticia Brédice. El tándem Olivera-Feinmann se solaza en retratarla con trazo grueso: según ellos era una desaprensiva trepadora que, con tal de hacerse famosa, no dudó en subirse a la cama de Juan Duarte, a quien apodaban jabón Lux, por aquello de que "nueve de cada diez estrellas lo usan", en referencia a sus irrefrenables condiciones de Don Juan que no sólo le depararon intensísimos momentos de fugaz felicidad con infinidad de mujeres, sino también una sífilis galopante que lo llevó al borde de la muerte.

En la película, al tiempo que Fanny/Ivonne se convierte en amante de Duarte, pasa de ser una ignota cholula a una estrella colosal; se vuelve íntima de Evita, abrazando con ardoroso fanatismo su causa y delata a Niní Marshall por llamar a Eva "la perona", quien cae en desgracia y se queda sin trabajo.

Pero Duarte, quien en el film corteja con más convicción a otra actriz, Elina Colomer, aquí llamada Alicia Dupont e interpretada por Inés Estévez, maltrata físicamente a la Navarro y hasta la acusa de ser la causante de su enfermedad.

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Nada más lejos de la realidad. En 1934, cuando Juan Duarte era apenas un modesto vendedor de jabón en Junín, Fanny ya figuraba en el reparto de una ópera en el Teatro Colón que encabezaba, nada menos, Claudia Muzzio, y cinco años después protagonizaba "Ambición", el film de Adelqui Millar. Cuatro años antes de que Perón llegara a la Presidencia, Radiolandia le dedicó su primera tapa. Es obvio, entonces, que cuando Duarte la conoció, Fanny Navarro ya era toda una reconocida estrella, con éxitos resonantes en su carrera.

Así lo constataron César Maran-ghello y Andrés Insaurralde, quienes trabajaron varios años para documentar la vida de la mencionada actriz en un libro de casi 400 páginas -"Fanny Navarro o un melodrama argentino" (Ediciones del Jilguero, Bs.As., 1997)- y alegan que la Navarro (al revés de lo que muestra la película) ocupaba un lugar más destacado en el inestable corazón de Duarte que Elina Colomer. Esta última, que manejó con más cautela y habilidad sus relaciones con personeros de aquel régimen y cuya hermana, Mendy, había sido jefa de prensa de la opositora Unión Democrática, que Perón derrotó el 24 de febrero de 1946, pudo sobrevivir al naufragio peronista de 1955 y todavía se anotó un posterior suceso rotundo en la televisión de los años sesenta, como protagonista de "La familia Falcón", por Canal 13.

En cambio, Fanny Navarro empezó a padecer tan pronto se sucedieron, en apenas ocho meses, las aciagas muertes de Eva (cáncer) y Juan Duarte (¿suicidio?). Exponente del "evitismo" más recalcitrante, el propio Perón no tardó en darle la espalda, en tanto que el mandamás del aplastante aparato propagandístico del gobierno, Raúl Apold, que le guardaba gran antipatía, se encargó de cerrarle algunas puertas más. La llegada de la Revolución Libertadora, en el 55, lejos de tenderle una mano, la acosó aún más por medio de sus comisiones investigadoras y, como todavía era dueña de una particular belleza, hasta no faltó quienes en tan serias circunstancias, se atrevieran a invitarla a salir.

Pero Fanny Navarro ya era una sombra de lo que había sido y su frágil psiquis quedó definitivamente perturbada desde el mismo momento en que Germán Fernández Alvariño (el oscuro "capitán Gandhi") tuvo la tenebrosa ocurrencia de mostrarle la cabeza cortada de Duarte.

Aislada por sus colegas, su estrella se precipitó como un meteorito. Los sesenta la sorprendieron con trabajo escaso y de poca monta, al borde de la indigencia y con frecuentes ataques de pánico que la llevaron a sucesivos intentos de suicidio. Vivía prácticamente recluida, cuidando de su madre y de sus sobrinos. Enferma de las coronarias, de amargura y soledad, murió en 1971, a los 51 años.

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Para conocer sus autorizadas opiniones, LA NACION le pidió a Insaurralde y Maranghello que vieran el film de Olivera, quien alguna vez, en los inicios de su carrera como asistente, supo acompañar a la actriz en sus desplazamientos en remises de los estudios Baires al centro, cuando ella rodaba "El grito sagrado".

Los autores de "Fanny Navarro o un melodrama argentino" coinciden en señalar que la película es "tendenciosa y miente", y que lo que "no se le perdona a Fanny es su fanatismo y todas las facturas que no se le pudieron pasar a a Eva, se la pasaron a ella".

Treinta y tres años después de su muerte en el más profundo ostracismo, Fanny Navarro sigue sin poder descansar en paz.

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