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La que escapó a tiempo

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13 de junio de 2004  

Susana Canales, una de las actrices más populares del cine y del teatro argentinos de las décadas del cuarenta al sesenta, pasó por Buenos Aires invitada por Héctor Olivera para el estreno de su film "Ay Juancito". La gentileza del cineasta tenía un motivo esencial ya que ella, madrileña de nacimiento, debió dejar la Argentina en 1950, para alejarse del asedio de Juan Duarte, y decidió retornar a su España natal para seguir allí su carrera artística.

La producción de Olivera refleja, entre otros romances del donjuanesco Juancito, este episodio de la vida de la actriz, y a medio siglo de ese hecho una Susana Canales de gran memoria lo rememora como una anécdota que marcó su destino. "Hace tres años -explica durante un diálogo con LA NACION-, Olivera deseaba realizar una producción que debía insertarse en los años de esplendor del peronismo, pero le faltaba un personaje central en torno del cual girase su historia. En una visita anterior, LA NACION me hizo un reportaje en el que yo contaba el motivo de mi retorno a España, y a esto se sumaron otros datos acerca de este tema que se publicaron en el libro "Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior", del historiador Mario Gallina. Con estos antecedentes, Olivera ideó el personaje central de su película. Sería Juan Duarte y sus tumultuosos romances con refulgentes estrellas de la época. El director me pidió permiso para utilizar mi nombre, a lo que accedí gustosa, y en la película las únicas actrices que figuran con sus verdaderos nombres y apellidos somos Niní Marshall y yo".

-¿Cómo fueron los primeros escarceos de Juan Duarte para conquistarte sentimentalmente?

-En principio debo hace una pequeña historia. Mi padre, el actor Ricardo Canales, se vio atrapado por los avatares de la Guerra Civil Española y, luego de diversas contrariedades y persecuciones, comenzó una gira con su compañía teatral. Radicado transitoriamente en Venezuela, me dio la oportunidad de interpretar un personaje en una de sus obras. Yo tenía cuatro años y estaba en el elenco de la pieza "La Gioconda", de Gabrielle D´Annunzio. En 1940, mi familia y yo recalamos en Buenos Aires, ya que mi padre había sido contratado por la compañía de García León, y decidió radicarse aquí. Por mi parte, y ya con sincera vocación artística, integré el reparto de la compañía de Catalina Bárcena y, en 1944, me incorporé a la compañía de Margarita Xirgu con el estreno de "La dama del alba", de Alejandro Casona. Ya me había ganado un lugar en la escena argentina, y a ello se sumaron interpretaciones en varias películas, entre ellas "Concierto de almas", "16 años", "Albéniz", "Con el diablo en el cuerpo", "La hostería del caballito blanco" y varios títulos más. En 1947, y de la mano de Luisa Vehil, trabajé en la pieza "La rosa azul", de Eduardo Borrás, con dirección de Antonio Cunill Cabanellas. Ya era una figura con un nombre importante, hasta que apareció en mi vida Juan Duarte.

-¿De qué forma apareció?

-Yo no lo conocía personalmente a Duarte. Durante varias semanas misteriosos regalos llegaron, a mi nombre, al teatro. Finalmente supe que quien me los enviaba era Juan Duarte. A ello se sumaron invitaciones para concurrir con él a fiestas y a reuniones del ambiente artístico... Sin duda, Duarte me quería sumar a la lista de sus "protegidas". La cosa se ponía muy espesa, y mi padre decidió mi vuelta a España. Corría el año 1950, y retorné con mi familia a mi país escapando de un seductor que no se daba por vencido.

Susana Canales rememora con mirada fotogénica aquellos tiempos "en que creía -dice- que mi trayectoria artística estaba terminada. Felizmente no fue así, ya que de regreso a mi patria, y con Benito Perojo como director, protagonicé «Sangre en Castilla», a la que siguió «Cielo negro», de Manuel Mur Oti, sin duda mi mejor film. Me enamoré del actor Julio Peña y el 8 de abril de 1953, un día antes de la muerte de Juan Duarte, me casé y proseguí mi carrera alternativamente en España, en México y en Italia".

El presente tiene a Susana Canales en plena actividad. "Luego de aquellos episodios turbulentos -explica-volví varias veces a la Argentina y me reencontré con parientes y amigos, rodé alguna película y protagonicé, con Chicho Ibáñez Serrador, la obra «El agujerito», a la que siguió «Aprobado en castidad». Actualmente hago algunas apariciones en la televisión española, tengo proyectos teatrales y, de vez en cuando, me doy el gusto, como ahora, de volver a una tierra a la que considero muy mía, pues aquí se produjo el lanzamiento de mi trayectoria actoral. Como anécdota final, puedo decirte que cuando interpretaba la obra «La rosa azul» fui compañera de elenco de Elina Colomer, una de las estrellas preferidas de Juan Duarte. Y me hice muy amiga de ella... Por supuesto, nunca hablamos de su relación con ese Juancito que, ahora, aparece en la película de Olivera con toda su seducción y su dramatismo".

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