El último vuelo de Gardel

Por Alberto Delmar Para LA NACION
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23 de junio de 2004  

El pensador Irving Kristol dijo que el siglo XX tuvo islas de salud en un océano de estupidez. Las causas de la tragedia aérea de Medellín -con la muerte de 15 personas y heridos graves, ciegos y amputados- lo confirma.

En la tarde del lunes 24 de junio de 1935, "el día en que no se cantaron tangos", canillitas, diarios y radios anunciaban la muerte de Carlos Gardel, mientras que, en Colombia, los titulares destacaban también la muerte del aviador Ernesto Samper Mendoza, pionero de la aviación comercial colombiana y miembro de la distinguida familia que patrocinaría la Universidad de los Andes.

Sin saber que sería por última vez, Gardel grabó el 20 de marzo de 1935, en el estudio Victor, de Nueva York, un long play, "Gardel habla y canta sus películas". Allí anunciaba su próxima gira por Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y México.

El 28 de marzo, él y su comitiva parten de Nueva York en el buque Coamo, hacia Puerto Rico. A las 6 de la mañana del 1º de abril amarran en San Juan, donde son esperados por una muchedumbre.

Después de actuar con gran suceso en dos ciudades del interior de la isla, llega, en el buque Lara, a La Guaira, el importante puerto de Venezuela, entonces gobernada por el autoritario Juan Vicente Gómez, a quien llamaban "el bisonte" o "el bagre".

El cantor deja, poco después, su promesa de no subir nunca a un avión y vuela, como turista, a Aruba.

El territorio de Colombia está atravesado por la cordillera de los Andes. Como viajar por tierra era muy complicado, eso hizo que se desarrollara muy rápidamente la aviación comercial. Las rutas aéreas eran disputadas por dos empresas: Scadta (Sociedad Colombiano-Alemana de Transportes Aéreos), fundada en 1919, y SACO (Servicios Aéreos Colombianos), fundada en 1929 por Samper Mendoza.

Samper quiso ganar para sí al famoso Gardel, que había volado por Scadta de Barranquilla a Bogotá, con escala en Cartagena. Luego de que el cantor llenara, en Medellín, el Circo España, Samper, para el próximo trayecto Bogotá-Cali, le ofreció un vuelo chárter y, además, la posibilidad de ser su patrocinador en el programa radial de despedida, por La Voz de la Victor. En cuanto obtuvo el sí de Gardel, publicó avisos para anunciar que el rey del tango volaría por SACO. Esto irritó a los alemanes de Scadta, en particular al principal piloto y primer accionista, Hans Ulrich Thom, egresado de la Escuela Superior Nacional Socialista.

El 20 de junio de 1935, Thom se encontró con Samper en el aeropuerto Techo (Bogotá). Ese día, Thom le dice a Samper: "Te voy a hacer una pasada que te vas a emocionar" y, poco después pasa con su avión muy cerca de Samper, casi rozándolo. Este lo denunció a la Dirección de Aeronáutica Civil y le inició una querella penal.

Pero, además, Samper masculló su venganza. Optó por la Ley del Talión: "Ojo por ojo.." A una pasada rasante, otra pasada rasante...

Gardel ignora esta disputa. En Bogotá, continúa sus triunfales actuaciones en los teatros Real y Olimpia y el 23 de junio se despide frente a una plaza colmada. El Zorzal dice: "Me voy de Bogotá con la impresión de quedarme con ustedes..." Luego de afirmar que no olvidará las atenciones recibidas, confiesa que no sabe si volverá. "El hombre propone y Dios dispone", dice, y cierra su actuación con el amargo tango "Tomo y obligo".

Luego reúne a su comitiva y amigos en el Restaurante Francés y de inmediato busca descanso en su albergue, el Hotel Granada. A las 11 del lunes 24 se dirige al aeropuerto Techo, donde le ofrecen un cóctel y muchísimo afecto antes de embarcarse en un trimotor de SACO, que al mando de Stanley Harvey parte de Bogotá rumbo al Norte. Cruzan sin novedad la cordillera (prueba de que la máquina funcionaba bien) y aterrizan poco después de las 14 en el aeropuerto Olaya Herrera, de Medellín. Junto al hangar de SACO lo espera Samper. Frente a ese hangar está el de Scadta y allí llega poco después Thom, procedente de Cartagena. Samper invita a un whisky con galletitas en el bar, mientras que visualmente controla los movimientos de Thom, que carga combustible y pasajeros con destino a Bogotá.

Sorprenden dos cosas: una escala al Norte para un vuelo al Sudoeste (Cali) y que Samper bebiera whisky poco antes de volar (¿para animarse a la revancha?)

Cuando aparece el banderillero frente al avión de Thom, en el avión de SACO ocupan sus puestos el piloto Samper, su radiooperador, William Foster; el comisario Flynn, la comitiva de Gardel, y Gardel. Ante la bandera a cuadros, Thom dirige su aeronave por la pista de césped hasta que la bandera roja lo hace detener cerca de la pista central.

Poco después, Samper, por la pista central, prueba la buena potencia de los motores y, ante otra señal, gira la máquina 180 grados e inicia la carrera del despegue en dirección norte, pero a los 250 metros se desvía hacia la pista de césped, donde espera su turno Thom, y continúa la carrera por esa pista blanda. Una rueda se hunde un poco y el avión da un tumbo, lo que alarma a Gardel, sentado en el primer asiento detrás del piloto (no había en SACO tabique separador). Le dice a Samper: "Che, piloto, ¿qué hace?" No recibe respuesta. A 120 metros del avión de Scadta, Samper levanta la máquina a unos 30 o 50 metros de altura, pero, en lugar de dar la vuelta hacia Cali, baja en picada para consumar su revancha ¡con un avión de pasajeros!

Thom, al ver que el F31 se le viene encima, saca la pistola de señales y dispara una bengala, inútilmente, pues no puede impedir el choque, con el avión de Scadta en tierra y sobre la pista de césped.

"El choque violento, aterrador, nos dejó paralizados, incapaces de concebir como verdad lo que presenciamos. Al choque sobrevino la llamarada. Luego hubo segundos de silencio; el temor nos paralizó a todos. Después corrimos hacia donde se encontraban las dos máquinas envueltas en una sola llamarada. Lo primero que hice fue acercarme a tres pasajeros que la violencia del choque había lanzado unos metros; por el lado contrario, salieron dos más, con sus ropas incendiadas. Casi todos se tomaban la cabeza y la cara por el dolor de las quemaduras. Nos acercamos al incendio hasta donde las llamas nos lo permitieron para ver si había alguien a quien ayudar. No había nadie. Lo que más impresionaba era el silencio." (Declaración de un testigo, amigo del empresario Díaz, que había contratado a Gardel.)

En el avión de SACO mueren diez personas: Carlos Gardel, Guillermo Barbieri (guitarrista), Alfredo Le Pera (colaborador literario), Ernesto Samper Mendoza (piloto), Celedonio Palacios (empresario chileno), Henry Schwartz (empresario), José Corpas Moreno (secretario de Gardel), William Foster (radiooperador), Angel Riverol (guitarrista, que fallece a las 48 horas del accidente) y Alfonso Assaff (agente teatral). Sobrevivieron José M. Aguilar (guitarrista; quedó ciego), José Plaja (profesor de inglés de Gardel; quedó ciego y con amputaciones) y Grant Flynn, el comisario de a bordo, que saltó del avión segundos antes del choque, se ocultó un tiempo y luego regresó a los Estados Unidos. Siempre se resistió a hacer declaraciones. Sospechan que sabía lo que iba a ocurrir.

En el avión de Scadta murieron cinco personas: Hans Ulrich Thom (piloto), Hermann Fuerst (copiloto), Hernando Castillo (un joven auxiliar, de 15 años), Ignacio Zulueta Ferrer (abogado) y Jorge Moreno Olano (bancario).

El presbítero Gervasio Posadas, quien se acercó lo más posible al fuego, confortó a moribundos y rezó por los muertos.

El cadáver de Gardel, con el hemitórax izquierdo semihundido y semicarbonizado, con las piernas amputadas, fue reconocido por su excelente dentadura y por una pulsera de plata con nombre, apellido y dirección, que se exhibe en la Sala Gardel de la Casa del Teatro. En la morgue le extrajeron, de entre la pleura y el pulmón izquierdo, la bala que llevaba desde el 11 de diciembre de 1915, día de su cumpleaños, que había ido a festejar en el baile del Palais de Glace (barrio de la Recoleta) con sus amigos, los actores Elías Alippi y Carlos Morganti. Allí habían sido provocados por otro grupo, encabezado por los jóvenes Guevara y Gallegos Serna, que habían querido agredir a Alippi. Gardel lo impidió y, con sus amigos, se marchó del lugar en un taxi, rumbo al Armenonville, de la avenida Alvear y Tagle. Fueron alcanzados por el grupo provocador en la esquina de Agüero y Avenida del Libertador, donde Guevara, revólver en mano, se acercó a Gardel, y le dijo: "Ya no cantarás «El moro»". Ante un movimiento defensivo del Zorzal, le disparó a quemarropa. Le causó una importante hemorragia pulmonar y fue trasladado a la Asistencia Pública. Allí no pueden detener la hemorragia y, dada la gravedad del caso, lo llevan a la guardia del hospital Ramos Mejía, en la que es atendido con eficacia por el doctor Donovan.

El médico detiene el flujo de sangre y ordena una radiografía, además de internarlo. En 1938, Donovan dio una clase y explicó por qué no había extraído de inmediato ese plomo, que quedó alojado entre la pleura y el pulmón y que Gardel llevó el resto de su vida, hasta el increíble episodio final. Acerca de esto, lo que aquí narramos descarta las versiones absurdas que hablaban de un tiroteo en el avión de SACO.

Observó Borges que un pueblo tiene su eternidad en la memoria. El autor de esta nota encuentra esa eternidad en la estampa, la cordialidad generosa, y en la voz incomparable de Gardel.

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