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Abuso sexual: habrá cursos preventivos

En los institutos porteños se instruirá a los maestros sobre formas de maltrato y de violencia sexual
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24 de junio de 2004  

La sola mención del asunto eriza a padres y abuelos. Las autoridades de los colegios eligen el silencio. En la Secretaría de Educación del gobierno porteño quieren instruir a maestros y directores para saber qué hacer ante esta situación. Pero el abuso sexual en las escuelas no deja de ser noticia.

Durante el recorrido por más de una decena de colegios en Colegiales, Recoleta, Núñez, Barrio Norte y Palermo, ninguna de las autoridades de los establecimientos visitados aceptó responder a la consulta sobre qué métodos preventivos se toman para evitar este tipo de incidentes.

Los casos no asombran por la cantidad, sino por la gravedad. Según los datos relevados durante 2003 por el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad, la línea 102 contabilizó 95 llamadas por casos de abuso sexual, el 57 por ciento de los cuales eran menores de entre cuatro y 12 años. Las estadísticas de esta dependencia indican que en el último año, uno de cada dos chicos abusados elige como confidente a un amigo; uno de cada cinco, a la madre, y sólo el 22% se lo cuenta a otro familiar.

El tema es tabú para padres y abuelos. Así lo comprobó LA NACION ayer, cuando intentó dialogar con ellos en la entrada de las escuelas. La mayoría de los padres o encargados de los chicos se negó a hacer declaraciones sobre el tema. Sólo una mujer, que pidió no ser identificada, reconoció a LA NACION que no tomó ningún tipo de precaución a la hora de seleccionar la escuela y que lo hizo por recomendación. "Conozco a las maestras y creo que son buena gente y la nena está contenta", dijo.

La casuística de abuso de menores dentro del ámbito escolar es pequeña, pero no por eso menos relevante. Las autoridades se encuentran con dos problemas: proteger a los chicos y ser justos, y proteger a los maestros. Para esta clase de delitos, el Código Penal prevé penas de ocho a 20 años de prisión (ver aparte).

Como se trata de un delito que sucede en la intimidad, resulta difícil obtener pruebas objetivas. Se trabaja sobre indicios y la coincidencia en los relatos de chicos que no se conocen entre sí, y con peritajes psicológicos.

"La clave está en que los chicos están siendo escuchados en la Justicia y se les cree. Su opinión es ahora valorizada", explicó la psicoanalista Eva Giberti, del Consejo de los Derechos del Niñas, Niños y Adolescentes, que conduce el curso de instrucción sobre abuso sexual y maltrato; dirigido a maestros y directivos, que se dictará en septiembre y octubre próximos e incluirá los casos más difundidos.

"Desde hace dos años, los medios de comunicación ponen en superficie historiales que estaban ocultos en las escuelas, en el consejo o en los juzgados, y contribuyen así con la prevención", agregó Giberti.

Como sucede con la mayoría de los abusadores, se trata de personas que se ganan la confianza de los chicos. Confianza que hace posible el abuso. "Son personas muy queridas por los chicos que tienen esta doble faz. Son tan amables que la gente descree que sean abusadores", señaló la psicóloga Sonia Vaccaro, que trabaja en la fiscalía de Saavedra, donde recayó el caso del maestro de música acusado de abuso en el Jardín Nueve Lunas, de Núñez, y en el Colegio San Agustín.

El abusador empieza de manera sutil. "Los juegos se van erotizando cada vez más y cuando el chico habla, el abuso ya es de larga data -afirmó Vaccaro-. Desde el principio, la simetría está a favor del abusador. Por ser su alumno, el chico está sometido a su autoridad y le es difícil oponerse a lo que empieza como un juego."

No es habitual que un chico "denuncie" a alguien con quien tiene tanta cercanía como es el maestro. En estos casos conviene estar atentos a conductas extrañas, como la resistencia a querer ir a la escuela. Si bien es difícil proteger a los niños de una situación de abuso, es posible que los padres tomen algunos recaudos.

¿Cómo prevenirlo?

Los especialistas coinciden en un punto: lo importante es no esperar a que surja una situación de abuso para hablar del tema con los chicos. El silencio, la ignorancia y la información insuficiente, lejos de proteger a sus chicos, los vuelve más vulnerables.

Una buena comunicación parece ser la mejor vacuna. Los niños deben sentir que pueden contar lo que les sucede. Aunque sean pequeños deben saber que si alguna vez les sucede algo parecido, sus padres no dejarán de amarlos y les creerán.

Otro argumento de los abusadores es el del secreto compartido. "Si vos no decís nada, yo tampoco lo voy a contar", suelen decir.

Los chicos deben saber que hay que respetar a los mayores, pero que no deben obedecerles si les piden que hagan algo incorrecto o que los haga sentir incómodos. Aunque los niños intuyen cuando alguien los trata de forma impropia, deben saber con claridad qué es lo que no deben permitir que se les haga. Como la mayoría de los abusadores son personas allegadas a su víctima, no es suficiente enseñarles a los niños a cuidarse de los extraños. Ellos tienen que saber con claridad que si una persona allegada intenta algo que los incomode, tienen derecho a rechazarlo inmediatamente.

Cómo castiga la ley estos delitos

Para castigar ese tipo de delitos, el Código Penal prevé penas que van desde seis meses hasta 20 de años de prisión.

De seis meses a cuatro años será la pena de prisión "cuando la víctima fuere menor de trece años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de relación de dependencia, de autoridad, de poder o aprovechándose de que la víctima no haya consentido libremente la acción".

El artículo 119 contempla penas de 6 a 15 años de prisión para "quien tuviese acceso carnal con una persona de uno u otro sexo" y cuando la víctima "fuere menor de 12 años". La pena será de 8 a 20 años de reclusión o prisión si el hecho "fuere cometido por ascendiente, descendiente afín en línea recta(...), tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o encargado de la educación o de la guarda". También se aplicará dicha pena "si fuere cometido contra un menor de 18 años aprovechando la situación de convivencia preexistente con el menor".

En el artículo 125 se contempla reclusión de tres a diez años para quien promoviere o facilitare la corrupción de menores de 18 años, aunque mediare el consentimiento de la víctima.

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