Festival para la escena

Pola Suárez Urtubey
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1 de julio de 2004  

Años atrás era otra cosa. Al igual de lo que puede ocurrir hoy en otros grandes centros musicales, las cuatro obras que conforman "El anillo del nibelungo", de Wagner, se ofrecían en una sola temporada en el Teatro Colón. No se trataba sólo de tener dinero -que hoy escasea- para contratar a los mejores especialistas del mundo; era también cuestión de infraestructura y de contar con una orquesta y un público muy dispuestos y preparados para ofrendar tantas horas de su vida a semejante proeza. Es que montar la teatralogía en su totalidad y en una única temporada, no es cosa sencilla: más de catorce horas de música requieren la dedicación de una cantidad mayúscula de horas de ensayos, musicales y escénicos, que hoy, tal como está organizado el teatro, con alquileres de su sala principal mediante, resulta impensable.

Un poco de historia ayudaría a fijar distancias. La última vez que el Teatro Colón estuvo en condiciones de ofrecer en un mismo año el Prólogo y Trilogía completos fue en 1967, cuando se abrieron seis abonos, lo que sumó veinticuatro funciones entre el 15 de septiembre y el 8 de noviembre. La estrella fue Birgit Nilsson, junto al director Ferdinand Leitner, la régie de Poettgen y los decorados de Roberto Oswald. Análoga proeza se había dado apenas cinco años antes, en 1962, donde también fue Nilsson la Brunilda de la integral. Con posterioridad a 1967 se trató de hacerla dividiéndola en dos años consecutivos, pero tras el esfuerzo de ofrecer las dos primeras en 1981, el resto careció de continuidad ("Sigfrido" en 1983 y "Ocaso" en 1985). En la década del 90 no pudo mejorarse la situación: ya era imposible afrontar el desafío de antaño.

Ahora, tal como estamos, y con el liderazgo del director Charles Dutoit, el Colón, a partir de este "El oro del Rin" se lanza en un nuevo intento de cuatro años, que la Orquesta Estable deberá llevar adelante. Pues es la orquesta, precisamente, el actor principal, el verdadero soporte del drama, el alma de los héroes, porque dice muchas veces lo que ellos no pueden o deben expresar. En síntesis, si por el momento no hay ni qué pensar en un anillo completo dentro de un solo año, bueno será conformarse con un título por temporada. Que cuatro años no es nada... como diría el tango.

"El anillo del nibelungo" (el nibelungo al que se alude es Alberich) lleva como subtítulo "Un festival escénico en tres jornadas y un prólogo". Conviene recordarlo porque el llamarlo, como lo hacemos sin excepciones y para abreviar, Tetralogía, resulta muy práctico, pero no ortodoxo. La magna obra ocupó la mente de Wagner durante treinta años, desde 1846, en que anuncia su proyecto de ópera sobre la saga de Sigfrido, hasta agosto de 1876, cuando se conoce el prólogo y la trilogía completos, en la inauguración del Teatro de los Festivales de Bayreuth. Las dos primeras partes del ciclo habían sido estrenadas en Munich, separadamente, en 1869 y 1870, respectivamente, acosado el autor por las exigencias de la corte bávara, que tenía derechos, pues le costaba bien caro mantenerlo.

Como todos saben, la duración de cada una de sus partes es para tener en cuenta. "El oro del Rin" insume alrededor de dos horas veinte "non stop"; "La walkiria", tres horas y media: "Sigfrido", tres horas cuarenta minutos y "El ocaso de los dioses", cuatro horas aproximadamente. Es mucho, y hay que aceptarlo... o rechazarlo; pero al parecer Wagner necesitaba ese tiempo para trazar su visión de lo que es eterno en el hombre. La obra en su totalidad se organiza a través del método del leitmotiv o tema conductor, que en el caso del Anillo completo supera el número de ochenta.

Como ocurre con toda la dramaturgia wagneriana, los libretos pertenecen al propio compositor, y en este caso, al acudir al mito de los nibelungos, aborda un tema que está en el aire del Romanticismo germano y que toca de cerca las raíces más profundas del ser nacional. Wagner estaba convencido de que los personajes y las situaciones así presentadas permitirían a las sucesivas generaciones reconocer su propia condición, al mostrarles la esencia humana, aquello que está más allá de toda limitación de tiempo y de lugar. Porque el mito, en suma, conduce al mundo de las ideas, de las verdades objetivas y universales.

En el caso de "El oro del Rin", ya los compases del preludio buscan expresar la pureza de la naturaleza, desbordante de amor, de belleza y sabiduría, antes de ser contaminada por el hombre. La construcción musical de ese preludio es de una audacia fenomenal, al elaborar 137 compases sobre un único acorde, el de Mi bemol mayor, que representa en el pensamiento del autor esa especie de grado cero, de la nada inicial. A partir de ahí se suceden luego, sin interrupción, las cuatro grandes escenas que dan forma a la totalidad de la obra que ahora anuncia el Colón. Desde la escena inicial, que transcurre en las profundidades del Rin, donde las hijas del río, custodias del oro, encarnan con sus juegos y placeres inocentes la riqueza de una naturaleza aún inviolada, hasta el final de la obra, con la entrada triunfal de los dioses en su suntuosa morada, el Walhalla, y finalmente al llanto de las hijas del Rin, se cumple la parábola propuesta por el autor, según la cual la civilización de los hombres sigue su camino con desprecio de los medios que se pongan en juego y de sus consecuencias. Hace poco, en pleno 2004, el pensador George Steiner opinaba lo mismo. La humanidad sigue adelante con su hambre de cuestionamientos, aun a riesgo, dijo, de convertir el planeta en humo.

Elenco

"El oro del Rin" cuenta con dirección musical de Charles Dutoit al frente de la Orquesta Estable del Colón, régie y escenografía de Ladislav Stros, vestuario de Josef Jelinek e iluminación de Miguel Pantano. El elenco de cantantes está integrado por Mikhail Kit (Wotan), Marcelo Lombardero/Leonardo Estévez (Donner), Gustavo López Manzitti/Fernando Chalabe (Froh), Carlos Bengolea (Loge), Fedor Mozahev (Alberich), Ricardo Cassinelli/Osvaldo Peroni (Mime), Carlos Esquivel (Fasolt), Juan Barrile/Edgardo Zecca (Fafner), Graciela Alperyn/Alejandra Malvino (Fricka), Myriam Toker/Mariela Schemper (Freie), Cecilia Díaz/Lucila Ramos Mañé (Erda), Graciela Oddone/Silviane Bellato (Woglinde), Patricia González/Irene Burt (Wellgunde) y Laura Cáceres/Ana Larreatigui (Flosshilde).

Funciones

  • Habrá cinco funciones de "El oro del Rin", los días 6 (gran abono), 8 (nocturno tradicional), 13 (nocturno nuevo) y 16 de julio (abono especial), a las 20.30, y domingo 11 (vespertino), a las 17.
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