Floja comedia de Telefé

Dolores Graña
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6 de julio de 2004  

"Panadería Los Felipe", telecomedia. Libro: Marisel Lloberas y Jorge Chernov. Prod. ejec.: Gabriel Krivitzky. Dir.: Pablo Milutinovic. Dir. gral.: Carlos Olivieri. Prod. gral.: Enrique Estevanez. Con Fabián Gianola, Hugo Arana, Ana María Picchio y elenco. Por Telefé, los domingos, a las 13.30.

Nuestra opinión: regular.

La historia de la nueva telecomedia de Telefé se centra en la panadería de Pepe (Hugo Arana), que, después de mucho esfuerzo, ha logrado reinaugurarla siguiendo los consejos de su hijo Felipe (Fabián Gianola), quien pretende llevar al pequeño negocio familiar a una suerte de gerenciamiento, en contra de los deseos de su padre, necio y bruto pero de buen corazón, como suelen ser los hijos de inmigrantes en estas comedias costumbristas. Felipe, por el contrario, es el prototipo del nieto: un chanta encantador, capaz de resolver cualquier problema sin necesidad de trabajo. En definitiva, en estas comedias lo que se escenifica es una versión de las tensiones generacionales y culturales en nuestro país, entre lo que simbolizan los inmigrantes y sus hijos (nietos, a estas alturas): entre el trabajo para construir de cara al futuro y el ingenio para sobrevivir al presente, entre el mando familiar y la necesidad de hacer su propio camino.

Las telecomedias de los domingos tienden a replicar los preparativos del almuerzo al otro lado de la pantalla, pero deben, necesariamente, poder trasladar el interés del plato y la conversación a la detenida contemplación del televisor. La cantidad de precedentes de "Panadería Los Felipe" y la familiaridad del conflicto para buena parte del público es testimonio de su innegable interés, propulsado además por esa eterna galería de personajes que ya son un clásico del género: la madre, Betty (Ana María Picchio), gran componedora; la abuela tierna y algo ida (Nelly Panizza); la hermana atractiva (Mónica Ayos) con novio acaudalado (Peto Menahem) que no la merece y pretendiente trabajador que sí (Diego Pérez); la empleada enamorada del hijo del dueño (Anita Martínez) y la joven profesional calculadora (Verónica Vieyra) que parece haberlo cazado y que -si no quedaba claro que era una mala elección- es la hija del usurero (Héctor Calori) gracias al que se ha realizado la renovación.

Todos estos personajes, por supuesto, dependen del guión para comenzar a diferenciarse, y ahí es cuando las cosas se complican. A pesar de que el elenco intenta afanosamente dotarlos de individualidad, resulta muy difícil sacar adelante diálogos y situaciones remanidos e inverosímiles, como extensos diálogos con objetos inanimados que intentan echar luz a motivaciones ya cristalinas (en este caso, un árbol que plantó el fundador, símbolo de su esfuerzo), gags antediluvianos con sopletes de pintura, intentos de imponer frases marca registrada (otro clásico del género) que se quedan a mitad de camino, panaderías que abren a media mañana, yuppies de medio pelo que juegan al golf con sólo cuatro palos y personajes que anuncian conflictos para nunca más volver (la media hermana de Felipe, abandonada por su padre).

Sólo María Fiorentino -como una pastelera de carácter, reemplazante del empleado sopleteado- tiene un momento de lucimiento, quizá porque fue la única que logró parar -plantándosele al jefe- el griterío que -sólo desde afuera- se confunde con la verdadera emoción de encontrarse con la familia. Es de esperar que con el correr de los capítulos se descubra la diferencia y cómo salvarla.

21,6 puntos

  • La telecomedia ganó en su horario y fue el tercer programa más visto del día.
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