Suscriptor digital

Un centenar de bandoneones en el Teatro Colón para Aníbal Troilo

Durante la tarde de ayer, pequeños grupos de músicos recorrieron diversos bares notables
Daniel Amiano
(0)
6 de julio de 2004  

"Acá hay peluquines de todos los colores", dice un hombre mayor, todavía de buen humor, mientras intenta infructuosamente ingresar en el Teatro Colón. Pero eso no es posible, no sólo para él sino para los más de 300 curiosos que se acercaron al primer coliseo (muchos llegaron en micros) para escuchar a ese centenar de bandoneones que se encontraron allí para registrar lo que se dio en llamar "la foto del siglo", con la que se inició la semana dedicada a la figura de Aníbal Troilo, que el domingo cumpliría 90 años.

Se trataba sólo de tomar esa foto. Y el trámite fue rapidísimo y bastante desorganizado, ya que posaron poco antes de las 15, que era el horario de la convocatoria. Minutos más tarde llegaría el saludo entre aquellos músicos que se reencontraban luego de algún tiempo y, después, la salida para recorrer los bares notables de Buenos Aires y allí sí interpretar algunos tangos. La gente, mientras tanto, esperaba afuera algún milagro que se hiciera música. Y se hizo, porque dos jóvenes instrumentistas salieron a calmar la ansiedad del público.

La primera que se asomó a la escalinata del Colón fue Fernanda Ludueña. Se paró de espaldas al público, apoyó un pie en el escalón más alto y comenzó a ejecutar "La cumparsita". Con unos pocos acordes se ganó el aplauso de los oyentes. Un poco después se sumó Fátima Peluffo. Las dos, con unas pocas interpretaciones, conquistaron a esa gente que, unos minutos antes, se quejaba por no poder entrar a escuchar unos tangos.

La idea original del proyecto, con Segismundo Holzman a la cabeza del Ateneo Porteño del Tango, y el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad, era homenajear al "bandoneón mayor de Buenos Aires" con el encuentro de 90 fueyes para la foto, y así recordar los años de su nacimiento, pero nadie quería quedar afuera y llegaron a ser nada menos que 104 los músicos reunidos. Entre los asistentes hubo muchos notables: Rodolfo Mederos, Leopoldo Federico, Emilio Balcarce, Ernesto Baffa, Néstor Marconi, Raúl Garello, por mencionar sólo a un puñados de ellos.

Después llegó la hora de los bares. La Biela, Los 36 Billares, Cafiolo, Lalo, Teatro Variedades, Richmond y el café La Paz fueron algunos de los escenarios donde un grupo de bandoneones intervino, cuando caía la tarde, para sorpresa de algunos parroquianos (otros, mejor informados, aguardaban con su café o su ginebra), que pudieron clausurar un lunes diferente.

A las 18 en punto, en Los 36 Billares, los bandoneonistas Norberto Vogel, Rubén Slonisky, Santiago Polimeni y Luciano Jungnman le dieron forma musical a este primer día de homenajes a Troilo, con algunos de sus clásicos. "Sur", "Romance de barrio", "Che, bandoneón", "Pa´ que bailen los muchachos" y "La trampera" desfilaron por los fueyes en un encuentro "a la parrilla".

Lo mismo sucedía en otros reductos de la ciudad para iniciar esta celebración particular de uno de los mayores personajes de Buenos Aires. Por eso, queda la sensación de que los versos que escribió el "Gordo" Pichuco nunca fueron tan reales: "Alguien dijo una vez que me fui de mi barrio. ¡Cuándo! Pero cuándo, si siempre estoy llegando".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?