Flora Manteola y sus apuntes para un debate

La integrante de un estudio consagrado por obras e ideas se refiere a temas de la profesión y la enseñanza universitaria
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7 de julio de 2004  

El acreditado despacho que integra la arquitecta Flora Manteola desde hace casi cuatro décadas no sólo prosigue su acción en el mismo piso de Florida y Paraguay, sino que continúa con la generación de importantes proyectos que son, a la vez, originales y eficientes. Para alimentar esa fertilidad creativa, los socios practican con devoción la labor académica, y dentro de esa línea, nuestra entrevistada es profesora titular de Proyectual 1 y 2 en el Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires.

-Ustedes siempre estuvieron muy al día en tendencias internacionales, ¿cuál es tu impresión acerca del panorama actual?

-Me parece algo esquemático o inabarcable establecer alguna evaluación actual de la arquitectura internacional. Existen, afortunadamente, múltiples vertientes coetáneas, reconocibles o inesperadas; de alta tecnología o de resolución constructiva tradicional; locales o con un lenguaje pretendidamente universal. Pero, como siempre, buenas o malas dentro de un amplísimo vocabulario. Salvo que consideremos sólo las que se publican y pertenecen a un contado número de arquitectos. Algo así como el star team de la profesión. Los que hacen arquitectura de autor. Muchas de esas obras se apoyan en planteos técnicos de altísima complejidad y que no siempre conllevan el logro de una buena arquitectura. Pero que coexistan Alvaro Siza y David Chipperfield, los dos creando buena arquitectura, es un ejemplo de los muchos enfoques de hoy.

-¿Y cuál es tu impresión a la vista del escenario nacional?

-Es limitada por la falta de oportunidades del mercado actual. Se trabaja en la medida de lo posible y raramente de lo deseable. Esa reducción de encargos conduce, lamentablemente, a una autolimitación que nos imponemos y que va socavando las bases del pensamiento genuino. Cada paso se hace con temor, midiendo las posibles consecuencias. En un momento, los concursos abiertos de anteproyectos permitieron y alentaron esa suerte de investigación constante que alimenta la producción. En el sistema actual de llamados, los concursos ya no crean ese espacio de riesgo arquitectónico. Los mandatos del mercado han invadido también esta área, cuando ella existe. Los arquitectos argentinos somos algo constructores, apoyados en el lenguaje de la materialidad, y solemos elaborar un pensamiento abstracto que sustenta las decisiones arquitectónicas. Sin embargo, parecemos aburridos con una reiteración de variaciones débiles de los mismos temas, que ya tienen 30 años. Reconozco que mi óptica, o mi receptividad, ha cambiado. Ojalá que sólo sea una visión personal. Es preciso sortear obstáculos y encontrar la hendija de las posibilidades. Porque es fundamental preservar ese plus que hace que la arquitectura exista. Suelo decir a mis alumnos que, cuando Miguel Angel diseñó la entrada a la Biblioteca Laurenciana, respondió al encargo de un simple hall de entrada. Y el plus que aportó signó la historia de la arquitectura.

-Zaha Hadid ganó el premio Pritzker 2004, ¿qué te sugiere desde la óptica de una arquitecta?

-Señala, antes que nada, una interesante y diferente formulación arquitectónica, en su idea de campos de flujos y de fuerzas, y el repertorio formal que esa idea conlleva. Es un aporte genuino en el pensamiento espacial. Sólo después importa su condición de mujer. No antes. Reiteradamente me negué a hablar de "la mujer" en su papel profesional. Entrar en este tema me parece una forma de autodiscriminación. Que haya un día de la mujer es, a mi juicio, ofensivo mientras no haya un día del hombre. Siendo más de la mitad de la población mundial, seguir siendo tratadas como una rareza y aceptarlo indica un error en el que no creo pertinente ingresar. Y es un pensamiento ambivalente, porque existir, existe... la discriminación. Pero creo que depende sobre todo de las mujeres poder salvar esta brecha.

Opiniones acerca de la Facultad

-Frente a las críticas acerca del nivel del alumnado, ¿cuál es el panorama en la FADU?

-En los últimos años, los jóvenes fueron estigmatizados dentro de un rango de lo problemático. Por su mala formación o por su conducta en la sociedad. Siempre parece haber un halo de sospecha cuando hay cinco jóvenes reunidos. Sin embargo, en todos estos años de Ciclo Básico Común hemos valorado las capacidades que tienen estos jóvenes, a veces tras una apariencia dura o difícil de penetrar. Un pedagogo amigo dice que "la educación tiene que poder sacar, no meter". Y es interesante ver cómo algunos docentes apuestan a extraer lo positivo de los alumnos y logran resultados mejores que los que se manejan a partir de preconceptos. Me parece que el ataque constante de la prensa aspira a la aplicación de pautas académicas del siglo pasado. Se oyen muy a menudo quejas por la falta de lectura y formación. O comentarios de colegas que dicen en mi época... en mi época. Creo que en mi época, si aludimos a los años 60, no teníamos el nivel de opinión (a veces no claramente fundamentada) como lo tienen hoy. Nuestra formación era encapsulada, procesada dentro de parámetros consagrados.

Deberíamos ser menos compasivos con la memoria o revisar nuestros viejos trabajos a la luz de nuestras actuales demandas. No es vital saber si Hussein se escribe con una o dos eses. Acaso el exceso de información e imaginería opere en contra de las búsquedas personales

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