Nuevos pinceles para el paisaje argentino

El sentimiento de la naturaleza constituye, a partir de Eduardo Sívori, una constante de la plástica nacional
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10 de julio de 2004  

Dada su singularidad, era imposible que el paisaje de nuestro campo resultara indiferente a los ojos de cualquier temperamento sensible. Por ello, nuestras llanuras, ríos y montañas despertaron enseguida la atención de artistas provenientes de distintas partes del mundo, como sucedió -en el siglo XIX- con el alemán Johann Rugendas o el francés Jean León Palliére.

Estos pioneros europeos abrieron la brecha para que, luego, el talento de los numerosos pintores nativos fuera cimentando una valiosa y siempre vigente tradición paisajística.

La quietud de la pampa, el humo de los fogones, los chuzos de un pajonal o la luminosidad de una mañana serrana adquirieron nueva significación y relieve cuando artistas como Eduardo Sívori, Fernando Fader, Martín Malharro, Atilio Malinverno y muchos otros empezaron a desentrañar su misterio de formas, emoción y colores.

La vocación paisajística no ha sido abandonada por las generaciones más jóvenes de artistas, como ocurre con la diferente visión del campo entrerriano por parte de Guillermo Bekes y María Inés López o la detallada técnica del bonaerense Carlos Montefusco, continuador de la línea de Florencio Molina Campos, por mencionar sólo a algunos de los que han realizado exposiciones recientes. No faltan, hoy día, en nuestro país, detractores de esta modalidad pictórica exaltada por los pintores románticos y llevada luego a la cúspide por los impresionistas.

Sin embargo, entre los defensores de su valor permanente se encuentran algunos de los más prestigiosos críticos de arte de la Argentina, entre ellos Rafael Squirru y Raúl Vera Ocampo. Este último -agudo ensayista y ex director del Museo Municipal de Artes Plásticas Eduardo Sívori- destacó, en diálogo con LA NACION, la importancia del paisaje como esencia fundamental en la valoración del arte, sobre todo de estos dos últimos siglos.

Tradición y renovación

"En este género, espejo reflexivo de muchos grandes pintores se da quizá la constante mayor de todos aquellos valores plásticos que actualmente muchos queremos reivindicar ante la improvisación y el desconcierto que nos rodean", comentó Vera Ocampo, autor que se ha desempeñado como jurado en los principales premios de literatura y arte de nuestro país.

Sostuvo que en el paisaje denominado realista o figurativo, entran componentes subjetivos de hondura interpretativa y de ricas connotaciones psicologistas y anímicas. "Lo local, lo autóctono -expresó- siempre está alimentado del entorno en que es creado" y agregó que así como Van Gogh pudo plasmar con caracteres propios plenos los paisajes de la Provenza o Gauguin las telas de Tahití, "los pintores que se plantan ante la pampa o los valles de nuestro terruño, compondrán una paisajística que atesora sus propias imágenes inconfundibles".

Vera Ocampo no dejó de denunciar lo que considera una "proliferación de modas pseudoartísticas, armadas en función de lo que se vende y el mero exitismo".

"Tenemos -insistió- un público y un mercado muy snob que, regido indiscriminadamente por las novedades de afuera, mantiene un desdén incansable por todo lo que apunte a mirar para adentro.

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