La gaviota, principal enemiga de la ballena

El 70% de los cetáceos de la zona pasa seis horas cada día escapando de los ataques de las aves que picotean sus lomos
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18 de julio de 2004  

A los picotazos. Así reciben las gaviotas cocineras a sus temporarias vecinas, las ballenas francas, que todos los años, entre mayo y diciembre, visitan Península Valdés para procrear. Y no es que las gaviotas no estén a gusto con los monumentales cetáceos que acaparan la atención de los turistas. Muy por el contrario: se han acostumbrado a abrir con sus picos los lomos de las ballenas para alimentarse de su piel y de su grasa.

"Más del 70% de las ballenas francas de Península Valdés son atacadas por las gaviotas cocineras, lo que está alterando el comportamiento de los cetáceos: hemos determinado que pasan el 25% de su jornada escapando de esos ataques", comentó a LA NACION Diego Taboada, presidente del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), organización no gubernamental dedicada a la protección de esos mamíferos.

Pero lo que más preocupa de esos ataques a los conservacionistas es que afectan en mayor medida a las ballenas con crías, señaló Taboada. "Las ballenas se sumerjan rápidamente para escapar del acoso, lo que incrementa en gran medida su gasto energético. Así, en vez de estar descansando y amamantando a sus ballenatos, pasan buen parte del día escapando de las gaviotas a velocidades que no son comunes en ellas."

Durante su estancia en Valdés -ahí radica el problema- las ballenas no se alimentan, sino que viven a expensas de la grasa que han podido acumular dentro de sus cuerpos. "Toda esa energía que gastan en escapar de las gaviotas es energía que no están dirigiendo a la producción de leche para sus crías, lo que puede traducirse -aunque todavía no le hemos comprobado- en una mayor mortandad de ballenatos", agregó Taboada.

Días atrás, el ICB, junto con la Fundación Patagonia Natural y la Fundación Ecocentro, organizó una reunión en Puerto Madryn, para la que se convocó a representantes del gobierno nacional, provincial y municipal, y en la que se elaboró un plan de acción destinado de reducir el acoso del que son víctimas las ballenas. El encuentro fue avalado por la administración del Area Natural Protegida Península Valdés.

El plan de acción propone optimizar el manejo de los residuos pesqueros y urbanos de la zona, a fin de reducir el acceso de alimento a las gaviotas. Así, proponen los conservacionistas, se podrá poner un freno al crecimiento desmedido de la población de aves que amenaza a sus vecinas, las ballenas.

Mala convivencia

Las desavenencias entre ballenas francas y gaviotas cocineras parecen ser el resultado del crecimiento desmedido que ha experimentado la población de aves de Península Valdés, como resultado de la gran oferta de alimento que genera la industria pesquera local y el deficiente manejo de los residuos urbanos de la zona.

"Los basurales urbanos y descartes pesqueros ofrecen recursos que son en general relativamente predecibles y abundantes, y se ha argumentado que varias especies de gaviotas han incrementado sus poblaciones debido a esas fuentes de alimento -explicó Taboada-. Estos favorecerían el éxito reproductivo de las gaviotas y la supervivencia durante el invierno".

Así es como la comunidad de cocineras crece un 15% cada año, mientras que las de ballenas aumenta un 6,8 por ciento. Se estima que en Península Valdés viven 30.000 gaviotas y poco más de 3700 ballenas.

Por eso, señaló Taboada, " la primera medida del plan de acción que hemos propuesto consiste en optimizar el manejo de los residuos urbanos y pesqueros que constituyen una fuente extra de alimento para las gaviotas: tratarlos, pero principalmente no dejarlo expuestos ni media hora al alcance de las gaviotas".

Probablemente, al reducirse la disponibilidad de alimento, las gaviotas intensifiquen sus ataques contra las ballenas, reconoció el conservacionista. Pero a mediano plazo la medida permitirá controlar el crecimiento de la población de aves.

Durante el reciente encuentro, concluyó Taboada, "la implementación inmediata del plan de acción fue consensuada por los participantes. Seguramente jugará un rol clave para el futuro de las ballenas de la región".

Reunión cumbre en Italia

Mañana, en Sorrento, Italia, comienza la 56a. reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional, organismo responsable de establecer límites a la captura de cetáceos y de determinar cuáles son las áreas protegidas donde no se permite esa actividad.

De esa reunión participarán una delegación argentina, integrada por los comisionados Eduardo Iglesias y Raúl Comelli, el naturalista Miguel Angel Iñíguez y la bióloga Marta Hevia, de la Fundación Cethus.

Allí, la delegación argentina, que se ha manifestado históricamente en contra de la caza indiscriminada de ballenas, reforzará la petición de establecer una reserva natural para cetáceos en el Atlántico sur, llamada Santuario del Atlántico Sur.

Durante el encuentro, la Fundación Cethus presentará tres estudios científicos sobre la fauna local de cetáceos, más precisamente sobre las toninas overas y el delfín franciscano, junto con una guía mundial de investigaciones en la actividad de avistajes de cetáceos.

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