Martín O´Connor, heredero de la escena

Pablo Gorlero
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26 de julio de 2004  

A los 10 años, Martín tenía un papá famoso al que le ayudaba a repasar la letra haciéndole de partenaire. Su papá Horacio era uno de los "malos" más odiados de la televisión a raíz de su participación en la novela "Malevo". Disfrutaba del placer de componer distintos roles casi con naturalidad. Es que llevaba la sangre de la actuación en las venas. Su mamá, Alicia Montalbán, había sido una de las "damitas jóvenes" más exitosas del radioteatro; su abuelo Lalo Hartich, era un famoso actor de carácter del cine, el teatro y la televisión; en tanto su abuela, Elsa O´Connor, fue una de las figuras más relevantes del teatro nacional durante tres décadas.

Como es lógico, Martín O´Connor siguió la tradición familiar y hoy es uno de los actores más frecuentes, sólidos y elogiados de la comedia musical vernácula. Actualmente es el reemplazo de los papeles masculinos principales de "Aplausos". La epidemia de gripe lo ha hecho trabajar bastante y todos los domingos está sobre el escenario de El Nacional cubriendo el papel protagónico masculino de Miguel Habud, que debe hacerse cargo de la conducción de su programa en Canal 7. La labor del reemplazante, generalmente, no está valorada en la Argentina, pero es un puesto clave en cualquier obra de teatro, sobre todo en los musicales. Martín O´Connor ya puede considerarse un experto en ese puesto. Aquella multiplicidad de roles que debía interpretar frente a su papá era premonitoria. Su primer musical fue "Drácula", de Pepe Cibrián Campoy y Angel Mahler, donde quedó elegido como reemplazo de los dos papeles protagónicos. Al quedar fuera del proyecto el cantante que hacía de Drácula, las fichas se movieron y él quedó como Jonathan. Pero en "La bella y la bestia" tuvo que aprenderse nada menos que cuatro de los principales papeles: Lumière, Din-Don, Monsieur d´Arque y Maurice.

"Cuando fue la presentación de prensa de la obra, yo estaba en un rincón. Estaba bajoneado porque ya tenía un peldaño ganado y me molestaba que nadie me tomara en cuenta. El director Keith Baten se dio cuenta y se me acercó: «Yo te voy a decir algo: no sé cómo es aquí, en la Argentina, pero en los Estados Unidos vos serías el actor más feliz del mundo ocupando el lugar que tenés en esta obra. Allí es muy valorado el artista que puede desempeñar distintos roles y, a veces, los reemplazantes ganan más que los protagonistas. En este caso, sos el único en el mundo que hace el reemplazo de cuatro personajes. Date cuenta de cuánto te valoro». Cambió mi visión. Era verdad, en una semana tuve que hacer tres personajes distintos y algunos tenían diálogos en común. Te tenés que mirar la ropa para saber quién sos", recuerda Martín.

También fue reemplazo de Valentín, uno de los protagónicos de "El beso de la mujer araña". "Recuerdo que ese día, habían llegado 20 mujeres tucumanas sólo para ver a Juan Darthés, a quien yo tenía que cubrir. Cuando anunciaron el cambio, antes de comenzar la función, se escuchó un griterío y un chiflido. Miguel Habud me dijo: «No te preocupes que después todo se revierte». Salió una función maravillosa y, a la salida, tuve que firmar 70 autógrafos. Y estaban todas las fanáticas de Juan esperándome. Lo mismo me pasó hace poco con unas fans de Miguel (Habud). Me esperaron y me felicitaron", cuenta.

Familia de artistas

Pero O´Connor no sólo interpretó reemplazos, sino que además de la mencionada "Drácula", tuvo destacados personajes en "Cats", "El beso de la mujer araña", "Grease", "Lo que me costó el amor de Laura" y "Frankenstein". Debutó a los 6 años en el sainete "Aquel viejo Madrid", junto a su padre, su abuelo y Pablo Palitos, entre otros. A los 10 años, tuvo dos papeles con letra en "Fray Mocho del 900", en el teatro Caminito, y posteriormente hizo papeles menores en TV y cine. "Pero en mi adolescencia me agarró la rebeldía de no querer ser como papá. Jugaba al básquet y al fútbol y llegué a trabajar muchos años como técnico de las inferiores de básquet. Fue hasta que mi mamá me convenció de ir a las pruebas de «Drácula». Tuve la suerte de recomenzar mi carrera con uno de los hitos del teatro argentino", recuerda.

Dice que tiene las inflexiones de la voz y algunos gestos de su padre y la pasión de su abuela. No la conoció en vida: Elsa O´Connor falleció en 1947 y él nació en 1966. "Es una maravilla que pueda escuchar su voz y verla a través del cine. Era una enferma del teatro y eso le costó la vida. Su personaje tenía que desmayarse en un altillo y, para hacerlo mejor, ella propuso desplomarse y rodar por la escalera. Lo hizo muchas veces y se golpeó bastante. Hasta que un día, en Montevideo, su cabeza dio contra un escalón y nadie pudo hacerla reaccionar. La velaron dos días en la capital uruguaya y dos días en Buenos Aires. Según me contaron, los cuatro funerales más impresionantes habían sido los de Perón, Evita, Gardel y, después, el de mi abuela. La gente tiraba flores de los balcones ante el cortejo", explica. Su papá Horacio falleció hace siete años, cuando nacía su primera y única hija. Aunque su padre, como músico, sólo era autodidacto, descubrió hace poco de dónde heredó su afición por el canto y el piano. El bisabuelo de Elsa O´Connor era un barítono sevillano, mientras que su tatarabuelo era un bajo portugués. "Faltaba una cuerda, y es la mía. Me considero un actor cantante, aunque también vivo de la música, de mis shows y de mi disco", se ufana. Hoy, su hija, de 7 años, ya se está entrenando en una escuela de comedia musical.

"Aunque estudié actuación y me sigo entrenando, siento que me sale naturalmente. Creo que la genética tiene que ver. Mi hermano heredó la otra veta artística de mi viejo: las habilidades con las manos, la pintura y la artesanía. Mi mejor escuela fue haberme formado acompañando a trabajar a mi viejo y viendo trabajar a monstruos como José Slavin, Rodolfo Bebán, Oscar Ferrigno o Alfredo Alcón. Y luego esa pasión se convierte en amor. No lo podés dejar", expresa este fervoroso actor que sueña con hacer alguna vez "El fantasma de la ópera" y "Jekyll y Hyde", y porta orgulloso aquel apellido irlandés que Blanca Podestá le sugirió a su abuela. Celestino no iba con su fuerte personalidad. O´Connor era perfecto.

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