Paradojas de la adolescencia

En un libro recientemente publicado por Eudeba, el autor revisa la multiplicidad de caminos que hoy se abren en el campo psicoanalítico. Aquí, él mismo destaca y comparte algunos párrafos centrados en la problemática adolescente
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8 de agosto de 2004  

Como todo lo viviente, el psicoanálisis viene experimentando entre nosotros (debe recordarse que Buenos Aires es la ciudad más avanzada en lo que se refiere a atención psicoanalítica y psicológica) una serie de importantes transformaciones. Sus motivos e imágenes más emblemáticos –el diván, los cincuenta minutos, la postura del analista hipersilencioso y un poco rígido– ya no lo representan cabalmente ni hacen justicia a la diversidad, audacia y originalidad de los modos actuales de práctica clínica psicoanalítica. Ni tampoco a la manera en que el psicoanalista se ha levantado de su sillón, salido de su consultorio típico, y encarado tareas de una gran responsabilidad: peritajes en problemáticas de derechos humanos, de violencia familiar, de abuso sexual, o "arremangarse" para coordinar –junto con las autoridades de una escuela y su gabinete psicopedagógico– políticas que ayuden a un niño o a un adolescente a salir de un atolladero que pone en riesgo o desaprovecha sus capacidades para el aprendizaje y –peor aún– malogra su placer en aprender, su curiosidad originaria, su deseo de saber.

En esta verdadera transformación del paradigma psicoanalítico tradicional –que propendía excesivamente al encierro del analista en un consultorio vuelto búnker–, el psicoanálisis de niños y de adolescentes lleva la delantera: trabajo con bebés y sus mamás, acompañamiento a los padres en sus dificultades de crianza, apuesta a la prevención mediante diagnósticos e intervenciones tempranas, diseño de módulos de tratamiento acotados, abordaje de las patologías más graves y de peor pronóstico, trabajo terapéutico con niños retrasados, rompiendo con el prejuicio de considerarlos inanalizables por razones de "cociente intelectual", integración de equipos terapéuticos donde se acaba con falsas opciones (o psicoterapia o medicación, por ejemplo, cuando ambos recursos deben articularse y potenciarse entre sí)... La lista no es fácil de cerrar.

El psicoanálisis de nuevo. Elementos para la deconstrucción del psicoanálisis tradicional (Eudeba) reúne y desarrolla estos ingredientes a lo largo de varios ejes clínicos, teóricos e históricos, en la medida siempre limitada de las propias posibilidades. En el libro confluyen una experiencia clínica de 35 años con un también extenso recorrido como docente, particularmente en la UBA. Extraigo más o menos al azar algunos párrafos del libro específicamente consagrados a las paradojas de la adolescencia (es decir, su movimiento entre actitudes contradictorias) y al difícil punto de cómo acompañarlos por parte de los padres. Todo un motivo de múltiples consultas y preocupaciones:

"Aquí empieza una larga serie de problemas y de desdichas muy complejos en relación a las funciones parentales (...), frente a lo cual se plantea la cuestión de cómo conducirse; y allí topamos con otra serie ahora de equívocos en cuanto a la colocación del adulto. Creo que es decisivo que los padres puedan acompañar al adolescente en sus caminos paradójicos. ¿Pero qué quiere decir acompañar? Esta dimensión del acompañamiento me parece decisiva, pero habría que especificar qué vamos a entender por ella. Creo que muchas impasses, como tantas en el orden educativo, tienen que ver con lo siguiente: todo lo que funcione bajo el signo de dar y recibir está condenado al fracaso, y debe deconstruirse el esquema mítico según el cual los padres, los grandes, deben dar al adolescente y éste debe a su turno recibir. Planteado así, ni siquiera la información circula y es susceptible de ser procesada. Todo se atasca inexplicablemente. Algo similar ocurre con otra consigna mediática ya estereotipada ..., aquella que manda «poner límites», el límite como algo que el grande debería ponerle (darle) al adolescente, lo cual lleva a un inevitable enfrentamiento o a un inevitable sometimiento...

"Es muy distinto si se pensara en algo construido entre..., que designa aquella dimensión de lo transicional, la zona de juego, algo que se produce no entre el que da y el que recibe. Lo armado entre dos o más, como la situación analítica. Ya sabemos desde Winnicott que es nefasto pensar que el analista debe darle interpretaciones al paciente. Eso es un ejercicio de adoctrinamiento, no un psicoanálisis. Acompañar al adolescente debería ser algo que sortee las trampas del dar-recibir en su complementariedad fálicamente centrada.

"Una de (tales paradojas) se encuentra en la actitud de buscar independencia respecto del orden de lo familiar, la actitud en que el adolescente parece empeñado en una búsqueda de independencia a cualquier precio que lo precipita rápidamente en una gran dependencia de lo no familiar, dependencia abiertamente conformista de su grupo o de algún amigo, al límite del sometimiento inclusive, dejándose expropiar en otros espacios todo lo que había ganado en el primero.

"Otra paradoja, muy agudizada en nuestro tiempo, deriva del notorio incremento en el promedio de la vida humana unido a cambios cualitativos que han hecho retroceder las fronteras de la vejez y han alterado las figuras mismas de las etapas avanzadas de nuestra existencia. La paradoja en cuestión se despliega en forma de una cierta ambivalencia. Por una parte, el adolescente reprocha lo viejo y lo caduco, sobre todo a los padres o a quienes para él representen lo familiar (los políticos, los profesores, etc.). Pero, al mismo tiempo, le resulta muy inquietante..., constatar que estos adultos de su familia no están ya nada dispuestos a tomar los hábitos de la vejez y a jubilarse de la sexualidad. Entonces, se le plantea un nuevo problema que no tenía un joven o una joven cuando su madre o su padre, llegados a los cuarenta años, estaban ya prontos a asumir las insignias y los significantes de la declinación.

"Una tercera puede causar el arruinamiento de la transgresión en la adolescencia. Suele llevar al sujeto a un callejón sin salida. La transgresión se vuelve pura costumbre. Pero, en la medida que así deviene, cae como transgresión, embota su filo. Los ejemplos abundan.

"Una cuarta se da en la relación del adolescente con todo lo que podríamos llamar campo de la ley o de la norma, donde hay una paradoja también de otro orden, en el sentido de que, para no sentirse excluido de ella, el adolescente debe ser convocado allí a recrearla en su singularidad y en un proceso colectivo, no sólo con sus pares, sino también con los miembros de las otras generaciones."

El autor es profesor titular de la cátedra de Clínica de Niños y Adolescentes y director del Programa Interdisciplinario de Posgrado en Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de la UBA

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