Gieco, un trovador que es memoria de su tiempo

Daniel Amiano
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24 de enero de 1997  

MAR DEL PLATA.- Hablar de él como de un músico popular, no alcanza. Tampoco se lo puede definir como un cronista de nuestro tiempo aunque ambas cosas son parte de su activa propuesta. León Gieco es, desde su música, un defensor de nuestra memoria colectiva. A través de sus letras uno encuentra el espejo que no oculta vivencias y realidades de las últimas dos décadas, como un juglar que no termina de acomodarse a los tiempos mediáticos.

León Gieco es un rockero y, como tal, le imprime a sus canciones todo eso que perdió este movimiento al incorporarse al mercado. Esto es: una forma de ver y leer el mundo que nunca es conformista.

Y este santafecino de Cañada Rosquín es así arriba y abajo del escenario. No en vano siempre explica que "no es mi culpa que el escenario esté más alto que la gente".

El Auditorium de Mar del Plata está lleno. Es más; hay mucha gente que, sin ubicación, ve el show de pie, apoyados en una pared. Familias enteras, parejas de jubilados y rockeros perdidos en el tiempo se unen en una fiesta popular como pocas.

Y esta vez es diferente, porque León no tuvo mejor idea que subir al escenario con una pila de papeles entre las manos. Son las letras de las canciones que prepara para su próximo álbum, y dedica media hora para presentarlas advirtiendo, cada tanto, "no se olviden que yo estoy acá para entretenerlos".

Se le ocurrió justo aquí, a pocos metros de la arena, mientras a algunas cuadras se elige a la Reina Nacional del Mar. Mientras los fuegos artificiales encienden el cielo, Gieco habla del amor, de la libertad, de la justicia o de experiencias personales.

Son diez temas: "Donde caen los sueños", "Puño loco" (dedicada a Carlos Monzón), "Alas de tango", "El arrepentido" (un extenso tema del cual se reproduce en un recuadro en la página 3 la letra de la primera parte, recitada), "Amor y soledad", "Rey mago de las nubes", "El imbécil", "El señor Durito y yo" (que apareció en el álbum "Chiapas"), "El embudo" y "Ojo con los Oroscos".

Y después de este último relato, que divierte a todos, León, con guitarra y armónica, renueva la vida de "Cuando me muera", "Hombres de hierro", "Todos los caballos blancos", "El fantasma de Canterville" y "La rata Lali", temas tan vigentes como en los setenta. Con otras circunstancias de actualidad, es cierto, pero con esos colores que no pierden fuerza.

Algunos se adueñan de los pasillos para mover el cuerpo al ritmo de "Cachito campeón de Corrientes" o "Kilómetro 11". Todos cantan y bailan. Esto es Gieco. La gente, forma parte del espectáculo.

Las nuevas canciones de León

León está en Mar del Plata haciendo lo que sabe: música. Una vez terminado el recital en el Auditorium de la ciudad no se va rápido. No escapa al alejado ghetto que algunos artistas se construyen.

Está allí y la gente se le acerca, no como a una figura difícil e inaccesible, sino como a alguien igual que dice las cosas por ellos. Así, una vez en el hotel, se lo encuentra en el café conversando con una integrante de Madres de Plaza de Mayo, que le cuenta de sus últimas actividades.

Después, cerca de las tres de la mañana, León se sienta a hablar con este cronista de lo suyo, que no solamente incluye a la música, y da detalles sobre algunas de sus nuevas canciones, como "El imbécil": "Habla del nuevo rico menemista, ése que en este gobierno hizo plata y se olvidó de lo que pasa a su alrededor".

Y sigue con sus proyectos. Uno de ellos, empezar a grabar su próximo álbum en marzo, aunque durante ese mes tiene que presentarse en España y Francia: "Tengo muchos compromisos, pero quiero empezar grabarlo e invitar a otros músicos. También tengo ganas de producirlo. Es más trabajo, pero quisiera darme el gusto de volver a decidir sobre lo que grabo, aunque tener un productor hace todo más liviano".

Los proyectos

Y, más allá de su sorpresa, disfruta el reconocimiento de quienes vienen detrás de él en el rock: "Ahora grabé con Los Visitantes y Ricardo Iorio me llamó para que participe en el disco que está grabando junto con Flavio Cianciarullo (de Los Fabulosos Cadillacs). Los acompañe en un tema. Vino con mucho respeto y me dijo «sería un orgullo que usted grabara con nosotros»".

Y también escuchó algo así de los Fun People y de 2 Minutos, y ya tocó y grabó con Los Caballeros de la Quema y confiesa ser admirador de A.N.I.M.A.L.

"Para grabar «El embudo» quiero llamar a Divididos, una de las mejores bandas que hay acá. Es un blues con cajas y cultrunes, en el que le puse música a ocho décimas de Marcelo Berbel, un poeta de Neuquén."

Pero León espera más: "También quiero que estén Illya Kuryaki y Alfredo Casero en el rap «Ojo con los oroscos». Creo que son los mejores para hacer ese tema".

Pero como si la actividad musical no le bastara, León tiene un proyecto a largo plazo en el que quiere comenzar a trabajar el mes próximo.

Se trata de un libro testimonial sobre Hijos de desaparecidos cuya intención, como la del "Nunca más", es la de dar la visión de los hechos a través de las experiencias de quienes durante la última dictadura militar eran niños.

León es así. Desde el oficio de músico se pone a sembrar otras semillas. Esas semillas del corazón que no cualquiera se atreve a sembrar.

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