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"Tan modositas", una atractiva propuesta

Pablo Gorlero
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9 de agosto de 2004  

"Tan modositas." Creación, dirección y actuación: Virginia Kaufmann y Griselda Siciliani. Escenografía: Solange Krasinsky. Vestuario: Marilina. Multimedia y fotos: Carmen Almarza Salas. Luces y arreglos vocales: Mariano Moruja. Asistente de dirección: Pablo Arias García. En el Teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062. Los jueves, a las 22. Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: bueno

La cartelera porteña da sorpresas, como la de toparse con dos intérpretes de esos que uno dice que "en la Argentina no hay". Además de guapas, las ideólogas, autoras, directoras e intérpretes de "Tan modositas" son dos excelentes actrices, cantantes y bailarinas. Impecables en cada labor, en cada matiz y cada personaje que encaran. Sus nombres son Virginia Kaufmann y Griselda Siciliani (anotar, para no olvidarlos). Ambas manejan una coordinación elogiable, a la vez que se muestran dúctiles para cualquier tipo de coreografía, ritmo o nota musical. Es decir: estas modositas valen oro.

Pero, precisamente, por momentos, ese talento desnivela el valor total del espectáculo: son mucho mejores que la obra. La estructura de "Tan modositas" está armada por sketches humorísticos, monólogos, canciones escenificadas y coreografías, con el apoyo multimediático de la proyección de diapositivas ilustrativas. Bien.

El espectáculo se apoya en el absurdo y tiene un hálito kitsch almodovariano con mucho referente de una estética gay: pelucas, brillo, hipérboles, mímica y mucha caricatura. Las escenas muestran a mujeres con diferentes conflictos: internos, con otras mujeres, con los hombres... Y confrontan su aspecto "modosito" con los más viles, que las vuelven a su lado salvaje y venal. El resultado es, en general, bueno. Pero tiene unos pocos altibajos.

El espectáculo empieza a todo music hall, con baile, canto y mucho humor. Los primeros cuadros: "Lo dudo", "Novicia", "Sexy" y "Ding-dong" son impecables. Pero luego, el espectáculo cae en cierta chatura y el propósito inicial se pierde, aunque se recupera en los cuatro últimos cuadros.

Las chicas modifican las letras de canciones ya conocidas, con arreglos musicales propios (muy buenos) y algún tema propio. En "Novicia", utilizan una de las canciones de "La novicia rebelde" para ilustrar la forma en que una mujer quiere castigar a su marido infiel; en "Sexy", una femme fatale despliega frases típicas de diva pretendida en una revista, entre foto y foto (excelente), luego de entonar a un ritmo de blues un conocido jingle comercial de los años 80, mientras que en "Zarpada en próceres", ambas entonan una cumbia villera vestidas de damas antiguas del siglo XIX, lo que constituye el cierre perfecto del show. Kaufmann y Siciliani son dos chicas de los 80. Se nota. Hay mucha memorabilia y humor retro que hace descostillar, con preponderancia, a los que hoy se despiden de los veintipico o abrazan los treinta y pico. El sketch "Siamesas" es un homenaje a los que crecieron con un bagaje cultural provisto de doblajes neutros.

Timón propio

Se intuye que el espectáculo podría ser redondo con una estructura dramática más sólida y una dirección más precisa. Según se consigna en el programa de mano, Kaufmann y Siciliani se hicieron cargo también de estos roles y se vislumbra alguna pérdida del timón en contadas oportunidades.

De todas formas, tal como fue consignado en los primeros párrafos, vale para no perderse este show divertido con mucho derroche de talento.

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