Ambiciosa misión en la Antártida

Un equipo de cuatro científicos extraerá testigos de hielo para estudiar el metano, gas de invernadero
Gabriel Sued
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10 de agosto de 2004  

BASE MARAMBIO, Antártida.- En un lugar donde recorrer unos pocos metros a la intemperie puede convertirse en una tarea repleta de obstáculos y donde los planes varían de un momento a otro de acuerdo con la dirección del viento, una expedición científica es una aventura de alto riesgo.

Sin embargo, cinco expedicionarios argentinos de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) partieron desde esta base, anteayer, en una misión que durante los próximos cincuenta días recorrerá 2000 kilómetros sobre el hielo. Dormirán en un refugio y en carpas, y soportarán temperaturas de hasta 30 grados bajo cero y vientos de más de 100 kilómetros por hora.

La expedición constituye un intento de investigar el proceso de calentamiento global, que en este lugar de la Tierra se expresó de manera brutal durante el último siglo y que se aceleró en los últimos nueve años: en 1995 colapsó la barrera de hielo Larsen A, de 1600 kilómetros cuadrados, al este sudoeste de esta base. Siete años más tarde se desintegró Larsen B, con una superficie de 3235 kilómetros cuadrados, dieciséis veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires y doce veces y media el glaciar Perito Moreno. Esos bloques de hielo, de unos 30 metros de altura sobre el nivel del mar y de 300 metros de espesor, habían sido utilizados históricamente por el hombre para desplazarse por esta región del continente. Por estos días, también corre peligro Larsen C, la última barrera de hielo que tiene la costa oriental de la península antártica.

El principal objetivo de la misión -organizada por la DNA y por el Instituto Antártico Argentino (IAA), ambos bajo la órbita de la Cancillería- es alertar sobre las consecuencias de los escapes naturales del metano como gas de efecto invernadero. Para esto, los científicos tomarán 900 muestras de mar congelado, que perforarán con un taladro especial que les permite obtener testigos de hasta siete metros de profundidad.

Aunque se estima que en regiones polares está contenido en forma de metano el 50 por ciento del carbono existente en el mundo, sólo investigaciones de los Estados Unidos en Alaska profundizaron sobre el tema, por lo que, se esperanzaban los expedicionarios, los resultados de la travesía podrían tener repercusión mundial.

Componente del gas que emanan los seres humanos y otros mamíferos, y producto de la fermentación de desechos vegetales, el metano es considerado diez veces más perjudicial para el efecto invernadero que el dióxido de carbono. "Algunos grandes cambios climáticos pudieron haber sido producto de liberaciones en masa de metano", precisó a LA NACION el geólogo Rodolfo del Valle, jefe de la expedición.

Travesía por los hielos

La primera estación de la travesía es Base Esperanza, a 120 kilómetros de aquí. Los científicos llegaron allí ayer, a bordo de un avión Twin Otter, especialmente equipado con esquíes para descender sobre el glaciar cercano a la base. Luego de aprovisionarse de víveres y combustible, los expedicionarios continuarán, en motos de nieve y trineos, rumbo al campamento central de la expedición, el Refugio Independencia, a pocos kilómetros de la Base Esperanza.

"Nunca pierdo el miedo, pero sé que me acompaña un equipo espectacular. Esta es la misión más importante de mi vida y tengo que responderle a mi país", dijo Del Valle.

"Es una tarea complicada porque, además de la parte científica, nos tenemos que preocupar por sobrevivir. Hace mucho frío, pero el verdadero enemigo es el viento", expresó Daniel Pedreira, encargado de la logística de la operación. Jorge Lusky y Mario Memolli tienen a su cargo los sistemas de navegación, y Diego Gómez Izquierdo, la informática.

Los tres días que los integrantes de la travesía permanecieron en esta base -donde este año hibernan 28 efectivos de la Fuerza Aérea- les confirmaron que la misión no será sencilla. La partida, prevista originalmente para el miércoles pasado, se retrasó hasta anteayer porque expertos que venían desde Río Gallegos para efectuar una última revisión del Twin Otter debieron abortar el aterrizaje por los vientos de hasta 90 kilómetros por hora.

Ese día, la Base Marambio se cubrió de una ventisca de nieve. Durante la puesta del sol costaba ver los imponentes y chatos témpanos que flotan a pocos metros de la costa. Sus aguas congeladas mantienen la forma del oleaje, como si el momento de la solidificación las hubiese tomado por sorpresa.

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